Tutankamón pierde glamour

Estándar

Ignacio Orovio, en La Vanguardia:

Tan cojo que caminaba con bastones, enfermo de malaria e hijo de la relación entre su padre y una hermana o una hija de este, es decir, de un incesto. Este fue, en cuatro rasgos, Tutankamón, según el informe elaborado por un equipo egipcio-italo-germano dado a conocer ayer en El Cairo en una multitudinaria -y caótica- rueda de prensa.

El diagnóstico, publicado ayer por el Journal of American Medical Association (JAMA), atribuye la muerte de Tut a una combinación de enfermedades. Además de una apabullante expectación mediática, el informe ha suscitado un vivísimo debate científico arqueológico. La revista Nature contraatacó ayer con un extenso artículo en su web en el que se ponía en duda que Tut pudiera morir por dichas causas.

Máscara de Tutankamon

El estudio desvela muchas características físicas y genealógicas del linaje del famoso faraón, fallecido a los 19 años en el año 1324 a. C. Quizás la realidad cotidiana del antiguo Egipto – al menos la de sus reyes-era esta y no la que nos ha legado un siglo y medio de descubrimientos fabulosos, representados en máscaras de oro, de facciones perfectas y proporciones de canon.

“Cuando vi los resultados finales, me dije: ‘Pobre tío, estaba muuuuy enfermo'”. Quien así habla es Carsten Pusch, paleogenetista del Instituto de Genética Humana de la Universidad de Tubingen (Alemania), responsable de obtener el ADN de la momia de Tutankamón y de otras quince, con el que se han perfilado cinco generaciones. “Siempre nos hemos preguntado – añade-cómo murió Tut. Ahora sabemos cómo vivió: ¡Un rey con bastones, a los 19 años!”. La muerte de Tut se ha atribuido al asesinato y a accidentes de caza o de guerra. Ahora, los restos de Plasmodium falciparum apuntan en otra dirección.

En los análisis a las 16 momias se han detectado además diez enfermedades, y todo parece indicar que la calidad de vida – la de Tut, seguro-“era bajísima”, apunta Pusch. “¡Y estos eran los reyes, que en teoría vivían mejor y eran más sanos que el pueblo!”. La vida del faraón, con una necrosis ósea vascular y graves daños en algunos metatarsos, “no debió ser muy agradable”, opina Pusch, al menos en sus últimos tiempos. “Lo más importante -añade- es que hemos cambiado la foto que teníamos de Tutankamón”.

Pusch cree que la presencia de 130 bastones y de numerosas sustancias curativas en su tumba no es casualidad ni superstición, sino que explican cómo vivía. Los faraones solían ser enterrados para su tránsito al más allá con todo aquello que necesitaban en este mundo.

Además de su fotografía, el informe -que desgranó el director del Consejo Superior de Antigüedades (CSA) de Egipto, Zahi Hawass- logra recomponer su árbol genealógico hasta sus bisabuelos, con identificaciones coincidentes en muchos casos con las que la arqueología siempre sostuvo. No hay grandísimas sorpresas, porque los emparejamientos entre familiares no eran raros en el antiguo Egipto; así, que la genética revele que Akenatón tuvo a Tutankamón procreando con su hermana o con su hija es una sorpresa relativa. Lo que es seguro, con los datos genéticos obtenidos, es que la madre de Tut pudo ser a su vez hija de Akenatón. Un experto en genética consultado por este diario y que exige el anonimato se extraña con ironía de los anuncios de Hawass sin referencias al ADN mitocondrial, que es más fácil de obtener y que podría aclarar esas dudas acerca de la identidad de la madre del faraón.

El informe no detalla quién fue su madre ni su esposa. Tanto Pusch como Zink creen que pueden ser tanto Kiya como Nefertiti, y su esposa fue posiblemente Ankesenatón, hija de Nefertiti. Posiblemente esta fue quien sufrió dos abortos. Los fetos le acompañan en la tumba; en unos seis meses habrá nuevas ramas en el árbol de Tut.

Hawass anunció durante la rueda de prensa que los análisis van a proseguir y que en ese tiempo habrá resultados.

Se sabe que la madre de Tut fue la momia KV35L (según la denominación de las tumbas) aunque esta no tiene nombre. Con Nefertiti hay un problema añadido: su nombre significa algo así como “la mujer bella que llega”, por lo que se ha especulado con que fuera una foránea. De ser así, sus datos genéticos estarían aislados. Para ser la madre de Tut, Nefertiti debería ser hermana o hija de Akenatón, y esta hipótesis nunca se ha formulado. Y por la cronología, es prácticamente imposible que fuera su hija. Preguntado sobre cuál de las dos tiene más números, Albert Zink, coinvestigador y director del Instituto de Momias y del Hombre de Hielo de Bolzano, se encogía ayer de hombros: “Dennos algo de tiempo y quizás lo averigüemos”.

Frank Rühli, del Instituto de Anatomía de la Universidad de Zurich y jefe del Swiss Mummy Project, opina -en palabras recogidas por Nature- que el artículo publicado en el JAMA “es importante porque trata de momias egipcias, pero los resultados eran predecibles”. Más controversia puede generar lo que en este sentido dice el propio Zink en tanto que es coautor del trabajo y que sostiene que “nunca podremos probar que murió de malaria”, pese a que en el estudio presentado ayer así se sostiene. Para Carles Lalueza-Fox, investigador del Institut de Biologia Evolutiva de la Universitat Pompeu Fabra, “este estudio demuestra la potencialidad de las técnicas genéticas en determinar relaciones de parentesco incluso en casos que podríamos denominar de genética forense histórica. Sin embargo, hay una cierta opacidad en la forma en que han trabajado los investigadores egipcios que hace que sea difícil decidir si esta será la última palabra sobre el lío familiar de la XVIII dinastía”.

Ahora, la pregunta es: con cientos de momias en Egipto, ¿hasta dónde se podrían reconstruir los árboles faraónicos? En conversación con este diario, Pusch sonríe y explica que esta tecnología es muy cara (Discovery Channel ha aportado cinco millones de dólares a cambio de un exclusivo documental, de cuatro horas, que se emite entre el sábado y el lunes) y que hace quince años no existía. En todo caso, el trabajo presentado ayer “sólo es una puerta que se ha abierto. Hemos definido un grupo familiar, pero cada individuo identificado puede propiciar muchísimo trabajo nuevo. Es el problema de abrir una puerta”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s