Between gods and animals: becoming human in the Gilgamesh epic

Tablet V of the Epic of Gilgamesh
Tablilla V de la Epopeya de Gilgamesh. Museo Sulaymaniyah, Irak. Foto: Osama Shukir Muhammed Amin / Wikimedia Commons

Por Sophus Helle
Publicado originalmente en Aeon bajo liciencia Creative Commons

The Epic of Gilgamesh is a Babylonian poem composed in ancient Iraq, millennia before Homer. It tells the story of Gilgamesh, king of the city of Uruk. To curb his restless and destructive energy, the gods create a friend for him, Enkidu, who grows up among the animals of the steppe. When Gilgamesh hears about this wild man, he orders that a woman named Shamhat be brought out to find him. Shamhat seduces Enkidu, and the two make love for six days and seven nights, transforming Enkidu from beast to man. His strength is diminished, but his intellect is expanded, and he becomes able to think and speak like a human being. Shamhat and Enkidu travel together to a camp of shepherds, where Enkidu learns the ways of humanity. Eventually, Enkidu goes to Uruk to confront Gilgamesh’s abuse of power, and the two heroes wrestle with one another, only to form a passionate friendship.

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Ilhan Berk, ‘Mar de Galilea’

Ilhan Berk
Ilhan Berk (Manisa, Turquía, 1918 – Bodrum, Turquía, 2008).

Soy una torre en Estambul. Prendí fuego a Estambul una mañana. Primero quemé la calle donde vivía ella. Aún se hallan entre mis recuerdos un niño, una mujer medio desnuda, un atardecer, aún se rezagan en mi memoria. Quemé los pájaros y los árboles. Sabemos que los pájaros y los árboles son incombustibles, ¿verdad? Pues los quemé. Vi su boca que no se podría cambiar por todo el oro del mundo. Su boca me recordaba sin cesar ríos, tiendas, soles, trenes, caminos, bazares. Sus brazos prendieron fuego a los ardientes ríos toda la noche, toda la noche como si no estuviéramos en el mundo.

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Abu Nuwas, ‘A mi qué me importan las espadas’

Aunque solo sea por un momento, un descanso de tanta tragedia, y un poquito de aire fresco por la ventana del hedonismo feroz del gran Abu Nuwas:

Abu Nuwas

Abu Nuwas (Ahvaz, actual Irán, 747 – Bagdad, actual Irak, 815), dibujado por Jalil Gibran en 1916 para la revista literaria ‘Al Funun’.

Hombres, ¡a mí qué me importan
las espadas o los combates!
Yo sólo sigo a una estrella:
la del placer y la música.
En mí no confiéis,
pues soy de aquellos que rehúyen
encontronazos y embates. Sigue leyendo

Nazik al Malaika, ‘Calendario’

Nazik al Malaika
Nazik al Malaika (Bagdad, 1922 – El Cairo, 2007)

Para nuestros pasos había un pasado; está muerto
desde hace cientos de años.
Los años han borrado su recuerdo
y lo han colocado entre los muertos.

Durante mucho tiempo hemos buscado
sus astros desaparecidos,
hemos recurrido al imposible
para devolverle la vida.

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Mahmud Darwix, más presente que ausente

La editorial Pre-Textos acaba de publicar en España la edición en castellano de En presencia de la ausencia, del gran poeta palestino Mahmud Darwix (1941-2008), con prólogo de Jorge Gimeno y traduccion y notas de la arabista Luz Gómez García.

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Nizar Qabbani, ‘En tus ojos, el mundo ajusta su hora’

Nizar Qabbani
Nizar Qabbani (Damasco, 1923 – Londres, 1998)

Antes de que fueras mi amada
había más calendarios para contar el tiempo:
los hindúes,
los chinos,
los persas
y los egipcios tenían sus calendarios.
Después de ser mi amada,
la gente comenzó a decir:
el año mil antes de sus ojos
y el siglo décimo después de sus ojos.

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Mahmud Darwish, ‘En presencia de la ausencia’

Mahmud Darwish
Mahmud Darwish (Al-Birwa, 1941 – Houston, 2008)

Las ciudades son un olor. Acre huele a yodo y especias. Haifa, a pino y sábanas arrugadas. Moscú, a vodka y hielo. El Cairo, a mango y jengibre. Beirut, a sol, mar, cigarrillos y limón. París, a pan recién hecho, queso y cosméticos. Damasco, a jazmín y frutos secos. Túnez, a nardos y sal. Rabat, a alheña, incienso y miel. Una ciudad sin olor no cuenta a la hora de los recuerdos. Los exilios comparten un olor, el de la nostalgia de lo que se fue… un olor que recuerda a otro. Un olor que corta la respiración, tan profundo que te lleva, como un mapa turístico muy gastado, al olor del lugar primero. El olor es un recuerdo y una puesta de sol. Aquí el atardecer es un reproche que la belleza le hace al forastero.

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