censura

Iba a ser un «puente de amistad» y ha acabado siendo un socavón cultural. Hace unas semanas, el Museo Olímpico de Doha, en Catar, invitó a Grecia a participar en una de sus muestras actuales más importantes, la exposición Juegos Olímpicos: Pasado y Presente. Y Grecia, arruinada y deseando atraer a los millonarios inversores del Golfo, aceptó encantada. Las autoridades helenas enviaron dos estatuas del Museo Nacional de Atenas (un joven de la época arcáica, y una copia romana de un atleta de la época clásica), que fueron recibidas como lo que eran, las auténticas joyas de la exposición. Sin embargo, la cosa se torció.

Cuando, en vísperas de la inauguración, el ministro griego de Cultura, Costas Tzavaras, visitó la muestra, comprobó atónito que las autoridades cataríes habían ordenado cubrir parcialmente las estatuas con paños negros, ocultando los genitales de los atletas (se trataba, obviamente, de desnudos, entre otras cosas porque así es como se competía en los juegos olímpicos de la antigüedad). Los griegos dijeron que o las estatuas se exhibían como ellos las mandaron, o habría que devolverlas. Y los cataríes se las han devuelto.

Estatua de bronce encontrada en Maratón, Grecia, y conservada en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. La figura representa, probablemente, al vencedor de una carrera, y pertenece al periodo clásico (340-330 aC). Foto: Museo Arqueológico Nacional de Atenas

Una portavoz de la Autoridad de Museos de Catar indicó a Doha News que, contrariamente a lo que había informado anteriormente la agencia AFP, la retirada de las estatuas «no se ha debido a la censura» . «La decisión está basada en el hecho de que la exposición está abierta a escolares y familias, y en el deseo de ser sensibles a las necesidades y los estándares de nuestra comunidad», dijo.

Por su parte, uno de los funcionarios griegos que acompañó al ministro heleno señaló que «no queremos que este asunto empañe la exposición. Fueron muy amables. Cuando rechazaron nuestra petición, las estatuas fueron embaladas de nuevo y enviadas de vuelta a Atenas». La exposición fue inaugurada el pasado 28 de marzo (un día después de que el ministro griego anunciase que el evento iba a ser «un puente de amistad entre los dos países»), y permanecerá abierta hasta finales de junio. La estatuas regresaron a Grecia el pasado día 19.

El caso es que, según publicó The Guardian, muchas de las más de 600 piezas que incluye la exposición representan también desnudos. «No está claro por qué las autoridades de Catar se han preocupado tanto por estas dos estatuas en cuestión, unas estatuas que, además, los funcionarios de Atenas describen como especialmente hermosas», añade el diario británico. A lo mejor es por eso.

No es probable, de todos modos, que las relaciones entre ambos países se resientan demasiado por el incidente. Aparte de comprar islas griegas (el mes pasado se supo que el emir, Hamad bin Jaliga al Thani, había adquirido seis islotes de propiedad privada en el Mar Jónico), Catar también está invirtiendo, y mucho, en el país heleno. El emirato ha entrado en un concurso público para desarrollar el antiguo aeropuerto de Atenas y, en enero, anunció asimismo una participación de casi mil millones de euros en un fondo conjunto para ayudar a reflotar la industria griega, duramente golpeada por la recesión.

Afortunadamente para los griegos, las vergüenzas de sus antepasados no son las únicas que quieren cubrir los cataríes.

Estatuas desnudas

Iba a ser un «puente de amistad» y ha acabado siendo un socavón cultural. Hace unas semanas, el Museo Olímpico de Doha, en Catar, invitó a Grecia a participar en una de sus muestras actuales más importantes, la exposición Juegos… Leer

La gran sorpresa de la gala de los Oscar, la aparición de Michelle Obama por videoconferencia desde la Casa Blanca para anunciar el premio a la mejor película, no ha sentado muy bien en Irán. Los medios oficiales de este país ya estaban suficientemente molestos con el filme vencedor, Argo, al que han tachado de «distorsión de la historia». Ahora, las críticas se han disparado. La televisión estatal dijo que que la Academia de Hollywood había entregado su «Oscar más político», y acusó a Ben Affleck, director y protagonista de la película, de especializarse «en la exageración, la desproporción y la creación de escenas falsas».

Por su parte, Fars, la agencia semioficial de noticias iraní, ha estado más pendiente de otras cosas. En concreto, del cuerpo de la esposa del presidente de EE UU. Y es que, por lo visto, el vestido de Michelle Obama dejaba al descubierto demasiada piel, al menos para lo que dictan las reglas sobre la imagen de las mujeres en los medios oficiales de Irán. ¿La solución? El siempre socorrido Photoshop:

Michelle Obama en la ceremonia de los Oscar. A la izquierda, su vestido real; a la derecha, lo que vio el público iraní. Fotos: AFP / Fars

Al margen del asunto del escote de la primera dama (la censura de imágenes supuestamente ‘inmorales’ es habitual en los medios iraníes), las críticas se han centrado en la presunta intencionalidad de la aparición de la esposa del presidente. Según informa la agencia AFP, la televisión estatal iraní dijo que su participación «aumenta la especulación de que premiar esta película tenía un motivo político». Fars, afiliada a la Guardia Revolucionaria, indicó que Argo es un filme «anti-iraní», financiado por una «empresa sionista», en referencia a la producción, realizada por los estudios Warner Bros.

Argo, que obtuvo además el Oscar al mejor guión adaptado y a la mejor edición, narra cómo la CIA rescató a seis diplomáticos estadounidenses ocultos en la casa del embajador de Canadá en Teherán, durante la revolución iraní de 1979. Los otros 52 rehenes fueron retenidos durante 444 días, en una acción que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas entre Washington y Teherán. La película no es, ni pretende serlo, un documental, sino un thriller político. Y los propios creadores han admitido que se han tomado libertades con la historia verdadera.

Dejando a un lado su calidad cinematográfica (la película es eficaz, pero también bastante convencional), Argo puede resultar polémica, en el sentido de que parece glorificar a agentes de la CIA, tiene aspectos propagandísticos y sufre de numerosas inconsistencias históricas. Pero no es una panegírico proestadounidense. «La película se inicia con la explicación de tres décadas de historia iraní, en la que desagraciadamente Estados Unidos tuvo mucho que ver», ha dicho Affleck.

El enfrentamiento, desde luego, no es nuevo. La imagen que innumerables películas de Hollywood ofrecen (cada vez menos, pero aún) de los musulmanes (estereotipados, violentos, terroristas, irracionales), tanto árabes como no árabes (una distinción demasiado sutil para muchos guionistas estadounidenses), ha sido objeto de muchas críticas, la mayoría, justificadas. Pero en el caso de Irán, en un contexto de contínua tensión con EE. UU., la hostilidad puede generarse incluso cuando se trata de hechos ocurridos hace miles de años. En 2007, por ejemplo, Hollywood provocó también la ira de los medios iraníes por la película 300, basada en un cómic de Frank Miller, y en la que se ofrece un descarnado relato de las guerras greco-persas, donde los antepasados de los iraníes no resultan muy bien parados.

La relación con Hollywood, sin embargo, parecía haberse destensado un poco el año pasado, cuando Irán ganó su primer Oscar con La separación, que obtuvo el premio a la mejor película de habla no inglesa, un momento que muchos medios iraníes calificaron de «histórico». Hasta ahora.


Actualización (26/2/2013):

Juan Cole escribe este martes en su blog, Informed Comment, una muy interesante y documentada crítica de la película, detallando sus falsedades históricas y denunciando su lado propagandístico: ‘Argo’ como orientalismo, y por qué molesta a los iraníes.

Irán, ‘Argo’ y el escote de Michelle Obama

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Jowhara AlSaud, Airmail, de su serie Out of Line (2008).
Para crear esta imagen, la artista saudí Jowhara AlSaud recortó el contorno de una fotografía instantánea y lo superpuso en la emulsión de una película de gran formato. AlSaud explora la prohibición de representar imágenes personales y la censura en Arabia Saudí, y para ello elimina las caras, generalmente pertenecientes a personas de la diáspora saudí.

Jowhara AlSaud, Airmail, de su serie Out of Line (2008). Para crear esta imagen, la artista saudí Jowhara AlSaud recortó el contorno de una fotografía instantánea y lo superpuso en la emulsión de una película de gran formato. AlSaud explora… Leer

El Fiscal General del Estado de Egipto, Abdel-Meguid Mahmud, ha ordenado que se adopten las medidas necesarias para bloquear en el país los sitios web con contenido pornográfico, basándose en una orden judicial de 2009, según informa este miércoles el diario Al Ahram. En mayo de ese año, el Tribunal Superior prohibió este tipo de páginas, tras una demanda presentada por un abogado islamista.

La orden se produce poco después de que, la semana pasada, un grupo de simpatizantes salafistas se manifestaran ante el Tribunal Superior de El Cairo para exigir la aplicación de la prohibición. La manifestación se realizó en el marco de una campaña denominada Net Pure (red pura). Esta campaña tiene el apoyo de prominentes predicadores salafistas, que argumentan que los sitios web para adultos «violan las costumbres y los valores de la sociedad egipcia».

La medida ha levantado las críticas de representantes políticos liberales y de numerosos usuarios de Internet, para quienes la prohibición supone un atentado contra la libertad de expresión y abre la puerta para el ejercicio de una mayor censura en la red. En el actual gobierno egipcio tienen mayoría los islamistas Hermanos Musulmanes.

Además, aplicar con eficacia este tipo de leyes conlleva muchos problemas técnicos, incluyendo la dificultad de controlar el uso de proxies externos para acceder a estas páginas. El pasado mes de septiembre, el ministro de Telecomunicaciones egipcio reconoció que era «técnicamente imposible» bloquear los sitios pornográficos en el país. Y algunas fuentes calculan el coste de intentarlo en unos 50 millones de dólares.

Amira Al Hussaini ha recogido (y traducido) en Global Voices algunas reacciones de ciudadanos egipcios en Twitter: «Empieza con el porno y luego sigue todo lo demás» (@The_Hendawy); «La decisión de prohibir las páginas porno = censurar todo lo que no les guste en Internet, política, arte, literatura, historia, oposición, blogs, redes sociales…» (@LuluDeRaven); «Voy a publicar en un blog un tutorial sobre cómo saltarse la prohibición» (@tarekshalaby); «¿Queréis gastar dinero en bloquear porno, en vez de gastar el mismo dinero en médicos?» (@Gue3bara); «Las páginas porno son más desagradables que la tortura en las comisarías de policía, la corrupción, el robo y el asesinato, y son la razón de la falta de seguridad en el Sinaí. Cuando las páginas hayan sido bloqueadas, todos nuestros problemas quedarán resueltos» (@nermo).

Egipto ordena bloquear las webs porno

El Fiscal General del Estado de Egipto, Abdel-Meguid Mahmud, ha ordenado que se adopten las medidas necesarias para bloquear en el país los sitios web con contenido pornográfico, basándose en una orden judicial de 2009, según informa este miércoles el… Leer

Los jóvenes periodistas saudíes Feras Baqna, Hussam Al-Drewesh y Khaled Al-Rashed empezaron una serie de televisión en Internet en la que, bajo el título de Nos están engañando, cubrían los temas de los que la televisión oficial de Arabia Saudí (no hay otra) no habla. En el último episodio, titulado Pobreza, ponían de manifiesto la situación de miseria en la que se encuentra una barriada situada a tan solo cinco kilómetros de la capital, Riad. En un país que nada en petróleo, el 22% de los ciudadanos son pobres.

Los tres periodistas fueron convocados por las autoridades el pasado 16 de octubre. Desde entonces, según informa Ruwayda Mustafah Rabar, en el sitio web MideastYouth, permanecen detenidos. Sin cargos y sin representación legal.

El vídeo que llevó a su detención ha sido subtitulado al inglés. El original, en árabe, tiene ya cerca de un millón y medio de visitas en YouTube.

Detenidos por denunciar la pobreza

Los jóvenes periodistas saudíes Feras Baqna, Hussam Al-Drewesh y Khaled Al-Rashed empezaron una serie de televisión en Internet en la que, bajo el título de Nos están engañando, cubrían los temas de los que la televisión oficial de Arabia Saudí (no hay otra) no habla. En el último episodio, titulado Pobreza, ponían de manifiesto la situación de miseria en la que se encuentra una barriada situada a tan solo cinco kilómetros de la capital, […]

Una imagen de 'Green Days', de la directora iraní Hana Majmalbaf
Una imagen del documental ‘Green Days’, de la directora iraní Hana Majmalbaf, censurado por el Festival Internacional de Cine de Beirut.

El Líbano es una nación difícil, por no decir imposible. La compleja realidad étnica y religiosa que la conforma, un equilibrio endiablado, fruto del tiralíneas colonialista, y marcado por la ambición y la beligerancia de sus vecinos, hace que las susceptibilidades estén siempre a flor de piel. Cualquier ofensa, real o no, interna o externa, puede hacer prender la llama en un país que, pese a contar con una de las sociedades más dinámicas y con más posibilidades de todo Oriente Medio, ha vivido durante décadas y décadas bloqueado y castigado por un incendio permanente.

Esta fragilidad, este miedo enquistado, permite a las autoridades, entre otras cosas, vetar por ley cualquier material que altere «el orden público», el «sentimiento religioso» o «las relaciones intercomunitarias». O esa es, al menos, la excusa. Porque, por definición, las razones que invoca el poder para ejercer la censura son siempre falsas, o, como mucho, sólo una parte de los motivos reales. Lo normal es que detrás de cada acto de censura haya siempre un interés ilegítimo, encaminado a imponer una determinada forma de pensar o a perpetuar en el sillón de mando a quienes lo ejercen. Los casos de «censura necesaria», aquellos en los que no hay más remedio que aplicar la ley para evitar injusticias flagrantes, graves daños o males mucho mayores, se cuentan con los dedos de una mano en las sociedades verdaderamente democráticas, y suelen tener que ver con la protección de la infancia, los menores de edad, los más indefensos.

Es un argumento conocido: la sociedad no está preparada aún para ciertas cosas, y el Gobierno tiene que atribuirse un papel paternalista hasta que la sociedad «madure». En muchos países, no sólo, obviamente, de Oriente Medio, la aplicación de este principio de un modo sistemático es tan habitual que ya ni se habla de ello.

El Líbano no es, ni mucho menos, el peor caso de Estado censor en la región. La represión cultural que se ejerce en países como Arabia Saudí o Irán, por poner sólo los ejemplos más flagrantes, hace que la actividad de los censores libaneses parezca un juego de niños a su lado. Pero aún así, se trata de un caso importante, significativo, tal vez por la tradición de mayor apertura, liberalidad y cosmopolitismo de la que, a pesar de todos sus problemas, ha hecho siempre  gala el país de los cedros.

Primero fue el Código da Vinci, retirado de las librerías libanesas en 2004 tras las presiones de los radicales cristianos. Le tocó después el turno a Persépolis (la película), que estuvo prohibida durante un tiempo en 2008, víctima esta vez de las presiones de los radicales chiíes. Y ahora, una vez más, le ha llegado el turno al cine.

La semana pasada las autoridades censuraron dos documentales, uno libanés y otro iraní, que se iban a presentar en el Festival Internacional de Cine de Beirut.

La directora del festival, Colette Naufal, en declaraciones difundidas por la prensa local, precisó que los documentales prohibidos fueron Chu Sar? (¿Qué pasó?), del realizador libanés De Gaulle Eid, y Green Days (Días verdes), de la iraní Hana Majmalbaf.

El primero relata la propia historia de su director, quien asistió a la matanza, por razones políticas, de trece miembros de su familia, entre ellos sus padres y su hermana pequeña, en su aldea natal de Ebdel, en el sur del Líbano.

El realizador libanés, que vive en Córcega, es uno de los protagonistas del documental, en el que no acusa a nadie. Se limita a relatar la pequeña investigación que se llevó a cabo sobre las circunstancias del asesinato de su familia.

Según explicó la responsable del festival, la decisión de prohibir el film la tomó un juez, amparándose en las leyes del país, y a partir de una queja presentada por una de las personas que aparece en una parte de la película. El magistrado pidió que ese fragmento fuera cortado, a lo que se negaron tanto la directora del certamen como el realizador. Ambos prefirieron retirarlo del festival.

El segundo documental censurado relata los acontecimientos que tuvieron lugar en Irán tras las elecciones presidenciales de 2009, y, según la prensa, la medida fue tomada a petición de la embajada iraní en Beirut.

La censura en el Líbano está a cargo de la Seguridad Nacional, pero las autoridades religiosas y administrativas pueden ejercer presiones para imponer sus puntos de vista, si consideran que hay «razones morales o políticas» para ello.

Los censores vuelven a la carga en el Líbano

El Líbano es una nación difícil, por no decir imposible. La compleja realidad étnica y religiosa que la conforma, un equilibrio endiablado, fruto del tiralíneas colonialista, y marcado por la ambición y la beligerancia de sus vecinos, hace que las… Leer

Manifestación en Manama contra la intervención en Bahréin de las tropas del Consejo de Cooperación del Golfo lideradas por Arabia Saudí, el 15 de marzo de 2011. Foto: Bahrain in pictures / Wikimedia Commons

Varias informaciones publicadas estos días sobre Bahréin destacan la creciente presión que está ejerciendo el régimen del rey Al Jalifa sobre los periodistas extranjeros, en un intento de limpiar la imagen del país, y de silenciar la represión de las protestas ciudadanas.

Bahréin, que debía haber albergado el pasado mes de marzo el primer Gran Premio del Mundial de Automovilismo de la temporada, se quedó fuera del calendario debido a la inestabilidad política y al estallido de las revueltas populares.

Ahora, la FIA le acaba de dar otra oportunidad al anunciar que decidirá en el plazo de un mes si vuelve a incluir al país del Golfo entre los organizadores de la competición, y el régimen no está dispuesto a que unas cuantas noticias sobre violaciones de derechos humanos le acaben aguando la fiesta.

La cadena de televisión catarí Al Jazeera, por ejemplo, señalaba este jueves, en su canal en inglés, que «los medios internacionales no son bienvenidos en Bahréin», y que «cada vez es más difícil informar sobre la represión generalizada». Una buena prueba la ofrece la periodista española Mónica G. Prieto, quien relata en El Mundo su propia experiencia:

Aterricé en el aeropuerto de Bahréin sobre las 20.30 horas del lunes, tras un corto periplo de Beirut a Kuwait motivado porque Bahréin ha suspendido vuelos directos con el Líbano por diferencias sectarias. Los visados profesionales del pasaporte llamaron enseguida la atención del agente de fronteras, que pasó mi documentación a un oficial de Inmigración quien, tras un corto interrogatorio, se los entregó a su vez a un agente de Seguridad.

Su tono era amenazante. «¿A qué ha venido? ¿Pretende cubrir los eventos?», preguntaba. A su entrevista le seguirían otras dos con sendos agentes de la Seguridad: tras casi tres horas de espera y muchas preguntas, el que parecía ser el responsable se pronunció. «No insista: de ninguna forma va a entrar en el país». Los oficiales de Inmigración fueron más gráficos. «Lo sentimos, no podemos hacer nada. Usted es considerada un problema para la Seguridad. Debe marcharse inmediatamente de Bahréin».

Horas después, se anunciaba la expulsión del corresponsal de la agencia Reuters, Frederik Ritcher, a quien se acusa de parcialidad en sus informaciones.

Sin embargo, a pesar de la mordaza impuesta por el régimen, la información acaba encontrando caminos para salir. Al Jazeera aseguró este jueves tener «pruebas» de que las fuerzas de seguridad «han torturado» a personal médico para obligarle a realizar confesiones. Según la cadena, desde que comenzaron las protestas a favor de la democracia en febrero, un total de 47 trabajadores sanitarios -24 médicos y 24 enfermeros-, han sido acusados, mientras que otros 150 están siendo investigados por el Gobierno.

La cadena, que afirma que trató de hablar sobre estas denuncias con las autoridades de Bahréin sin éxito, señala que los trabajadores sanitarios se enfrentan a un juicio por cargos que incluyen la incitación al odio contra el Gobierno de la isla. Poco después de emitirse el reportaje, sin embargo, las autoridades anunciaron la liberación de parte de los detenidos a la espera del juicio.

Se trata del segundo reportaje de denuncia contra el gobierno de Bahréin que emite en menos de 24 horas Al Jazeera, una cadena que, hace algunas semanas, recibió críticas por la «escasa cobertura» que estaba realizando de los acontecimientos en este país, en comparación con la que llevó a cabo anteriormente en Túnez o Egipto.

En el primero, Al Jazeera denunciaba que la Policía había golpeado y violado a niñas de entre 12 y 16 años de edad en al menos 15 colegios femeninos del país, una información que las autoridades de Bahréin calificaron de «infundada» y de «invención descarada y maliciosa».

El reportaje incluye una entrevista a una joven de 16 años de edad, que asegura que ella y otras tres compañeras fueron detenidas por la Policía y sometidas a palizas durante los tres días en que permanecieron recluidas. Una organización bahreiní de Derechos Humanos ha asegurado que al menos 70 profesores han sido detenidos, según informa Europa Press.

El estado de emergencia decretado en Bahréin a principios del mes de marzo está siendo utilizado por el régimen, según denuncian las organizaciones de derechos humanos, para justificar detenciones indiscriminadas (hay más de 800 arrestados), «juicios» rápidos contra supuestos traidores y un clima de represión que incluye toque de queda durante toda la noche. Además, se mantiene la ocupación militar de las tropas del Consejo de Cooperación del Golfo lideradas por Arabia Saudí y, según indicó esta misma semana el jefe de las fuerzas armadas bahreiníes, los soldados extranjeros permanecerán en el país incluso tras el levantamiento del estado de emergencia, que está previsto, en principio, para el mes de junio (la misma fecha en que la FIA hará pública su decisión sobre el Gran Premio de Fórmula 1).

La presión, además, no sólo la ejerce el Gobierno directamente. La agencia AP informó este miércoles de que la compañía petrolera del país, Bahrain Petroleum (controlada por el Estado), ha despedido a unos 300 trabajadores por haber tomado parte en las protestas.

Como continúa escribiendo Mónica G. Prieto:

A los bahreiníes les han robado su revolución. O mejor dicho, se la estamos robando entre todos. Aprovecharon el tirón popular de Túnez, Egipto y Yemen para armarse de valor y emularles exigiendo reformas democráticas tan básicas como que permitan a la población elegir libremente su Parlamento –la Cámara Alta es designada a dedo por el rey y los suyos, la baja es elegida por la élite afín a los Al Jalifa– y que se acabe con la discriminación contra los chiíes, una comunidad a la que se niega trabajos, ayudas sociales y cargos de responsabilidad.

Aprovecharon el 14 de febrero porque entonces se cumplía el X aniversario de un referéndum aprobado por la población según el cual el régimen se comprometía a avanzar hacia la democracia (fue en 2001 y meses después llegó la decepción. El rey ni siquiera llegó a discutir la redacción de una Constitución: aprobó unilateralmente una Carta Magna que no satisfacía las expectativas).

Tomaron la plaza de la Perla hace tres meses: laicos y religiosos, chiíes y suníes, jóvenes y mayores, para pedir dignidad y libertad y no para cuestionar a la dictadura. Y el régimen les reprimió, primero con policía, luego con militares y más tarde aceptando ayuda militar del Consejo de Cooperación del Golfo, que aglutina a los países de esta región –todos liderados por suníes– y que ven en Bahréin el fantasma de una amenaza: la rebelión de las minorías chiíes del Golfo y la creciente influencia del archienemigo iraní. […]

Pero la atención mediática ya se había desplazado a Libia y Siria. La represión en Bahrain, socio de Occidente –EE UU tiene allí basada la V Flota– dejó de existir en los informativos, y al tiempo que el silencio normalizaba de cara al exterior lo que ocurría, la dictadura radicalizaba su persecución de golpistas.

Mordaza informativa en Bahréin

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Manifestantes sirios grabando con sus teléfonos móviles

«El presidente Asad recibe una carta del presidente de los Emiratos Árabes Unidos en apoyo a Siria». «286 policías heridos por ataques de grupos armados desde el comienzo de los acontecimientos en Siria».«Las declaraciones del presidente Obama sobre la situación en Siria no se basan en un punto de vista objetivo sobre lo que está ocurriendo realmente». «Siria, ante uno de las peores ataques contra el país». «Las familias de los mártires [soldados muertos durante las manifestaciones en Nawa, cerca de Deraa] afirmaron que el pueblo sirio es consciente de la actual conspiración contra Siria y que se enfrentará a ella». «Los intelectuales sirios y libaneses sostienen que Siria está sometida a una conspiración». «Los sirios exigen una disculpa a Al Yazira por distorsinar los hechos»…

Son titulares y textos extraídos directamente de la página web oficial de la televisión pública siria este mismo lunes, un día en el que el régimen de Bashar al Asad ha decidido dejarse de ‘medias tintas’ y sacar directamente los tanques a la calle. La acción militar, centrada en Deraa, el corazón de las protestas, habría causado una veintena de muertos, según fuentes de la oposición. Estos fallecidos se suman a los más de cien muertos causados hasta el momento por las ‘medias tintas’ de la represión policial.

La televisión pública (y el resto de los medios sirios, controlados y censurados todos ellos por el gobierno), sin embargo, sigue centrando su programación en explicar las supuestas reformas anunciadas por Asad, contabilizar los soldados heridos o fallecidos (calificados de «mártires»), denunciar conspiraciones, ignorar las cifras de asistentes a las manifestaciones…

En un interesante artículo publicado este domingo en su blog, la experta en el mundo árabe Leila Nachawati explica lo que se encuentra uno tras pasar dos horas viendo la televisión pública siria:

– Imágenes de supuestos destrozos provocados por los manifestantes, a los que se refieren como «grupos armados», «bandas» y «ladrones», y de armas confiscadas. Las imágenes muestran palos, machetes, botellas, latas, pero también teléfonos móviles.

– Entrevistas a manifestantes mostrando su arrepentimiento por haber participado en las protestas.

– Opiniones de ciudadanos sirios a pie de calle que van desde la acusación a bandas salafistas hasta las críticas a los intereses occidentales en la región.

– Análisis y entrevistas relacionadas con las reformas propuestas por el presidente sirio en su discurso del 30 de marzo.

– Análisis de artículos y entradas en blogs como el publicado en Counterpunch, Syria and the Delusions of the Western Press, que acusa a los medios occidentales de ocultar y manipular información para perjudicar al régimen sirio. Este es el último párrafo del texto: «Parece que los enemigos del régimen de Bashar al Asad están listos para la violencia en las calles de Siria, y para la desinformación en las portadas de los periódicos del mundo».

La libertad de expresión está garantizada en Siria por la Constitución del país. Sin embargo, desde la llegada al poder del partido Baaz, en 1963, las Leyes de Emergencia han permitido al gobierno ejercer un control absoluto sobre los medios de comunicación. Eso incluye la supervisión previa de los contenidos de los periódicos, la radio, la televisión, los libros y la publicidad, así como el derecho de confiscar y destruir cualquier material que, según el gobierno, amenace la seguridad del Estado. El cuartel general de la censura es el Ministerio de Información.

Los trabajadores de los medios de comunicación son empleados del Estado, es decir, funcionarios, y para acceder a un puesto directivo es necesario pertenecer al partido. Las críticas al presidente o a su familia están prohibidas. Tampoco se puede criticar al partido Baaz ni al ejército, y la legitimidad del régimen no puede cuestionarse. Entre los temas que suelen censurarse se encuentran los informes sobre derechos humanos en el país, las acusaciones de tráfico de drogas que afecten a personal del Estado, la actividad de las tropas sirias en el Líbano o el conflicto con Israel.

Además, el gobierno bloquea desde hace años sitios y plataformas en Internet, como Youtube, Facebook, Blogger o Wikipedia, a los que los sirios se han acostumbrado a acceder a través de proxies (en febrero pasado se levantaron algunas restricciones, pero el régimen ha dado marcha atrás ahora alegando «congestión» en la Red).

Así, a mediados de marzo se ordenó a los dueños de cibercafés que tomasen nota de los nombres y del número de tarjeta de identidad de sus clientes, así como del número de veces que entran y salen. El Centro de Medios sirio, una institución independiente que mide la censura en el sector, aseguró que al menos 153 portales permanecían bloqueados.

Peor aún

En teoría, esta situación debería haber concluido con el levantamiento de las Leyes de Emergencia anunciado por Asad el pasado jueves. Pero, evidentemente, nada más lejos de la realidad. Más bien todo lo contrario: Con las revueltas pro democráticas extendidas ya por todo el país, la respuesta del régimen se basa en las tres patas clásicas del banco: Represión violenta, acusación a «elementos conspiradores extranjeros» y manipulación de los medios de comunicación.

El cerrojo, sin embargo, no es total. Hace aguas. A pesar de la censura y de los bloqueos, Internet y, especialmente, los satélites han logrado abrirle grietas.

La gente tiene acceso tanto a emisoras de radio occidentales como a canales de televisión por satélite (Al Yazira, sobre todo). Y las nuevas tecnologías también están ayudando: Las cámaras de los teléfonos móviles de los manifestantes están grabando estos días las protestas y la represión que se ven obligados a ignorar los medios locales, y que resultan inaccesibles para los medios extranjeros (los periodistas tienen prohibido entrar en la ciudad de Deraa, el epicentro de los disturbios).

Buena parte de las fotos y los vídeos que están publicando los medios en el resto del mundo proceden de los propios opositores al régimen. Y a ello hay que unir la labor de los disidentes exiliados, muchos de los cuales tratan de ofrecer el máximo de información a través de sus blogs y sus páginas webs.

Internet, sin embargo, puede resultar ser asimismo un un arma de doble filo. Como señala Nachawati, la contrarrevolución también sabe hacer uso de las redes sociales:

Junto a este tipo de páginas [en Facebook], abundan también otras como la de Jóvenes de Siria, y nada más, que da la bienvenida a los nuevos usuarios con una bonita estampa de la familia del presidente:

También en Twitter ha tenido presencia la narrativa oficial. Esta red, que permite una rápida difusión de mensajes cortos, ha sido una herramienta muy efectiva en la organización y comunicación de los ciudadanos de la región desde el comienzo de las movilizaciones. En Siria usuarios como AnonymousSyria comparten imágenes, vídeos y lemas de las protestas, como el que se ha convertido en el lema de los manifestantes sirios: «Dios, Siria, Libertad y Nada más», respuesta al cántico de quienes apoyan al presidente: «Dios, Siria, Bashar y nada más». Frente a estos mensajes han surgido dos tipos de usuarios pro-gubernamentales, como explica el bloguero sirio Anas Qtiesh en Global Voices:

– Los llamados «huevos de Twitter»: Cuentas nuevas, la mayoría con pocos seguidores y sin imagen de perfil (Twitter coloca un huevo por defecto a sus usuarios antes de que estos asocian una imagen a su perfil). Se dedican a responder a los usuarios favorables a las protestas, en muchos casos en forma de amenazas, insultos y acusaciones de terrorismo, y a emitir mensajes y eslóganes de apoyo al régimen. Se cree que estas cuentas, que a menudo publican en un inglés y árabe clásico bastante pobre, son gestionadas por agentes de la Inteligencia siria, los conocidos como «Mukhabarat». Cuentas como las que el usuario @AnonymousSyria ha agrupado en esta lista.

– Cuentas spam que incluyen la etiqueta #Syria y que están programadas para lanzar cada cierto tiempo mensajes aleatorios sobre Siria. Noticias sobre fútbol, fotos de lugares turísticos, enlaces a comunicaciones oficiales, y también amenazas a usuarios contrarios al Gobierno.

Estas últimas son cuentas-robot facilitadas por la empresa de Bahréin Eghna, que explicaba en su página web cómo han contribuido con su tecnología a aumentar el número de contenidos en la red sobre la belleza de Siria y sus paisajes:

(El usuario de Twitter) LovelySyria está utilizando el servidor EGHNA para promocionar fotografías sobre Siria. EGHNA ha ayudado a atraer la atención a la belleza de Siria y construir una comunidad de personas que aman el país y admiran su belleza.

En cualquier caso, tal vez no sea más que un vano intento de ponerle puertas al campo. Lo decía el disidente sirio Ahed al Hendi hace unos días en Periodismo Humano:

Sin Internet, no habríamos podido ver los vídeos e imágenes de los crímenes del régimen Asad. Internet accionó el primer movimiento cuando miembros de los grupos anti-Asad marcharon por Damasco el 15 de marzo. Cuando los medios conectaron con los vídeos de las protestas colgados en Internet más sirios lo vieron, y eso ayudó a romper el muro del miedo.


Más información:
» Movilizaciones en Siria y los mundos paralelos de la comunicación (Leila Nachawati, en Periodismo Humano)
» La e-revolución se instala en Siria (Mónica G. Prieto, en Periodismo Humano)
» Ataques a periodistas y a la libertad de expresión en Siria (Comité para la Protección de los Periodistas, CPJ)

Leer también: Acoso a los periodistas en Siria

Asad saca los tanques, y mientras, en la televisión…

«El presidente Asad recibe una carta del presidente de los Emiratos Árabes Unidos en apoyo a Siria». «286 policías heridos por ataques de grupos armados desde el comienzo de los acontecimientos en Siria».«Las declaraciones del presidente Obama sobre la situación… Leer

Los ataques a la libertad de expresión, la censura y el acoso a la prensa, comunes en el régimen de Bashar al Asad, han cobrado especial fuerza desde el inicio de las revueltas democráticas en Siria. Los periodistas tienen prohibido entrar a la ciudad sureña de Daraa, el escenario de los disturbios políticos, y el 25 de marzo fueron obligados a volver a Damasco, la capital, en caravanas escoltadas por la policía, por «su propia seguridad». Desde entonces necesitan obtener un permiso del Ministerio de Información para poder hacer su trabajo.

Además, las autoridades sirias han revocado las credenciales de prensa del corresponsal de Reuters Khaled Oweis por «cobertura falsa» y le han ordenado salir del país, según informó Reporteros Sin Fronteras. También han sido expulsados el productor de Reuters Ayat Basma y el camarógrafo Ezzat Baltaji, ambos ciudadanos libaneses, después de haber sido detenidos durante dos días.

Por otra parte, la cadena Al-Arabiya anunció el pasado día 7 el arresto de uno de sus corresponsales en Siria, el periodista noruego de origen kurdo-sirio Mohamed Zaid Mistou. El periodista  estaba cubriendo el movimiento de protesta y había publicado numerosos artículos en la web de Al-Arabiya.

Según medios de comunicación jordanos, el 24 de marzo pasado las autoridades sirias habrían arrestado también a dos periodistas que trabajan para Arab Broadcasting Services, Akram Abu Safi y Sobhie Naeem Al-Assal.

Acoso a los periodistas en Siria

Los ataques a la libertad de expresión, la censura y el acoso a la prensa, comunes en el régimen de Bashar al Asad, han cobrado especial fuerza desde el inicio de las revueltas democráticas en Siria. Los periodistas tienen prohibido… Leer

El Fiscal General de Egipto ha decidido sobreseer el caso de la prohibición de Las mil y una noches, argumentando que no hay pruebas de que la obra contenga «insultos contra las tres religiones monoteí­stas o propague la discordia interreligiosa». La decisión ha sido calificada por el ministro de Cultura egipcio, Faruk Hosni, como «una victoria para Sherezade y para la libertad de expresión».

Según informa Efe, la denuncia habí­a sido presentada por un grupo de abogados que pedí­a la prohibición total de la célebre recopilación de cuentos árabes, reeditada recientemente en Egipto por la Organización de Palacios de Cultura.

«Esta decisión no sólo es una victoria para Sherezade [la protagonista de la obra], sino también para la conservación del patrimonio humano», aseguró Hosni en un comunicado. Para el titular de Cultura se trata de «una resolución histórica que apoya con coraje el derecho humano a la libertad de expresión».

Es la segunda vez que Las mil y una noches sale idemne de una denuncia de este tipo, ya que el 30 de enero de 1986 un tribunal de El Cairo falló en contra de su confiscación.

La obra ha sido la última ví­ctima de la ley de hisba, un antiguo reglamento islámico que permite a cualquier persona acusar a otra si considera que sus actos pueden ser perniciosos para la sociedad.

Las mil y una noches está formado por tres grupos de relatos de origen indo-persa, iraquí­ y egipcio, y en sus páginas se alternan una gran variedad de géneros como historias de amor, fábulas de animales, textos eróticos, literatura de viajes, novela de caballerí­a o relatos morales.

El relato se inicia cuando Sherezade, hija del visir, urde un plan que consiste en contar un cuento al sultán cada noche interrumpiéndolo al alba para evitar que éste la mate y siga asesinando cada dí­a a las jóvenes con las que se casa.


Fuente: Efe

Sherezade se salva en Egipto

El Fiscal General de Egipto ha decidido sobreseer el caso de la prohibición de Las mil y una noches, argumentando que no hay pruebas de que la obra contenga «insultos contra las tres religiones monoteí­stas o propague la discordia interreligiosa»…. Leer

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