asentamientos

El presidente de EE UU, Donald Trump, y el primer ministro en funciones de Israel, Benjamin Netanyahu, tras presentar el plan de paz de EE UU para Israel y Palestina, en la Casa Blanca. Foto: The White House / Flickr

«Mi propuesta presenta una oportunidad con la que ganarían los dos lados, una solución realista de dos Estados que resuelve el riesgo que suponía para la seguridad de Israel un Estado palestino». Así desvelaba este martes Donald Trump en la Casa Blanca su «acuerdo del siglo» para Israel y Palestina, en una solemne ceremonia en la que el presidente estadounidense apareció acompañado del primer ministro israelí en funciones, Benjamin Netanyahu, y en la que, significativamente, no hubo representación palestina alguna, ni de ningún otro mandatario internacional.

El acuerdo fue rechazado de inmediato y con vehemencia por el presidente palestino, Mahmud Abás (lo calificó como «la bofetada del siglo»), y también por las distintas facciones palestinas, en una poco habitual muestra de unidad. En las calles de Gaza y Cisjordania el anuncio fue recibido con airadas protestas, mientras que Amnistía Internacional señalaba que se trata de «un manual para más sufrimiento y abusos».

Esperado desde hace más de dos años, el plan se ha dado finalmente a conocer en un momento políticamente crucial, tanto para Trump como para Netanyahu. El primero busca ponerle un broche histórico a su política internacional y, según muchos analistas, desviar también el foco del juicio político (impeachment) al que está siendo sometido en el Senado; el segundo, imputado por fraude, cohecho y abuso de confianza en tres casos de corrupción, y candidato asimismo en los comicios generales que celebrará Israel en marzo (los terceros en menos de un año), recibe un espaldarazo fundamental de su principal y más poderoso socio, y prácticamente carta blanca para consolidar promesas electorales que hasta ahora eran consideradas problemáticas, como la anexión de las colonias en los territorios ocupados.

¿Cuáles son los principales puntos del acuerdo?

En esencia, el plan de Trump mantiene la llamada solución de los dos Estados, reconociendo el derecho palestino a tener uno, pero anteponiendo en cualquier caso la seguridad de Israel y dando por muertas las demarcaciones que aún reconoce la ONU. Para ello contempla cambios fronterizos que permitirían a Israel anexionarse parte de Cisjordania. También amplía el territorio palestino, pero lo fragmenta más aún, dejando dentro los asentamientos israelíes. Además, en uno de sus aspectos más polémicos, apuntala Jerusalén como «capital indivisible» de Israel y, en principio, de un futuro Estado palestino que se antoja inviable.

¿Quién lo ha negociado y cómo?

Uno de los principales artífices del plan es Jared Kushner, yerno de Trump y asesor del presidente. Kushner elaboró la hoja de ruta junto con el embajador estadounidense en Israel, David Friedman, y el ahora exenviado de la Casa Blanca para Oriente Medio, Jason Greenblatt.

El equipo hizo un primer amago de presentar su acuerdo hace dos años, pero acabó aplazándolo una y otra vez, alegando que quería esperar a contar con un gobierno estable en Israel, y esperando conseguir asimismo más apoyos de los países árabes. Mientras, Trump seguía haciendo gestos políticos hacia Netanyahu, como el reconocimiento por parte de Washington de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán.

Los líderes palestinos se han negado a negociar en los términos previstos y, de hecho, no tienen contacto oficial con Washington desde que Trump reconoció a Jerusalén como capital de Israel en 2017.

¿En qué se diferencia de acuerdos anteriores?

El acuerdo presentado por Trump incluye nuevas propuestas referentes al trazado de fronteras entre Israel y los territorios ocupados, y concreta el estatus de Jerusalén, que en procesos de paz anteriores se había dejado siempre como uno de los puntos finales sobre los que llegar a un consenso, una vez que se hubiesen conseguido los demás objetivos.

Resucita además la solución de los dos Estados, que empezó a gestarse tras el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP en 1993, a través de los Acuerdos de Oslo de ese mismo año, pero que estaba enterrada en la práctica.

Trump argumentó este martes que su plan de paz es «diferente» al de sus predecesores porque contiene muchos más detalles «técnicos» de partida, con 80 páginas de propuestas. «Esta es la primera vez que Israel ha autorizado la publicación de un mapa conceptual que ilustra las concesiones territoriales que está dispuesto a hacer para conseguir la paz», subrayó.

Lo más novedoso, no obstante, quizá sea que, a diferencia de todos los demás acuerdos de paz negociados por Estados Unidos, la Casa Blanca no ha buscado esta vez la aprobación de Palestina antes de cerrar el plan, sino que le ha bastado la luz verde israelí.

¿Desde cuándo están estancadas las negociaciones?

El último plan de paz de Washington para la zona lo presentó Barack Obama en 2011, e incluía un Estado palestino basado en las fronteras previas a la Guerra de los Seis Días de 1967, «con intercambios de tierra acordados mutuamente», algo que Netanyahu rechazó.

Aunque hubo un intento, fallido, de retomar conversaciones directas entre palestinos e israelíes en 2010, la negociaciones están estancadas desde 2008, cuando Israel lanzó la operación Plomo Fundido en la franja de Gaza en respuesta al lanzamiento de cohetes por Hamás, una operación que dejó más de 1.400 palestinos muertos.

¿Cómo cambiarían las fronteras actuales con el plan de Trump, y cómo sería el Estado palestino?

La Casa Blanca señala que su plan «quiere lograr un reconocimiento mutuo del Estado de Israel como una nación-Estado para el pueblo judío y el futuro Estado de Palestina como el Estado-nación del pueblo palestino, con los mismos derechos civiles para todos los ciudadanos».

El mapa que marca muestra, no obstante, un Estado palestino hiperfragmentado a modo de archipiélago, con asentamientos israelíes en su interior, conectados con el Estado israelí a través de corredores que parten el territorio.

Asimismo, concede a Israel zonas al oeste del valle del río Jordán, situadas en Cisjordania, con lo que este área ocupada quedaría sin salida directa a Jordania, a la que estaría vinculada por dos carreteras que cruzarían territorio israelí. «El valle del Jordán, que es crítico para la seguridad nacional de Israel, estará bajo la soberanía de Israel», sentencia el texto. Se trata de una zona que constituye alrededor del 30% del territorio de Cisjordania, y su anexión es un reclamo histórico de la derecha israelí.

Cisjordania y Gaza estarían unidas a través de un túnel que las conectaría y que atravesaría Israel.

Según el plan, las nuevas fronteras garantizan una «expansión territorial» a los palestinos a través de territorios en el desierto del Negev, que supondrían un territorio «comparable en tamaño» al que controlaban antes de 1967.

Mapa del plan del gobierno estadounidense de Donald Trump para Israel y Palestina. Mapa: Presidencia de Estados Unidos

¿Qué pasaría con los asentamientos?

Los asentamientos israelíes existentes en Cisjordania (considerados ilegales por la legislación internacional) serían incorporados al Estado de Israel, que se comprometería a no construir nuevos asentamientos, expandir los existentes o aprobar planes para construcción en las zonas que serán parte del Estado de Palestino.

Israel no procederá a demoler estructuras existentes, una moratoria que no incluye «construcciones ilegales» ni aquellas que «supongan un riesgo de seguridad, según determine el Estado de Israel», o «demoliciones de castigo por actos de terrorismo».

Cerca del 97% de los israelíes en asentamientos en Cisjordania quedarían en territorio israelí adyacente, cifra similar para los palestinos en Cisjordania que quedarían en territorio palestino.

¿Y con Jerusalén?

La propuesta de la Casa Blanca reconoce a «Jerusalén como capital de Israel» y reitera que «debería permanecer como una ciudad íntegra».

Además, sostiene que Israel debe ser guardián de los lugares religiosos en Jerusalén, tanto judíos, como cristianos y musulmanes, y aboga por mantener el «estatus quo actual».

En cuanto a la capital del hipotético Estado palestino, el plan recoge que debería ubicarse en Jerusalén Este, concretamente, en «todas las zonas al este y el norte de las barreras de seguridad existentes, incluyendo Kafr Aqab, la parte este de Shuafat y Abu Dis», y que podría ser renombrada como Al Quds (como la denominan los árabes) o con otra denominación que decidan los palestinos.

Esto significa que la posible capital palestina se localizaría en barrios ubicados en las afueras de la Jerusalén actual.

¿Algún cambio sobre Gaza?

El plan recuerda que Gaza ha estado gobernada por el grupo islámico Hamás, al que describe como una «organización terrorista, responsable de asesinatos y ataques a miles de israelíes», y concede a Israel la soberanía de las aguas territoriales de la franja, al considerar que son vitales para la seguridad del Estado israelí.

Advierte además de que «no habrá mejoras significativas en Gaza hasta que haya un alto el fuego con Israel, una desmilitarización completa de la franja y una estructura de gobierno que permita a la comunidad internacional invertir de forma segura y cómoda» para mejorar su economía.

La iniciativa propone también que Israel ceda territorio a los palestinos cerca de Gaza, que pueden ser «áreas pobladas y no pobladas».

¿Quién se encargaría de la seguridad, y cómo?

Israel mantendría una «responsabilidad de seguridad predominante» del Estado de Palestina, con las fuerzas palestinas encargadas únicamente de la seguridad interna, de la lucha antiterrorista, la seguridad fronteriza y la respuesta a desastres.

Israel sería responsable de la seguridad en los cruces internacionales y, en el caso de Rafá, en la frontera con Egipto, se abordarían acuerdos específicos con El Cairo.

Además, Israel mantendría el control del espacio aéreo al oeste del río Jordán, mientras que la Armada israelí podría bloquear la entrega de «armas y materiales para la fabricación de materiales en el Estado de Palestina, incluida Gaza».

Gráfico: Carlos G. Kindelán / 20minutos

¿Podrían regresar los refugiados palestinos?

La iniciativa aborda uno de los temas más espinosos en unas hipotéticas negociaciones entre israelíes y palestinos: el derecho de retorno de los refugiados.

A ese respecto, y pese a lo que establece la resolución 194 de la ONU, el plan marca que «no habrá derecho de retorno, o absorción de ningún refugiado palestino en Israel».

Establece, no obstante, tres opciones para los refugiados palestinos que busquen un sitio permanente de residencia: «absorción» para aquellos registrados en la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en el futuro Estado palestino; integración en sus países actuales de acogida; o su reasentamiento en los países miembros de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), que los acepten.

En ese sentido, el plan indica que «los hermanos árabes tienen la responsabilidad moral de integrar a los refugiados en sus territorios del mismo modo que los judíos fueron integrados en el Estado de Israel».

¿Qué limitaciones tendría el nuevo Estado palestino

Entre otras, Palestina no podría alcanzar acuerdos militares, de Inteligencia o seguridad con ningún Estado u organización que «afecte de forma adversa la seguridad de Israel» ni podrá desarrollar capacidades «militares o paramilitares» dentro o fuera de su territorio.

Tampoco podría unirse a organizaciones internacionales sin el consentimiento de Israel, y debería retirar sus demandas contra Israel, EE UU y los ciudadanos de estos países ante el TPI, la CIJ o cualquier otro tribunal, así como no recurrir a Interpol contra ellos.

Así, el nuevo estado no podría tener «capacidades que puedan amenazar al Estado de Israel», mientras que Israel tendría derecho a «desmantelar o destruir» instalaciones utilizadas para producir armas o con «propósitos hostiles», así como para adoptar medidas de seguridad para mantener Palestina «desmilitarizada».

¿Recoge el plan alguna demanda palestina?

Según declaró a Efe el experto de la Universidad George Washington Nizar Farsakh, antiguo asesor del ex primer ministro palestino Salam Fayad y miembro en el pasado del equipo negociador palestino, cuando se lee el plan, «si se compara con la postura palestina publicada en la página web del Departamento de Estado, es exactamente lo opuesto a lo que los palestinos piden».

Trump prometió a los palestinos una inversión de 50.000 millones de dólares para duplicar su PIB y crear un millón de empleos, pero exigió a cambio un alto el fuego con Israel, cambios en su estructura de Gobierno y la desmilitarización de Gaza.

¿Hay un plazo para negociar?

Aunque Abás ya ha dicho «mil veces no» a la propuesta, Trump le ha dado cuatro años para superar sus reservas y sentarse a la mesa de negociación, y el Gobierno israelí ha indicado asimismo que está dispuesto a esperar ese tiempo.

¿Cómo ha reaccionado la comunidad internacional?

La ONU seguirá defendiendo una solución al conflicto que pase por la creación de dos Estados basados en las fronteras previas a 1967, según dijo este mismo martes el secretario general de la organización, António Guterres.

Entre los países árabes, Egipto llamó a Israel y Palestina a considerar «a fondo» el plan de Trump, y aplaudió los esfuerzos de Washington para lograr un acuerdo «amplio y justo». En una línea semejante se expresó Arabia Saudí, valorando positivamente los esfuerzos de EE UU y reafirmando su «apoyo a lograr una solución justa y completa al conflicto palestino».

Rusia considera que el plan debe ser analizado por el llamado Cuarteto de Madrid, formado por EE UU, la ONU, la UE y la propia Rusia, mientras que Irán afirmó que el acuerdo busca «humillar» a los musulmanes, y que «está muerto» antes de ver la luz. Es un plan que «nace muerto», indicó igualmente el Gobierno de Turquía.

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, afirmó por su parte que el plan de paz «podría ser un paso positivo hacia adelante», y la Unión Europea señaló, a través de su Alto Representante para Política Exterior y Seguridad Común, Josep Borrell, que la propuesta «supone una oportunidad para relanzar los muy necesarios esfuerzos» para lograr un acuerdo.

El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, afirmó por su parte que el plan de paz «podría ser un paso positivo hacia adelante», y la Unión Europea señaló, a través de su Alto Representante para Política Exterior y Seguridad Común, Josep Borrell, que la propuesta «supone una oportunidad para relanzar los muy necesarios esfuerzos» para lograr un acuerdo.


Publicado originalmente en 20minutos
Con información de Efe y Europa Press

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Un palestino permanece en pie frente a una excavadora para impedir la destrucción de su huerto como consecuencia de las obras de una carretera hacia el asentamiento israelí de Kiriat Arba, en Cisjordania, cerca de Hebrón, en 1996. Foto: Miki Kratsman.

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Estados Unidos ha vetado este viernes la adopción en el Consejo de Seguridad de la ONU de una resolución palestina que reafirmaba la ilegalidad de los asentamientos judíos en territorio ocupado y que contaba con un amplio respaldo internacional.

La delegación estadounidense –que tiene derecho de veto por ser un miembro permanente– ha sido la única de los 15 países del máximo órgano de seguridad internacional que ha votado en contra de la medida, auspiciada por más de 100 países.

En el siguiente comunicado, el veterano exdiplomático estadounidense Philip C. Wilcox, presidente de la Foundation for Middle East Peace (Fundación para la Paz en Oriente Medio), califica este veto de «grave error».

(Traducción del original en inglés)

El veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas al borrador de resolución que exige que «Israel ponga fin a todas las actividades de asentamientos en el Territorio Palestino Ocupado, incluyendo Jerusalén Este», y que reafirma asimismo que los asentamientos son «ilegales», supone un obstáculo para los intereses estadounidenses en Oriente Medio y para las perspectivas de una paz basada en dos Estados.

Durante cerca de 18 meses, el Gobierno de Obama ha trabajado arduamente, pero sin éxito, para tratar de convencer a Israel de que congele unas construcciones que suele describir como «ilegí­timas». Israel, sin embargo ha acelerado los asentamientos, desafiando el deseo de EE UU.

Para justificar el veto a la resolución, el representante estadounidense explicó que sólo las negociaciones directas podrán traer la paz, y que la resolución implicaba el riesgo de que las actitudes se endurezcan, y de que se recurra más a la ONU. Esto no resulta convincente. El texto de la resolución pide a las partes que «continúen con […] sus negociaciones», es totalmente coherente con este objetivo y, además, refleja la polí­tica de EE UU.

En cualquier caso, las negociaciones llevadas a cabo durante los últimos 17 años han fracasado por completo en lo que respecta a romper el impasse existente sobre la ocupación israelí­ y la polí­tica de asentamientos, en parte, por la insistencia de Israel en extender unilateralmente estos asentamientos en el territorio que es, precisamente, el objeto de las negociaciones. La población de colonos ha aumentado de 281.000 en 1993 a 557.800 en 2010. Sólo en Cisjordania, y a pesar de la congelación, temporal y parcial, de los asentamientos, esta población se incrementó en 15.000 colonos en 2010. Es cierto que aprobar una resolución de condena a la polí­tica israelí­ podrí­a, a corto plazo, endurecer la posición de Israel sobre el cumplimiento del derecho internacional, pero, al mismo tiempo, serí­a también una señal de que Israel no puede continuar expandiendo los asentamientos con la impunidad de la que ha gozado en el pasado.

Otros funcionarios de EE UU han argumentado que la ONU debe permanecer al margen del proceso de paz israelo-palestino. Pero la ONU ha estado involucrada en este conflicto desde el principio. Reconoció a Israel en 1948 y ha aprobado otras resoluciones clave, como la 242. En 2003, Estados Unidos apoyó la aprobación, por parte del Consejo de Seguridad, de la hoja de ruta del Cuarteto, y en ella se exige la congelación de los asentamientos.

El temor a las crí­ticas dentro de EE UU parece ser la verdadera razón de este veto. Pero el liderazgo en polí­tica exterior requiere coraje y visión estratégica. Este veto acelerará, probablemente, el declive de la influencia estadounidense en Oriente Medio, minando la credibilidad de su propia polí­tica sobre los asentamientos, y erosionando su reputación de mediador imparcial. Todo ello hace más lejana, si cabe, la perspectiva de progresar hacia una paz basada en dos Estados.

En un momento en que los esfuerzos de Estados Unidos para lograr la paz entre Israel y Palestina están paralizados, Washington necesita una nueva polí­tica. Las crecientes protestas en Oriente Medio contra la opresión y la falta de libertad y de derechos humanos hace esta necesidad cada vez más urgente.

Comunicado original (en inglés): U.S. Veto of UN Security Council Resolution Condemning Israeli Settlements Undermines American Interests

Un grave error

Estados Unidos ha vetado este viernes la adopción en el Consejo de Seguridad de la ONU de una resolución palestina que reafirmaba la ilegalidad de los asentamientos judíos en territorio ocupado y que contaba con un amplio respaldo internacional. La… Leer

El asentamiento israelí de Elon Moreh, en Cisjordania, en una imagen de 2006. Foto: Shuki / Wikimedia Commons

Estados Unidos vetó hoy la adopción en el Consejo de Seguridad de la ONU de una resolución palestina que reafirma la ilegalidad de los asentamientos judí­os en territorio ocupado y que contaba con amplio respaldo internacional. La delegación estadounidense, que tiene derecho de veto por ser un miembro permanente, fue la única de los 15 paí­ses del máximo órgano de seguridad internacional en votar en contra de la medida auspiciada por más de 100 paí­ses.

«Pese a que coincidimos con los otros miembros, y de hecho con el mundo en general, sobre la insensatez y la ilegitimidad de continuar las actividades en los asentamientos israelí­es, no nos parece sensato que el Consejo trate de resolver los asuntos cruciales que dividen a israelí­es y palestinos», explicó tras la votación la embajadora de EE UU ante la ONU, Susan Rice (informa Efe).

La representante estadounidense advirtió de que su oposición a la resolución palestina no se puede interpretar como un respaldo a los asentamientos que Israel ha construido en los territorios ocupados tras la guerra de 1967.

«Al contrario, rechazamos firmemente la legitimidad de las actividades en los asentamientos israelí­es, que durante cuatro décadas han socavado la seguridad de Israel y corroí­do la esperanza de la paz y la estabilidad en la región», apuntó.

Rice recordó que «ningún otro paí­s» ha invertido más capital polí­tico en la búsqueda de una paz duradera en Oriente Medio que Estados Unidos, por lo que defendió su decisión de evitar que la resolución pudiera dificultar el proceso.

En su opinión, la adopción de la resolución promovida por los paí­ses árabes abrirí­a la puerta a que cualquiera de las partes acudiera a la ONU cuando las negociaciones directas entre las partes afrontaran dificultades.

Por su parte, el resto de delegaciones señalaron que su voto a favor de la medida obedece a la necesidad de salvaguardar el derecho internacional y constatar que las colonias suponen un impedimento para lograr la paz entre las partes.

«Son ilegales bajo el derecho internacional, son un obstáculo para la paz y una amenaza para la solución de los dos estados», afirmó el embajador británico, Mark Lyall Grant, que intervino en nombre de su paí­s, Francia y Alemania.

El proyecto de resolución derrotado reafirmaba que «los asentamientos israelí­es en los territorios palestinos ocupados en 1967, incluido Jerusalén este, son ilegales y constituyen una gran obstáculo para alcanzar una paz justa, duradera e integral».

Además, instaba al Gobierno israelí­, como potencia ocupadora, que «cese inmediatamente todas las actividades en los asentamientos» y cumpla todas sus obligaciones internacionales al respecto.

Estados Unidos veta la resolución contra los asentamientos israelí­es

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