derecho internacional

Soldados israelíes inspeccionan las mochilas de escolares en Tel Rumeida, Hebrón (Cisjordania), en 2012. Foto: Friends123 / Wikimedia Commons

«Hay motivos razonables para concluir que la actual ocupación israelí del territorio palestino es ilegal según el derecho internacional, debido a su permanencia y a las acciones emprendidas por Israel para anexionar partes del territorio, tanto de facto como de jure. Las acciones de Israel que tienen por objeto crear hechos irreversibles sobre el terreno y ampliar su control sobre el territorio son tanto reflejos como impulsores de su ocupación permanente».

Así encabeza las conclusiones de su primer informe la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel1. «Al seguir ocupando el territorio palestino por la fuerza, Israel incurre en responsabilidades internacionales y sigue violando los derechos de los palestinos, individualmente y como pueblo», añade la Comisión, uno de cuyos objetivos es hacer llegar la situación a la Corte Internacional de Justicia.

El informe, presentado este jueves, recuerda que, según el derecho internacional humanitario, la ocupación de territorio en tiempo de guerra es una situación temporal y no priva a la potencia ocupada de su condición de Estado ni de su soberanía.

En una comparecencia ante los medios este mismo jueves, la presidenta de la Comisión, Navi Pillay, antigua Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, fue más allá y aseguró que «declaraciones recientes del secretario general [de la ONU, António Guterres] y de numerosos Estados miembros han indicado claramente que cualquier intento de anexión unilateral del territorio de un Estado por otro Estado es una violación del derecho internacional y es nulo y sin efecto».

«La semana pasada, 143 Estados miembros, incluido Israel, votaron a favor de una resolución de la Asamblea General que reafirma esto», añadió Pillay, en referencia a la votación del pasado 12 septiembre en la que la Asamblea General rechazó la anexión por parte de Rusia de cuatro territorios ucranianos, con solo cinco votos en contra —Corea del Norte, Siria, Nicaragua, Bielorrusia y la propia Rusia—. Pillay agregó que para que este principio fundamental de la Carta de la ONU «tenga sentido», debe «aplicarse universalmente», incluyendo en el caso del territorios palestino ocupado.

Asegurarse un «control permanente»

En el informe, de 28 páginas, la Comisión revisa políticas y acciones empleadas por Israel para mantener la ocupación y anexionarse partes del territorio palestino ocupado. Entre esas acciones, el documento destaca que Israel ha sostenido y hecho avanzar su «empresa de asentamientos», e incluye declaraciones de funcionarios israelíes que reafirman la intención de mantener un control permanente sobre el territorio, en violación del derecho internacional.

«Al ignorar el derecho internacional, estableciendo o facilitando el establecimiento de asentamientos, y al transferir directa o indirectamente a civiles israelíes a estos asentamientos, los sucesivos gobiernos de Israel han establecido hechos sobre el terreno para garantizar el control permanente de Israel en Cisjordania», afirmó Pillay.

Según el informe, Israel continúa violando los derechos de los palestinos, tanto individualmente como en conjunto, ya que expropia tierras y recursos naturales, unas acciones que requieren confiscación, demolición y desplazamiento de los residentes.

«Hay mucho daño silencioso y trauma psicológico, que puede no ser evidente de inmediato, como resultado de la erosión de los derechos económicos, sociales y culturales», advierte el Comisionado Miloon Kothari, en declaraciones recogidas en la web de noticias de la ONU. «Estos procesos debilitantes tienen graves consecuencias a corto y largo plazo y deben abordarse con urgencia», agrega.

Impacto en los niños

La Comisión ha analizado los impactos de las políticas de ocupación y anexión específicamente en las mujeres y los niños. Con respecto a estos últimos, indica que «el ambiente coercitivo tiene un impacto especialmente severo en los niños palestinos, quienes experimentan una presencia militar constante, frecuentes enfrentamientos y actos de violencia, restricciones de movimiento y demolición de viviendas y destrucción de infraestructura y propiedades».

«Desde principios de 2022, un total de 20 niños han sido asesinados en Cisjordania y actualmente hay 56 órdenes de demolición pendientes contra escuelas en Cisjordania, incluida Jerusalén Este. Desde 1967, miles de niños han sido desplazados y trasladados a la fuerza como resultado de la demolición de 28.000 viviendas palestinas», añade.

El informe destaca además que este «ambiente coercitivo» que obliga a los palestinos a abandonar sus hogares «ha fragmentado a la sociedad palestina y obstaculizado el derecho a la autodeterminación».

Con respecto al uso de la tierra, el informe señala: «La tierra es un recurso natural clave, parte integral de la identidad y la economía palestinas. Actualmente, los palestinos pueden construir en menos del 1 por ciento de la tierra en el Área C77 debido a las políticas de planificación israelíes y a la expropiación de más de 2 millones de dunams [unas 200.000 hectáreas] de tierra por parte de Israel desde 1967. Israel ha expropiado tierras en Cisjordania por una variedad de de fines, incluidos la construcción de asentamientos, zonas industriales, tierras agrícolas y de pastoreo para colonos y carreteras, en contravención del derecho internacional».

«Crimen de guerra»

En el apartado dedicado a las consecuencias de la ocupación en lo referente a los derechos humanos, el informe detalla que «Israel ha creado y mantiene un entorno complejo de coerción, que incluye la demolición de viviendas y la destrucción de bienes, el uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad, el encarcelamiento masivo, la violencia de los colonos, la circulación restringida a través de puestos de control y en carreteras, y limitaciones en el acceso a medios de subsistencia, necesidades básicas, servicios y asistencia humanitaria».

El informe concluye diciendo que algunas de las políticas y acciones del gobierno israelí pueden constituir «elementos» de crímenes bajo el derecho penal internacional, incluido «el crimen de guerra» de transferir parte de su propia población civil al territorio ocupado.

«Las acciones de los gobiernos israelíes revisadas en nuestro informe constituyen un régimen ilegal de ocupación y anexión que debe abordarse», señala Chris Sidoti, otro de los comisionados, en declaraciones recogidas asimismo en la web de noticias de la ONU.

Sidoti agrega que el sistema internacional y los Estados individuales deben actuar y cumplir con sus obligaciones en virtud del derecho internacional. «Eso debe comenzar en esta sesión de la Asamblea General con una remisión a la Corte Internacional de Justicia», recalca.

«Antisemitismo»

La misión diplomática de Israel ante Naciones Unidas criticó rápidamente el informe este mismo jueves, denunciando que el documento no menciona el «conflicto de mayo de 2021», a Hamás, o «actos de terrorismo». (El informe se enmarca en la investigación independiente abierta para dilucidar si Israel cometió abusos de los derechos humanos en Cisjordania y la Franja de Gaza tras los once días de guerra entre Israel y Hamás en mayo de 2021).

La misión israelí aludió también los «comentarios flagrantemente antisemitas de un miembro de la Comisión», en referencia a las declaraciones de Kothari, según informa AP. «Los comisionados que hicieron comentarios antisemitas y que se involucraron de manera proactiva en el activismo contra Israel, tanto antes como después de su nombramiento, no tienen legitimidad ni credibilidad para abordar el tema en cuestión», dijo la misión israelí en un comunicado. «Son parte de la agenda antiisraelí que lamentablemente todavía existe en las Naciones Unidas», añadió.

Por su parte, el primer ministro de Israel, Yair Lapid, calificó también este viernes como «antisemita» el informe. «Precisamente porque yo no era primer ministro cuando se llevó a cabo la operación ‘Guardián de las Murallas’ me siento obligado a enfatizar que el informe de la ONU es parcial, falso y flagrantemente subjetivo», señaló Lapid en un mensaje en Twitter recogido por Europa Press. «No todas las críticas contra Israel incurren en el antisemitismo, pero este informe sí ha sido escrito por antisemitas», añadió.


¹ La Comisión Internacional Independiente de Investigación de Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Oriental, e Israel recibe su mandato del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Los comisionados no son personal de la ONU y no se les paga por su trabajo.

Más información y fuentes:
» Report of the Independent International Commission of Inquiry on the Occupied Palestinian Territory, including East Jerusalem, and Israel
» La ocupación israelí de los territorios palestinos es ilegal, determina la Comisión de Investigación (ONU)
» UN experts decry Israeli occupation of Palestinian areas (AP)
» La ONU determina que la ocupación israelí en territorio palestino es ilegal (Europa Press)

Una comisión de la ONU califica de ilegal la ocupación israelí y la equipara a las anexiones rusas

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Shaymaa al-Masri, de cinco años, en el hospital, tras resultar herida cuando la casa de su tío en Gaza fue bombardeada el pasado 9 de julio. Foto: Muhammad Sabah / B’Tselem

En la cobertura periodística de las guerras, ya se trate de informaciones sobre incidentes individuales o de adormecedores recuentos de víctimas, la distinción entre civiles y combatientes es esencial y, con frecuencia, también objeto de disputa. La muerte de cuatro niños que estaban jugando al fútbol en una playa de Gaza se ha convertido en el gran ejemplo de la violencia israelí contra los civiles palestinos, porque esos chicos eran claramente reconocibles como niños y, por tanto, como civiles.

Cuando los medios de comunicación informan sobre el número de víctimas en este conflicto desigual, ofrecen detalles que a la vez refuerzan y complican esa distinción entre civiles y combatientes. Por ejemplo, The Washington Post informó de que, hasta el pasado 26 de julio, 41 soldados y 3 civiles israelíes habían muerto en esta guerra, mientras que en el lado palestino las víctimas mortales ascendían a 129 militantes armados, 119 personas cuya función no era conocida y 676 civiles, incluyendo 111 mujeres y 132 niños. El nivel de detalle en la información sobre las muertes palestinas sugiere que existe una incertidumbre sobre qué palestinos cuentan como civiles y cuáles no. Las mujeres y los niños se subrayan, tanto en este recuento como en otros, porque son considerados unánimemente como civiles, personas inocentes, sin un papel activo y necesitadas de protección (1). El estatus de «civil» en lo que respecta a los hombres palestinos no está, sin embargo, tan claro, tal y como da a entender esa categoría de «función no conocida». Sobre los israelíes muertos no hay dudas. En su caso, los civiles no necesitan especificaciones demográficas, y no hay ninguna zona gris entre civiles y combatientes.

A pesar de que el término «civil» está recogido en las leyes internacionales, existe una larga historia de negación de este estatus a las poblaciones no europeas, algo que tiene mucho que ver con el más frecuentemente observado rechazo por parte de los ejércitos europeos y norteamericanos a considerar a sus adversarios como combatientes legítimos. El surgimiento de la figura del «beligerante sin privilegios», o «combatiente ilegal», al que me he referido en otras partes, es paralelo al correspondiente surgimiento de la figura del civil ilegítimo, no inocente o sospechoso. (2)

Las leyes sobre conflictos armados no definen directamente a los civiles. Todo aquel que no es combatiente es un no combatiente. Los combatientes pueden participar en actos de violencia contra otros combatientes, pero no pueden tener como objetivo, intencionadamente, a no combatientes. Aún así, los civiles son algo más que un término legal mal definido. El concepto está unido a imaginarios de guerras buenas y virtuosas. Y existen diferentes relatos sobre civiles que pueden arrojar luz sobre los polémicos recuentos actuales, tanto en Gaza como en otros lugares.

La historia oficial indica que los civiles están cada vez más reconocidos y protegidos por las leyes internacionales desde que se codificaron las normas que rigen los conflictos armados en las convenciones de La Haya y Ginebra. Las fuerzas armadas declaran públicamente la importancia de proteger a toda costa a los civiles, así como de liberarlos. Por ejemplo, la insistencia del ejército israelí en que las muertes de civiles palestinos se deben a que Hamás los usa como escudos humanos es, aunque una afirmación falsa, la prueba de que persiste una norma según la cual matar a civiles es fracasar como soldado. Cuando mueren civiles, la culpa se dirige hacia otra parte, o se cuestiona el estatus de civil de la víctima.

El lado oscuro del interés de las leyes internacionales en proteger a los civiles es que se espera que aquellos que son protegidos se comporten de forma pasiva, inocente y sumisa. El civil es una caricatura de la mujer o el niño que no participa nunca en política (3). Pero este civil ideal no existe en las zonas de guerra. Cuando se vive bajo una ocupación militar, y con el deseo de liberarse, la gente se implica en acciones políticas contra el dominio extranjero; no se sienta a esperar pacientemente a que llegue la liberación. Y, sin embargo, en Gaza y en otras partes, quienes apoyan políticamente acciones contra la ocupación son etiquetados continuamente como no civiles.

Bajo la celebración oficial de la progresiva protección que brinda el derecho internacional a los civiles se esconde otra historia: la codificación de la legislación internacional sobre conflictos armados que surgió a finales del siglo XIX y principios del XX coincidió con inmensas atrocidades, no solo en las dos guerras mundiales, sino también en innumerables guerras coloniales que ni siquiera fueron reconocidas como guerras.

La legislación internacional ha hecho mucho más por ocultar esta violencia que por frenarla. Un ejemplo: en 1925, en respuesta a la revuelta siria contra el ‘protectorado’ concedido a Francia por la Liga de Naciones, las tropas francesas bombardearon Damasco, una ciudad que tan solo estaba defendida por las propias fuerzas francesas, y mataron a cientos de residentes. Este ataque de un poder ocupante contra la población ocupada presenta muchas semejanzas con la situación estructural en Gaza, donde Israel alega su derecho a la autodefensa frente a un pueblo al que mantiene estrangulado en un estado de sitio. (4)

En los años veinte, los expertos en derecho internacional debatieron el bombardeo de Damasco. En las páginas del American Journal of International Law (AJIL), el capitán del ejército estadounidense Elbridge Colby defendía el ataque en un artículo titilado How to Fight Savage Tribes [cómo luchar contra tribus salvajes], e insistía en que las leyes de la guerra no son aplicables a los conflictos con pueblos «incivilizados»: (5)

Cuando no es posible diferenciar entre combatientes y no combatientes, y los pueblos salvajes o semisalvajes se aprovechan de esta identidad para llevar a cabo artimañas, acciones por sorpresa y masacres contra el ejército ‘regular’, los mandos deben afrontar estos problemas de un modo completamente diferente al que emplearían con pueblos occidentales. (6)

Y, más adelante, añade:

En el caso de los pueblos orientales acostumbrados a cometer y padecer saqueos, a torturar y desollar vivos a prisioneros distinguidos, te enfrentas a un oponente para el que las leyes de la guerra no significan nada. (7)

El modo en que se conduce la guerra pertenece, por tanto, a la discreción única de los mandos.

Las diatribas de Colby son citadas con frecuencia, pero el artículo, aparentemente más razonable, al que estaba respondiendo se suele pasar por alto. En un análisis sobre el bombardeo de Damasco, el reconocido jurista de derecho internacional y editor de AJIL Quincy Wright deploraba la violencia, pero llegaba asimismo a la conclusión de que, puesto que Siria no era un Estado, no había solución legal para una violencia que no era el resultado de una guerra internacional, sino la represión de una insurgencia (8). El tono paciente, razonable e inclusivo de Wright nos recuerda que la exclusión de los pueblos no europeos del derecho internacional no es patrimonio exclusivo de exaltados racistas como Colby, sino que está presente también en pensadores distinguidos, educados y analíticos como Wright.

Ha pasado mucho tiempo desde los años veinte, pero es necesario recordar que las potencias coloniales no acordaron las leyes internacionales que regulan los conflictos armados para proteger de la opresión a los pueblos colonizados. El término «civil», por ejemplo, se aplicaba originalmente a los europeos blancos que trabajaban como sirvientes o como personal no militar en el gobierno colonial (9). Las potencias coloniales insistían en la protección de «sus» civiles, pero no reconocían a los civiles existentes en la población que estaba bajo su dominio. Ante la muerte de civiles, su estatus como tales es cuestionado o eliminado, y el derecho internacional ha sido empleado repetidamente para justificar estos borrones.

Podemos ver ecos de esta historia en los continuados esfuerzos del ejército israelí por negar a los palestinos su estatus de civiles. Los palestinos que viven en Gaza no pueden eludir la proximidad de los combatientes de Hamás. Están expuestos a la mirada de los ‘drones’ israelíes, cuyos operadores, al igual que las terroríficas bombas, equiparan proximidad espacial a complicidad y culpabilidad. Y están expuestos también a un contexto internacional en el que muchos se apresuran a condenar la violencia de organizaciones militares no estatales como Hamás, pero tardan en hacer lo mismo con fuerzas armadas estatales como el ejército israelí.

Cuando se publicaron las imágenes de los niños muertos en la playa, las miramos horrorizados. Ciertamente, matar niños no está bien. Pero cuando vemos niños que han sido asesinados por disparos, necesitamos reconocer también el modo en que hemos deshumanizado y demonizado a sus familias, a sus amigos que ya no son niños, y cuyas muertes se han convertido en menos importantes porque estamos menos convencidos de su inocencia. Si las vidas de los niños son las únicas que merecen protegerse, si son sus muertes las únicas dignas de duelo, entonces nos hemos convertido en cómplices de las «estructuras del sentimiento» (en palabras de Edward Said) que hacen posible la opresión.

El derecho internacional es ensalzado a menudo como un arma contra la violencia y la deshumanización, pero su historia está entrelazada con historias de colonialismo, opresión y racismo. Las leyes internacionales no son una poción mágica; no conducen automáticamente a la emancipación. Cuando evocamos el derecho internacional debemos se conscientes de este pasado, y preguntarnos cómo vamos a utilizar estas leyes, y cómo vamos a aprender de esta historia, si el objetivo es reducir la violencia o justificarla, analizar la opresión o ignorarla. Debemos prestar atención a las víctimas civiles, y debemos prestar atención también a cómo se constituyen las categorías que, en la práctica, definen a combatientes y civiles, tanto para reafirmar virtudes marciales como para dar forma a los recuentos de cadáveres.


Christiane Wilke es profesora asociada y supervisora del Programa de Graduados en el Departamento de Derecho y Estudios Legales de la Universidad de Carleton, en Ottawa, Canadá.


Publicado en Critical Legal Thinking el 28/7/2014 (una primera versión, más corta, fue publicada originalmente en Ottawa Citizen)
Traducción del original en inglés: Civilians, Combatants, and Histories of International Law


Notas:
1. Helen Kinsella, «Gendering Grotius: Sex Difference and the Laws of War», Political Theory 34 (2006): 161 – 191. http://​ptx​.sagepub​.com/​c​o​n​t​e​n​t​/​3​4​/​2​/​1​6​1​
2. «Law’s Enemies: Enemy Concepts in U.S. Supreme Court Decisions»,  Studies in Law, Politics and Society 40 (2007). http://​ssrn​.com/​a​b​s​t​r​a​c​t​=​1​3​3​5​481
3. Kinsella, Gendering Grotius
4. Noura Erakat: http://m.thenation.com/article/180783-five-israeli-talking-points-gaza-debunked
5. Elbridge Colby, «How To Fight Savage Tribes», AJIL 21 (1927): 279 – 288. www​.jstor​.org/​s​t​a​b​l​e​/​2​1​8​9​127
6. Colby, p. 279
7. Colby, p. 285
8. Quincy Wright, «The Bombardment of Damascus», AJIL 20 (1926). www​.jstor​.org/​s​t​a​b​l​e​/​2​1​8​8​917
9. Derek Gregory, «The Death of the Civilian», Environment and Planning D: Society and Space 24 (2006). www​.envplan​.com/​e​p​d​/​e​d​i​t​o​r​i​a​l​s​/​d​2​4​0​5​e​d (pdf)

¿Civiles?, ¿combatientes?

Por Christiane Wilke.- En la cobertura periodística de las guerras, ya se trate de informaciones sobre incidentes individuales o de adormecedores recuentos de víctimas, la distinción entre civiles y combatientes es esencial y, con frecuencia, también objeto de disputa. La muerte de cuatro niños que estaban jugando al fútbol en una playa de Gaza se ha convertido en el gran ejemplo de la violencia israelí contra los civiles palestinos, porque esos chicos eran claramente reconocibles como niños y, por tanto, como civiles. […]

El complejo en el que se encontraba Bin Laden, en Abottabad, Pakistán.
Foto: Sajjad Ali Qureshi / Wikimedia Commons

Es mucho lo que sabemos ya acerca de las circunstancias que han rodeado la muerte de Osama bin Laden; mucho más lo que, con toda probabilidad, iremos sabiendo en los próximos días y mucho, también, lo que ignoramos aún, ignoraremos siempre o, sencillamente, está sujeto a diferentes versiones, más o menos subjetivas.

En general, las preguntas básicas están respondidas, al menos, de forma oficial. Conocemos el qué, el cómo, el cuándo, el dónde y, aunque esta cuestión pueda ser más interpretable, también el porqué.

Sabemos que comandos especiales de la Marina de EE UU mataron al líder de Al Qaeda en una operación militar la noche del pasado domingo. Que los hechos ocurrieron en la localidad paquistaní de Abottabad, al norte del país, no muy lejos de Islamabad. Que Bin Laden vivía en un complejo residencial relativamente aislado, que fue tomado al asalto con la ayuda de helicópteros. Que hubo «intercambio de disparos» y que, además de Bin Laden, murieron otras tres personas. Que el líder terrorista no estaba armado y que falleció tras recibir un disparo en la cabeza y varios en el pecho.

Sabemos también que la operación duró exactamente 38 minutos, que el riesgo de fracaso era elevado (las posibilidades de encontrar allí a Bin Laden eran del 60%) y que el gobierno paquistaní no había sido informado. Y sabemos, además, que la orden directa del ataque la dio el presidente de EE UU, Barack Obama, y que lo hizo sin el pleno consenso de su equipo. No sólo eso. Sabemos que la orden no era capturarlo vivo, sino matarlo, a menos que Bin Laden «levantase las manos y se rindiera», algo que, según había expresado el propio líder de Al Qaeda en muchas ocasiones, era prácticamente imposible que ocurriese.

¿Qué más? Hemos visto gráficos detallados de la casa, de cómo atacaron los soldados y hasta de las armas que llevaban. Nos han dicho que el cuerpo de Bin Laden fue «arrojado al mar» y que su ADN está comprobado. Y con la información que hay ya sobre las pistas, informantes y torturas en Guantánamo (asfixia simulada incluida) que condujeron hasta el (aún presunto) cerebro del 11-S, contamos con material de sobra para escribir el guión de una película (Hollywood ya la está preparando).

Ya tenemos incluso una lectura política: La popularidad de Obama ha subido como la espuma, tras haber caído en los últimos meses como consecuencia de estar acorralado en el Congreso y de haber perdido parte de su prestigio internacional.

Y, sin embargo, los interrogantes siguen siendo, como poco, igual de numerosos.

Muchos de ellos tienen que ver con la legalidad de la operación militar en sí y, en este caso, hay respuestas en los dos sentidos. Otros, como qué va a ocurrir ahora con Al Qaeda, o hasta qué punto la muerte de Bin Laden supondrá un antes y un después en la llamada guerra contra el terrorismo, sólo pueden responderse todavía en el terreno de la especulación, en caliente. Y algunas de las preguntas que todavía no tienen respuesta son, por último, mucho más concretas, pero, por una u otra razón, no tenemos una versión oficial clara, o simplemente permanecen en secreto.

Vista aérea del complejo en el que se encontraba Bin Laden, en Abottabad, Pakistán.
Foto y mapa: CIA / Departamento de Defensa de EE UU

Estos son, sin necesidad de acudir a las muchas teorías ‘conspiranóicas’ que ya han surgido, 20 de los muchos misterios que envuelven aún la muerte del terrorista más buscado del mundo.

1. ¿Ha sido una operación legal según el derecho internacional?

Teniendo en cuenta que las fuerzas estadounidenses no contaban con autorización expresa del gobierno paquistaní para entrar en el país y llevar a cabo una operación militar, la respuesta es que no. Estamos ante una violación de la soberanía de un Estado.

El director de la CIA, Leon Panetta, no se ha andado por las ramas: «El Gobierno paquistaní nunca supo nada sobre esta misión, porque Estados Unidos se planteó de forma deliberada que se trataría de una misión unilateral. El presidente Obama había dejado muy claro a los paquistaníes que si teníamos pruebas sólidas de dónde estaba localizado Bin Laden, entraríamos a por él. Y eso es justo lo que ocurrió».

Algunos expertos, sin embargo, lo justifican apelando a la condición de criminal internacional de Bin Laden y a la ineficacia (en el mejor de los casos) para capturarle demostrada por el país en el que se encontraba. Argumentan asimismo que la legislación internacional es ambigua y deja espacio suficiente como para que un Estado que está inmerso en un conflicto armado, o en una legítima defensa, pueda llevar a cabo este tipo de acciones sin necesidad de aplicar procesos legales.

2. ¿Y según la legislación interna estadounidense?

Depende. Según expertos consultados por la BBC, las dos normas fundamentales para responder a esta pregunta son la «Autorización para el uso de la fuerza militar» y la «Resolución de poderes de guerra». La primera fue emitida tras el 11-S y autoriza al presidente a emplear toda la fuerza necesaria contra quienes «considere que de forma determinante» son responsables de los atentados.

Pero esta facultad estaría supeditada, en principio, a la segunda norma mencionada, aprobada en 1973, y que exige que el inicio de hostilidades bélicas sea consultado al Congreso, algo que no se ha hecho en esta ocasión.

El debate queda reconducido, por tanto, a si se ha tratado de un acto de guerra o no.

3. ¿Ha sido un acto de guerra?

Implícitamente, EE UU considera que sí. Bin Laden se declaró en guerra contra el país norteamericano, y eso le habría convertido automáticamente en enemigo. Pero, por una parte, muchos expertos opinan que sólo puede existir guerra, jurídicamente hablando, cuando ambos contendientes son Estados y, por otro lado, Washington no se ha declarado nunca oficialmente en guerra contra Bin Laden (o contra Al Qaeda, para el caso). De hecho, EE UU sólo ha declarado oficialmente la guerra cinco veces a ocho países en toda su historia. Muchos de los conflictos en los que ha participado (Vietnam, Irak, Afganistán) han sido calificados de «enfrentamientos militares».

4. Una operación así, ¿no debería autorizarla el Consejo de Seguridad de la ONU, o algún otro organismo internacional?

Si se trata de una intervención militar en un país extranjero, parece lógico pensar que habría sido necesario el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU (el caso de Libia, por ejemplo). No, evidentemente, en el momento mismo de la operación, sino como una especie de aval, «ocurra cuando ocurra». EE UU, desde luego, no lo tenía.

Tampoco se ha tratado de una operación coordinada por organismos policiales como la Interpol, con capacidad legítima para actuar internacionalmente. En este sentido, la pregunta vuelve a remitir al punto de partida: ¿Era una operación militar o una operación policial?

5. ¿Qué era Bin Laden? ¿Un delincuente o un enemigo?

Tampoco está claro. Si se le consideraba un delincuente, un criminal, entonces se ha violado la presunción de inocencia, el derecho a un juicio justo y el derecho a una defensa legal. Se le ha aplicado la pena de muerte (a él y a las otras personas que murieron en el asalto) sin proceso alguno.

Y si se le consideraba un enemigo, entonces tenía derecho a la protección que establece, entre otros acuerdos, la Convención de Ginebra, a menos que su muerte se haya producido durante una acción bélica. En cualquier caso, la intención, como ha reconocido el propio jefe de la CIA, era acabar con su vida.

6. ¿Era inevitable acabar con su vida?

No lo sabemos. Nos han dicho que hubo «resistencia», pero no exactamente cuánta ni de qué tipo.

El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, reveló el martes que Bin Laden estaba desarmado en el momento en el que las fuerzas especiales de EE UU accedieron a su domicilio, pero que «se resistió» a ser capturado y no mostró intención de rendirse. Este relato contradice la primera versión ofrecida por el principal asesor de seguridad de la Casa Blanca, John Brennan, quien aseguró que Bin Laden «estuvo implicado en el tiroteo».

Las operaciones especiales son patrimonio de hombres sometidos a durísimos entrenamientos de resistencia física y psicológica. Solo las personas más excelentes tienen acceso a cuerpos de élite como los Navy SEALS, responsables de la operación que acabó con la vida de Bin Laden. Brennan matizó que «si se hubiese podido capturar vivo a Bin Laden, se habría hecho». Resulta cuando menos dudoso pensar que este comando no pudo haber reducido a un hombre desarmado de 54 años sin necesidad de matarlo a tiros. «Existen formas de resistencia que no implican esgrimir un arma», puntualizó Carney.

Una hija del terrorista, bajo custodia paquistaní, aseguró que su padre fue capturado vivo por soldados antes de recibir un tiro en la cabeza y en el pecho ante su familia.

Planta de la casa donde se escondía Osama bin Laden, en Abottabad, Pakistán.
Gráfico: Departamento de Defensa de EE UU

7. ¿Qué habría pasado si le hubiesen capturado vivo?

Aunque aquí entramos en el terreno de la elucubración, los defensores de la acción estadounidense destacan que un Bin Laden vivo y ante los tribunales habría sido aprovechado de forma propagandística por Al Qaeda y el integrismo islámico. Argumentan, también, que ninguna de las posibles opciones era recomendable: ¿Lo habrían enviado a Guantánamo o habría sido juzgado en suelo estadounidense (en Nueva York o en Washington, en este caso, que es donde cometió los delitos)? ¿Bin Laden en Nueva York? ¿O habría sido juzgado, tal vez, en Afganistán (el país que invadió EE UU para capturarlo), en plena guerra contra los talibanes? ¿Y qué habría pasado si los saudíes, aliados de EE UU, hubiesen querido extraditarlo?

Los detractores de la operación de EE UU, sin embargo, indican que con su muerte se ha fabricado un mártir, un héroe al que no han logrado capturar vivo, una leyenda. Y otros, como el periodista británico Robert Fisk, van más allá aún: «Un tribunal podría haber preocupado a más gente, no sólo a Bin Laden. Después de todo, Bin Laden podría haber hablado de sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán, o acerca de sus encuentros íntimos en Islamabad con el príncipe Turki, el jefe de la inteligencia saudí. Justo igual que ocurrió con Sadam, que fue juzgado por el asesinato de sólo 153 personas, y no por los miles de kurdos a los que gaseó, y que fue ahorcado antes de que tuviese la oportunidad de contarnos cosas sobre los componentes de las armas químicas procedentes de EE UU, o sobre su amistad con Donald Rumsfeld, a quien recibió en 1980 después de invadir Irán, siendo éste asistente militar del ejército estadounidense».

8. ¿Es cierto que no hubo ninguna baja estadounidense durante la operación?

En principio, esa es la versión oficial, pero algunos analistas militares consideran poco probable que, si realmente hubo un tiroteo intenso, no se produjese ni un solo herido, aunque fuese leve, entre los soldados de EE UU.

En cualquier caso, se trata de la fuerza de élite de los marines, especialmente entrenada para este tipo de misiones y de una eficacia letal (no en vano le cuestan al contribuyente de EE UU unos 1.000 millones de dólares al año), por lo que, de haber contado con el elemento sorpresa, tampoco es descartable que no se produjeran bajas.

9. ¿Cuántos helicópteros se emplearon en el ataque y de dónde venían?

Según el diario británico Daily Telegraph, que cita fuentes de la inteligencia de Pakistán, en la operación tomaron parte cuatro helicópteros que despegaron de una base paquistaní, en el norte del país (otras informaciones sitúan en Afganistán el inicio de la operación). La revista Time también informa de cuatro aparatos, pero The Wall Street Journal habla de sólo dos, y The New York Times señaló que testigos habían visto un total de tres.

10. ¿Qué pasó con el helicóptero destruido?

Tampoco está claro qué pasó con el helicóptero que fue destruido con explosivos por los propios soldados estadounidenses tras el asalto, teóricamente, para que los restos no fuesen confiscados. Según algunas versiones, había sido alcanzado por disparos efectuados desde tierra, mientras que en otras, la mayoría, se especula con la posibilidad de un fallo mecánico.

11. ¿Por qué han arrojado al mar el cuerpo?

Según se ha informado, el cuerpo de Bin Laden fue trasladado hasta el Mar Arábigo, envuelto en un manto blanco y lanzado al mar. Estados Unidos justificó la rapidez de esta acción amparándose en la ley islámica, que aconseja enterrar a los difuntos en un corto plazo de tiempo. Sin embargo, expertos en el islam han explicado que arrojar un cadáver al mar contradice la sharia.

¿Cuál es, en cualquier caso, la verdadera razón para hacer desaparecer el cadáver? ¿Evitar que una posible tumba se convierta en santuario para sus seguidores y fuente de futuros conflictos? Por otro lado, si se tiene en cuenta que Bin Laden nació en Yemen, creció en Arabia Saudí y luego renegó de este país y vivió en Sudán, Afganistán y Pakistán, tampoco resultaba fácil decidir dónde enviar sus restos para ser enterrados.

Y queda pendiente, además, otra cuestión importante: ¿Qué pasa con el derecho de los familiares a recuperar el cuerpo?

12. ¿Veremos las fotos del cadáver?

El director de la CIA dice que sí, pero Barack Obama ha decidido que no se publiquen porque el cadáver de Bin Laden «no es un trofeo». La fotografía, supuestamente, muestra una enorme herida encima del ojo izquierdo que deja entrever parte del cerebro.

La imagen de un Bin Laden cosido a tiros puede resultar, en palabras de funcionarios del propio gobierno estadounidense, «incendiaria». Pero, a la vez, sería una prueba más sólida que las muestras de ADN (unas muestras que tampoco se han hecho públicas hasta ahora) de cara a que, tanto los más escépticos como muchos de sus seguidores, pudiesen convencerse de que realmente ha muerto.

Celebraciones en Times Square, Nueva York, tras la muerte de Osama bin Laden.
Foto: Josh Pesavento / Wikimedia Commons

13. ¿Es cierto que Bin Laden usó a una de sus mujeres como escudo humano?

El Pentágono, Washington y el propio John Brennan defendieron en un primer momento que Bin Laden había utilizado a una de sus mujeres como escudo humano para refugiarse de los disparos. La información ha sido desmentida posteriormente por todas las partes. La mujer en cuestión permanece hospitalizada con un tiro en la pierna y no fue utilizada como escudo.

14. ¿Llegaron a decirle algo antes de matarlo?

No ha trascendido si los militares estadounidenses y Bin Laden intercambiaron o no palabra alguna, o si Bin Laden llegó a expresar algún mensaje antes de ser abatido.

15. ¿Quiénes son las otras víctimas de la operación?

Lo único que se sabe es que se trata de dos hombres y una mujer, pero nada más. Tampoco se ha informado de qué se ha hecho con sus cuerpos.

16. ¿Quién más había en la casa? ¿Hay algún detenido?

Según la agencia AP, los soldados dejaron en el recinto a 23 niños y nueve mujeres, pero un funcionario paquistaní indicó que están bajo custodia solo nueve niños de entre dos y 12 años. El gobierno de Pakistán, por su parte, habría asegurado tener bajo custodia a una mujer de Bin Laden y a una de sus hijas, detenidas tras el asalto a la residencia.

La agencia Efe, citando una fuente de los servicios secretos de Pakistán, añade que ambas se encontraban en la casa cuando entraron los soldados.

A día de hoy, se desconoce el número de colaboradores de Bin Laden detenidos en la operación, o quiénes son.

17. ¿Tiene derecho EE UU a llevarse la información obtenida en la casa de Bin Laden?

Según informó el portal de Internet Politico, el comando que asaltó la casa de Bin Laden logró hacerse con gran cantidad de equipo informático y discos duros pertenecientes al jefe de Al Qaeda. Los servicios de inteligencia de EE UU estarían revisando estos discos duros y externos en un enclave secreto en Afganistán, desde donde, también teóricamente, se lanzó la operación. Pero, ¿tiene Estados Unidos derecho legal a sacar ese tipo de material del país donde ha sido requisado?

18. ¿Cómo es posible que llevase al menos tres años viviendo en Pakistán sin que lo supiesen los servicios secretos de este país?

Es las pregunta del millón. Bin Laden ocupaba un complejo nada discreto, a unas cuantas decenas de kilómetros de la capital paquistaní, cerca de una ciudad en la que hay una base y una academia militar del ejército de Pakistán. En principio, con los servicios de inteligencia de medio mundo detrás de él, no parece el mejor escondite. Muchos en EE UU apuntan ya directamente a una complicidad de Pakistán. Las otras opciones son dos, una ineficacia total por parte de los servicios secretos de este país, o una habilidad increíble por parte de Bin Laden.

En este sentido, la revista The New Yorker plantea un buen número de interrogantes que, no por obvios, tienen menos importancia: ¿De quién es la tierra donde construyó Bin Laden la casa? ¿Cómo adquirió el terreno o a través de quién? ¿Quién le diseñó la vivienda? ¿Quiénes trabajaban allí? ¿Le visitaba alguien? ¿Con qué frecuencia?

Y, más aún: ¿No salía nunca? ¿No le vio nunca nadie? ¿Había cambiado de aspecto para evitar ser reconocido? ¿Qué aspecto tenía? ¿Cuántas personas sabían de su presencia allí? ¿Alguna de ellas tenía algún tipo de cargo público?

19. ¿Dónde se ocultó Bin Laden antes de allí? ¿Llegó a vivir en cuevas?

No hay ninguna prueba real de que Bin Laden haya vivido en cuevas durante estos años, pese a que eso es lo que se creyó durante mucho tiempo.

A principios de los noventa, y con propósitos propagandísticos, Bin Laden invitaba a algunos periodistas a entrevistarle en cuevas de Tora Bora, en Afganistán, pero él vivía realmente en un confortable complejo perteneciente a uno de los señores de la guerra locales. A finales de esa década se mudó a otro complejo cerca de Kandahar, también en Afganistán, y ahora vivía en otra gran vivienda en Pakistán.

Entre medias, aún no se sabe, pero la Casa Blanca ha indicado que, tras años de búsqueda, EE UU se dió cuenta finalmente de que Al Qaeda prefiere «áreas muy pobladas» a «cuevas o pequeños pueblos».

20. ¿Quién filtró la foto falsa de Bin Laden?

Una imagen del supuesto cadáver de Osama bin Laden fue divulgada por varios medios y redes sociales poco después de conocerse la muerte del líder de Al Qaeda. Sin embargo, según un comunicado de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) emitido horas después, la imagen era falsa. ¿Quién filtró la fotografía? ¿Con qué intención?


Publicado originalmente en 20minutos

Veinte incógnitas sobre la muerte de Osama bin Laden

Es mucho lo que sabemos ya acerca de las circunstancias que han rodeado la muerte de Osama bin Laden; mucho más lo que, con toda probabilidad, iremos sabiendo en los próximos días y mucho, también, lo que ignoramos aún, ignoraremos siempre o, sencillamente, está sujeto a diferentes versiones, más o menos subjetivas. En general, las preguntas básicas están respondidas, al menos, de forma oficial. Conocemos el qué, el cómo, el cuándo, el dónde y, aunque esta cuestión […]

La portada de la revista ‘Time’ del 7 de mayo de 1945, tras la muerte de Adolf Hitler, y la de esta semana, con Osama bin Laden

La operación de las fuerzas especiales del ejército de EE UU que ha acabado con la vida de Osama bin Laden en Pakistán ha dado lugar a una lógica avalancha de opiniones y análisis. Expertos, comentaristas, políticos y representantes públicos de todo el mundo tratan de responder a los interrogantes, valorar lo sucedido y aventurar pronósticos para el futuro.

Esta es una pequeña selección de reflexiones publicadas hasta ahora, tanto en medios de comunicación tradicionales (en papel y en Internet) como en la blogosfera, y atendiendo exclusivamente a la cuestión de si la operación militar fue o no legal, y si está justificada.

Los expertos consultados por la BBC señalan dos normas básicas en torno a las que hay que discutir la legalidad o no de esta acción militar: La «Autorización para el uso de la fuerza militar» y la «Resolución de poderes de guerra»:

La primera fue emitida tras el 11-S y el Congreso para autorizar al presidente a emplear toda la fuerza necesaria contra quienes «considere que de forma determinante» son responsables del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono.

Esa autorización está supeditada a la segunda norma apuntada por los expertos, la «Resolución de poderes de guerra», ley federal de 1973 que exige que el inicio de hostilidades sea consultado al Congreso y además expresamente autorizado si es que dura más de dos meses.

Con esas dos normas como marco inicial básico, los expertos coinciden en que la clave de la legalidad de la acción contra Bin Laden acaba siendo reconducida al debate de si la operación se trató de un genuino acto de guerra. […]

Los que niegan que fuese un acto de guerra señalan que no es posible emprenderla contra una entidad que no sea un Estado. […]

Otros analistas discrepan e indican que se trató de un legítimo acto de guerra y que Obama actuó amparado por la «Autorización para el uso de la fuerza militar» emitida contra todos los implicados en el 11-S.

Quienes se inclinan por considerar la acción legal resaltan que lo fue porque los comandos que ejecutaron la operación contemplaban la opción de permitir que los islamistas se rindieran. […]

Varios medios de comunicación israelíes compararon este martes la eliminación del jefe de Al Qaeda con las «liquidaciones selectivas» que Israel ha llevado a cabo contra algunos líderes de Hamás o Hizbulá:

Estados Unidos ha logrado una operación de liquidación selectiva por excelencia.

Un comentarista en la radio pública israelí

Israel podría considerar que desde un punto de vista legal la liquidación de Bin Laden fuera de las fronteras de Estados Unidos le otorga una firma en blanco para actuar contra terroristas fuera de sus fronteras.

Diario Israel Hayom

¿Cómo habría sido la reacción de la comunidad internacional si Israel hubiera matado a Bin Laden sin proceso?

Diario Yediot Aharonot
Imagen cedida por la Casa Blanca en la que se ve al presidente de EE UU, Barack Obama, y a varios miembros del equipo de seguridad nacional estadounidense, siguiendo en directo la misión que acabó con la muerte de Bin Laden en Pakistán. Foto: Pete Souza / Casa Blanca

Más opiniones:

[…] El 11-S puso el último clavo en el ataúd legal de Bin Laden. […] El presidente de Estados Unidos tiene una amplia potestad para llevar a su país a conflictos bélicos. Es cierto que en la Sección Octava del Artículo Primero de la Constitución se especifica que el Congreso tendrá, entre otros poderes, el de «declarar la guerra (…) y adoptar normas concernientes a la captura de tierras y aguas». Pero no lo es menos que el texto no especifica qué es una «guerra». EE UU sólo ha declarado oficialmente la guerra cinco veces a ocho países, entre ellos, precisamente, España, en 1898. Algunos otros conflictos son considerados «enfrentamientos militares», pero han sido autorizados por el Congreso, como, por ejemplo, Vietnam, la Guerra del Golfo, la invasión de Irak y la Guerra de Afganistán.

Pablo Pardo, en El Mundo

No conocemos, y probablemente no conoceremos nunca, los detalles de lo sucedido. No sabemos, y probablemente no sabremos nunca, si hubiera sido posible capturar con vida al asesino Bin Laden para que recibiera un juicio justo.

Aunque percibo que una inmensa mayoría de los ciudadanos de los países occidentales están felices y consideran lo sucedido como una demostración de fuerza que genera confianza en la eficacia de la democracia americana, y por ende, de sus aliados, formo parte de la minoría que piensa que acabar de este modo con la vida de este repugnante ser humano ha sido un error que puede tener graves consecuencias que podemos pagar cualquiera.

Melchor Miralles, en El Confidencial

Hay quien argumenta que el uso de fuerza letal contra individuos concretos elimina la posibilidad de un juicio justo y constituye un asesinato ilegal. Pero un Estado que está inmerso en un conflicto armado, o en una legítima defensa, no necesita aplicar procesos legales a sus objetivos antes de usar la fuerza letal.

Harold Hongju Koh, consejero legal del Departamento de Estado de EE UU, citado en The Guardian

Obama no ha reconocido la autoridad de la joven Corte Penal Internacional (2002) como garantía mínima de legalidad contra los desmanes de la guerra, pero a pesar de eso le hemos otorgado el liderazgo moral imprescindible para llevar a cabo esta extraña intervención militar libertadora. Hemos renunciado a la superioridad moral que nos otorgaba el condenar todo tipo de violencia política contra el Estado o del Estado.

Luis Fernando Crespo Zorita, un lector, en El País

No es justicia exactamente lo que ha encontrado Bin Laden. Si la OTAN es cuestionada en los últimos días en Trípoli por rozar a Gadafi en un bombardeo que ha matado a uno de sus hijos y varios nietos. Si la resolución de la ONU que permite la intervención internacional para fijar una zona de exclusión aérea en Libia no incluye precisamente acabar con el dictador. Si la guerra de Irak ha sido llevada a los infiernos de las guerras por no contar con ningún tipo de legalidad internacional frente a los casos de Kosovo, Afganistán o Libia. Si todo eso ocurre es porque la causa de la legalidad internacional parecía emerger como único salvavidas en el universo posterior a la guerra fría en que hemos visto naufragar grandes valores en los pozos del 11-S, Guantánamo o Irak. […]

No es legalidad lo que se enarbola, sino la legitimidad construida sobre 3.000 muertos en el corazón de EEUU e incontables atentados en otros países, incluido el doloroso 11-M de Madrid.

Berna Honzález Harbour, en El País

La muerte de Bin Laden elimina el campo minado que habría supuesto capturarle vivo y someterlo a un juicio. ¿Acaso hubieran proferido convertir esto en un juicio espectáculo? ¿Lo habrían enviado a Guantánamo o habría sido juzgado en suelo estadounidense? ¿Juzgarlo en Afganistán? ¿Y qué habría pasado si los saudíes, aliados de EE UU, hubiesen querido extraditarlo? Todas las alternativas pintaban mal.

Christian Leuprecht, experto en seguridad internacional, en The Toronto Star

Osama bin Laden se hizo famoso por cometer y apoyar actos en todo el mundo que equivalieron a crímenes contra la Humanidad. También inspiró a otros a cometer graves abusos contra los Derechos Humanos. Su muerte podrá fin a su papel como organizador o inspirador de este tipo de actos criminales. Desconocemos las circunstancias de su muerte y de la de otras personas que estaban con él, y estamos intentando conocerlas.

Claudio Cordone, director de Amnistía Internacional

En este momento no creemos que el lugar donde estaba Osama bin Laden sea un área de conflicto armado, así que hace falta una investigación. La gente dice que se ha hecho justicia, pero no se ha hecho justicia. La justicia se hace cuando alguien es arrestado y llevado a juicio.

Brad Adams, director de Human Rights Watch en Asia

El Gobierno considera que la muerte de Osama bin Laden en una operación de las fuerzas especiales y de los servicios de Inteligencia de Estados Unidos supone un paso decisivo en la lucha contra el terrorismo internacional y por ello quiere felicitar al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a su Gobierno y a sus Fuerzas Armadas. Asimismo, el Gobierno reitera su compromiso de colaboración con Estados Unidos y otros países unidos en la lucha contra el terrorismo allá donde se geste o ejecute.

Gobierno español, en un comunicado oficial

No deja de sorprender cómo se ha naturalizado el crimen y el asesinato, y cómo se celebra. Antes, los gobiernos imperiales por lo menos guardaban las formas ante la muerte de cualquier individuo, independientemente de lo que se le acuse.

Elías Jaua, vicepresidente de Venezuela

Queda, por supuesto, una pregunta obvia sin responder: ¿No podían haber capturado a Bin Laden vivo? ¿No le fue posible a la CIA, a los Navy Seals, a las Fuerzas Especiales, o a cualquiera que fuese la unidad estadounidense que le mató, haber lanzado una red sobre el tigre? Obama ha calificado su muerte como un acto de «justicia». En los viejos tiempos, «justicia» significaba un proceso, un tribunal, una audiencia, una defensa, un juicio. Como los hijos de Sadam, Bin Laden fue abatido a balazos. Desde luego que él nunca quiso ser capturado vivo […]. Pero un tribunal podría haber preocupado a más gente, no sólo a Bin Laden. Después de todo, Bin Laden podría haber hablado de sus contactos con la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán, o acerca de sus encuentros íntimos en Islamabad con el príncipe Turki, el jefe de la inteligencia saudí. Justo igual que ocurrió con Sadam, que fue juzgado por el asesinato de sólo 153 personas, y no por los miles de kurdos a los que gaseó, y que fue ahorcado antes de que tuviese la oportunidad de contarnos cosas sobre los componentes de las armas químicas procedentes de EE UU, o sobre su amistad con Donald Rumsfeld, a quien recibió en 1980 después de invadir Irán, siendo éste asistente militar del ejército estadounidense.

Robert Fisk, en The Independent

Una operación militar no es un acto de justicia. Es un acto de guerra, lo que no lo hace inevitablemente más o menos asumible. Osama bin Laden declaró la guerra a EE UU y siempre dejó claro que estaba dispuesto a morir. Acabar detenido o fallecer de muerte natural le hurtaba la posibilidad de convertirse en un mártir, que es lo que estaba exigiendo a sus partidarios.

En muchas ocasiones, y no relacionadas con la guerra o el terrorismo, nos encontramos con apelaciones a la justicia que son en realidad llamamientos a la venganza. Son dos conceptos diferentes que se entrecruzan con desgraciada facilidad.

Lo que es realmente lamentable no es que Bin Laden haya encontrado el destino que buscaba sino que miles de personas hayan muerto a causa de sus ideas criminales. O que miles de personas hayan también fallecido cuando EE UU decidió aprovechar la agresión del 11-S para embarcarse en una cruzada con la que asegurar su hegemonía en Oriente Medio.

Comparado con eso, la muerte o ejecución de Bin Laden es sólo una nota moral a pie de página.

Íñigo Sáenz de Ugarte, en Guerra Eterna

Nadie quiere criticar la forma en que han matado a Obama bin Laden. Todo el mundo está aplaudiendo la exitosa operación, y, tanto en Nueva York como otras ciudades de Estados Unidos, la gente corriente ha explotado en júbilo. Las únicas palabras compasivas han venido de la menos política de las voces autorizadas, el Vaticano. Su portavoz ha declarado que «un cristiano no se alegra nunca de la muerte de un hombre». Yo parafrasearía la declaración vaticana en un lenguaje menos religioso y más legal: «Ningún ser humano debería alegrarse nunca de la muerte extrajudicial de un acusado». […]

La reacción de la mayoría de los estadounidenses ha mostrado la peor cara de este país. Es como si sólo se hiciera justicia cuando el culpable es castigado apropiadamente, incluso si el castigo es una muerte brutal. El concepto de la represalia es tan importante que las víctimas colaterales son consideradas un precio que resulta perfectamente aceptable pagar. De hecho, hemos sido informados de que en total murieron cuatro personas: dos hombres, una mujer y, por supuesto, el gran villano. ¿Estamos seguros de que esos otros tres individuos merecían también la pena de muerte? […]

Tal vez sea cierto que no había otra opción. Pero hemos perdido algo no llevando a Bin Laden a juicio. Hemos perdido la misma razón de ser de la justicia.

Daniele Archibugi, director del Centro Nacional de Investigación Italiano, en openDemocracy

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Sobre la legalidad de la muerte de Bin Laden

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