Libia

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, anunció este jueves que Turquía está trabajando en «una hoja de ruta» para poner fin a la guerra en Libia. El plan, que incluiría un alto el fuego y la retirada de las fuerzas leales de Gadafi de algunas ciudades, ha sido rechazado por los rebeldes, que exigen a Ankara acciones «menos benevolentes», pero, más allá de su poco éxito, la iniciativa se enmarca dentro de una escalada de la diplomacia turca, que, con su modelo de convivencia más o menos exitosa entre islam y democracia secular, busca ampliar su influencia al abrigo de las revueltas árabes.

A su favor, Turquía cuenta con una buena imagen creciente entre la población árabe, conseguida gracias al progresivo deterioro de sus relaciones con Israel, y con el vacío dejado por el hasta ahora preponderante papel diplomático de Egipto en la región.

Turquía, además, está embarcada en un cambio de rumbo estratégico hacia el este. No ha perdido su interés en Occidente, pero la oposición de Francia y Alemania a su integración rápida en la UE la ha llevado a explorar nuevas vías en Oriente Medio, Rusia y Asia, incluyendo una forma de tratar a Irán que, sin ser amistosa, tampoco es hostil.

En un artículo publicado en IPS, Barbara Slavin explica esta especie de renacer turco, que algunos han comparado con la Francia de De Gaulle y otros han llegado a calificar nada menos que de «neo-otonamismo»:

En un lapso de 24 horas el canciller turco Ahmet Davutoğlu se reunió esta semana con un delegado de Libia, despachó un alto funcionario a Trípoli y viajó a Bahréin y Siria, todos regímenes que intentan sobrevivir a la imparable «primavera árabe». Se trató de una acción típica del máximo diplomático de Turquía. Desde Libia hasta Irán y de Gaza a Afganistán, Turquía ha intervenido en crisis que han frustrado a naciones más poderosas.

Esta ofensiva diplomática, sin embargo, tiene también importantes zonas oscuras:

El desafío más reciente para la diplomacia turca -la ola de levantamientos por la democracia en el mundo árabe- alentó una mayor actividad, pero también dio lugar a una serie de evasivas.

Erdoğan estuvo entre los primeros líderes extranjeros que exigieron la renuncia del presidente egipcio Hosni Mubarak. Pero en cuanto a Libia, donde Turquía posee contratos de construcción por miles de millones de dólares, llamó a un alto el fuego que pudiera dejar a Gadafi en su puesto.

Otro caso en el que también existe bastante «ambivalencia» es su relación Siria, un aliado crucial para acallar la persistente rebelión kurda. En este sentido, el tono de la petición de Ankara al presidente sirio, Bashar al Asad, de que «no retrase las reformas» dista mucho del empleado anteriormente con Hosni Mubarak.

Por último, con respecto al islam, es cierto que el llamado modelo turco resulta tentador para muchos árabes que están pidiendo más democracia y más libertad, pero que no quieren renunciar a sus raíces islámicas, pero la cosa, sin embargo, no será ta fácil. Como explica el analista F. Stephen Larrabee:

El islam moderado del AKP [Partido de la Justicia y el Desarrollo, gobernante en Turquía] surgió en gran medida en respuesta a factores internos, particularmente los efectos acumulativos de varias décadas de democratización y transformación socioeconómica, que crearon una nueva clase empresarial en Anatolia, que era económicamente liberal, pero social y políticamente conservadora. Esta clase, uno de los principales pilares del apoyo electoral del AKP, no existe en otros lugares de Oriente Medio.


Más información:
» Understanding Ankara: Turkey’s Resurgence Amidst Regional Unrest (Sabahat Khan, en Eurasia Revew)
» Turkey: The sultans of swing (Pepe Escobar, en Asia Times Online)
» Why Turkey is Looking East (Jamal Dajani, en The Huffington Post)

¿Turquía superstar?

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, anunció este jueves que Turquía está trabajando en «una hoja de ruta» para poner fin a la guerra en Libia. El plan, que incluiría un alto el fuego y la retirada de las… Leer

Algunas de sus fotografías de la guerra en Libia se han convertido ya en iconos, como lo son también muchas de las imágenes que tomó en El Cairo durante la revolución popular egipcia, las que captó en Irak durante la invasión liderada por Estados Unidos, o las que han reflejado, como pocas, el conflicto palestino-israelí. Especializado en conflictos bélicos y dotado de una mirada original, arriesgada y muy periodística, Goran Tomasevic (Belgrado, 1969) comenzó a trabajar como freelance para Reuters en Kosovo y es ya, con razón, uno de los fotógrafos estrella de la agencia.

Las fotos enlazadas en esta entrada son una selección de su trabajo en Libia, Oriente Medio, Pakistán y Afganistán:


Más información:
» Portfolio de Goran Tomasevic en Reuters (con comentarios del autor en cada fotografía)

Otros fotógrafos en esta serie:
» Muham­med Muhei­sen
» Emilio Morenatti
» George Rodger

Grandes fotógrafos en Oriente Medio (II): Goran Tomasevic

Algunas de sus fotografías de la guerra en Libia se han convertido ya en iconos, como lo son también muchas de las imágenes que tomó en El Cairo durante la revolución popular egipcia, las que captó en Irak durante la… Leer

Entre los ‘efectos colaterales’ de la guerra en Libia y, en general, de las revueltas árabes de estos meses, se encuentra el haber quedado relegado a un segundo plano (a ojos de los grandes medios, al menos) el conflicto palestino-israelí, a pesar de la violencia creciente que está castigando estos días los territorios ocupados.

En Cisjordania, el pasado día 12, cinco miembros de una misma familia murieron apuñalados en un asentamiento israelí. El atentado, atribuido a un grupo de palestinos, se produjo, a su vez, tras una nueva oleada de ataques de colonos a fincas palestinas.

Y en Gaza, dos ataques del ejército israelí (lanzados en represalia por el lanzamiento de nuevos cohetes palestinos contra localidades hebreas) dejaron este martes al menos ocho muertos. En el primero de estos ataques, varios proyectiles impactaron en un poblado barrio del este del territorio. Entre los fallecidos, dos niños que jugaban al fútbol en el momento de ser alcanzados por la artillería. Hubo, además, cerca de una veintena de heridos, entre ellos ocho menores. Cuatro de ellos ingresaron en el hospital en estado crítico.

Las disculpas posteriores de Benjamin Netanyahu por los civiles abatidos no parece que vayan a servir de mucho. Sobre todo, teniendo en cuenta que el primer ministro israelí aprovechó, acto seguido, para acusar a Hamás de usar «escudos humanos» mientras «persiste en el lanzamiento de cohetes».

Libia y las revueltas solapan una nueva espiral de violencia en Palestina

Entre los ‘efectos colaterales’ de la guerra en Libia y, en general, de las revueltas árabes de estos meses, se encuentra el haber quedado relegado a un segundo plano (a ojos de los grandes medios, al menos) el conflicto palestino-israelí,… Leer

Artillería de las fuerzas leales a Gadafi, destruida por la aviación francesa, cerca de Bengasi, en Libia, el 19 de marzo. Foto: Bernd Brincken / Wikimedia Commons

¿Era la intervención armada la única manera posible de detener la brutal represión de Gadafi contra su propio pueblo? Muchos piensan que sí, y la ONU ha dado su bendición. Otros, sin embargo, mantienen firme su apuesta por la no violencia como único modo efectivo y moralmente válido de resolver conflictos. Es el caso del británico Symon Hill, miembro del ‘thinktank’ Ekklesia, tal y como explica él mismo en un artículo publicado hoy en The Guardian. Un extracto:

Millones de personas por todo el norte de África y Oriente Medio han demostrado en estos últimos meses el poder de la no violencia. Pero ni los políticos británicos ni los expertos parecen haber aprendido la lección, y se han ido sumando uno tras otro al apoyo a los bombardeos sobre Libia […]. A pesar de todas las evidencias, se vuelve a dar por cierta la antigua suposición de que la violencia funciona.

La no violencia ha sido una de las principales características de la gran mayoría de los activistas que han luchado contra la tiranía en Túnez, Egipto y otros lugares. Comprensiblemente, el pueblo libio ha tenido que recurrir a la violencia en su desesperación, pero su caso ha sido la excepción.

Como pacifista, estoy acostumbrado a que me tachen de ingenuo, de cínico y de antipatriota. La mayoría de los medios de comunicación apenas han dedicado espacio a los que se oponen a los bombardeos. La ausencia de un debate real alcanzó el absurdo cuando a los diputados [británicos] se les permitió votar sobre el ataque… una vez que ya había comenzado. […]

Leer el artículo completo (en inglés)


Más información:
» Reflexiones sobre el ataque a Libia
» La ONU da a esperanza a las revueltas árabe
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Ni una oportunidad al pacifismo en Libia

Symon Hill, en The Guardian

Lanzamiento de un misil Tomahawk desde el destructor ‘USS Barry’, este 19 de marzo. Foto: Roderick Eubanks / US Navy / Wikimedia Commons

Francia, el Reino Unido y EE UU han comenzado este sábado la ofensiva militar autorizada por la ONU contra las tropas de Gadafi en Libia. Los primeros en atacar fueron los aviones franceses, que destruyeron varios objetivos. Después, Estados Unidos lanzó 110 misiles y entró también en acción la fuerza aérea británica (España va a contribuir con un avión cisterna, cuatro aviones de combate F-18 y una fragata, un submarino y un avión de vigilancia marítima). De madrugada, el sistema antimisiles libio intentaba repeler la ofensiva…

¿Se trata de una guerra justa? ¿Era inevitable? ¿Qué la diferencia de otras intervenciones semejantes? ¿Acelerará el final de Gadafi y de su represión brutal o acabará siendo contraproducente? ¿Volveremos a hablar de ‘daños colaterales’ y de ‘mal menor’? ¿Qué va a pasar después en Libia? ¿Y si Gadafi aguanta y la guerra se estanca? ¿Aplicaremos el mismo rasero en otros países? Estas son algunas primeras reflexiones sobre la nueva guerra en la que está inmersa la comunidad internacional.

Íñigo Sáenz de Ugarte, en Guerra Eterna:

[…] Es el comienzo de una guerra, no una crisis ni un operativo militar ni un conflicto. Y como todas las guerras, tiene un comienzo definido y un final que nadie puede precisar honestamente.

Ha habido una breve (tres minutos) intervención telefónica de Gadafi con la televisión libia. Tenía que regresar rápidamente al refugio. Se ha referido a la “cruzada” y ha advertido que el pueblo va a ser armado para responder a esta agresión extranjera. Es curioso cómo los dictadores siguen al pie de la letra el manual empleado anteriormente, en general con no mucho éxito, por otros autócratas rodeados. El único problema viene cuando la realidad confirma una parte de sus amenazas mucho tiempo después de que ellos ya sean historia. Sadam Hussein vivió durante meses escondido en un agujero y luego fue ejecutado. No importó lo más mínimo. Irak inició una etapa de sangre en la que la suerte del dictador o su recuerdo eran ya irrelevantes. A veces, matar al origen de los problemas no es la solución definitiva. […]

Al Jazeera ofreció de forma cruda y descarnada los daños sufridos por los civiles en la invasión de Irak. Pero ahora la cadena de Qatar es enemiga de Gadafi, o al menos así la define el régimen libio. Cuatro de sus periodistas ya han sido detenidos. Qatar forma parte de la ofensiva internacional. ¿Quién mostrará la realidad de los bombardeos sobre Tripoli? La televisión gubernamental libia no tiene credibilidad (ya ha denunciado la muerte de 48 civiles en los ataques). Los periodistas extranjeros que quedan en la capital están rigurosamente vigilados por el Gobierno.

Lluís Bassets, en Del alfiler al elefante (El País):

No es en propiedad una guerra pero es justa. La acción militar decidida hoy en París a partir de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad cumple con todas las condiciones exigidas para la guerra justa o llamada también ‘ius ad bellum’ (derecho a hacer la guerra). Es justa la causa: se trata de proteger a la población libia y de impedir que Gadafi termine aplastando a sangre y fuego la revuelta contra su dictadura. Hay una autoridad legítima que la ha autorizado, la más legítima de todas las que tenemos a nuestra disposición: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La intención o el objetivo que se persigue es el correcto, y viene incluido ya en la causa. También lo es la proporcionalidad de los medios de acción, hasta el punto de que no se desencadena en propiedad una guerra sino una acción de policía o protección aérea. Es el último recurso, puesto que Gadafi ha sido ya conminado a un alto el fuego y a retirar sus tropas a los cuarteles, mientras que el dictador y sus hijos no solo no han cumplido ninguna de las condiciones exigidas, sino que además han intentado engañar a la comunidad internacional declarando un alto el fuego que en ningún momento han aplicado. Finalmente, tiene el propósito obvio de alcanzar la paz y abrir el camino a la plena soberanía de los libios para que se doten del Gobierno que consideren conveniente.

Isaac Rosa, en Trabajar cansa (Público):

Gadafi no merece ninguna defensa. Sus últimos desvaríos comparándose con Franco no nos lo hacen precisamente simpático, pero estamos en lo de siempre: nuestras bombas no le van a despeinar, y serán otros los que reciban el castigo. Los soldados y mercenarios en primer lugar, que pasan a la categoría de aniquilables; pero también la población civil libia, y probablemente los propios rebeldes que hoy piden bombardeos, y que algún día se arrepentirán de haber pedido ayuda.

Tenemos ya experiencia sobrada en guerras ‘humanitarias’ como para prever lo que pasará: un arranque peliculero, con imágenes de videojuego y discurso triunfal, y luego empezará el goteo de «daños colaterales» con muertos y mutilados, pero también daños no tan colaterales en infraestructuras civiles, viviendas y todo lo que se ponga a tiro.

Kosovo, Irak, Afganistán. Algo podrían contarnos los habitantes de los tres países sobre intervenciones militares que, además de no conseguir los objetivos iniciales (frenar las matanzas, encontrar las armas de destrucción masiva, atrapar a Bin Laden), multiplican el sufrimiento de la población, condenada a un largo período de violencia, pobreza e inestabilidad.

Parece que de una vez para otra se nos olvida: una matanza no se para con una matanza mayor, los pueblos no se liberan a bombazos ni la democracia se impone con las armas. No a la guerra. A ésta tampoco.

Issandr El Amrani, en The Arabist:

The best way to end the bloodshed would clearly be to decapitate the Qadhafi regime, something the insurgents are probably not able to do for now and the international community is likely to refrain from carrying out initially, although things are almost certain to head that way. If so, splits in the international community would resurface — this would be a major violation of the principle of sovereignty. But in a sense the West and the Arabs have already backed the rebels. It gets more complicated in the Qadhafis are gone, both Westerners and Arabs may be ready to deal with regime remnants (particularly if they play a role in getting rid of the Qadhafis) but the insurgents may not want anyone associated with the former regime in place. So prolonged civil war is one possible outcome, yet again. This is why some kind of recognized leadership for the insurgency that is able to negotiate with whoever comes after Qadhafi is necessary. […]

[…] Once empowered, the insurgents will naturally want to go all the way and topple Qadhafi. I totally support them in that endeavor. But we don’t know much about them, or how they might behave towards non-combatants that back the Qadhafi regime. I’m sure any violence against civilians by insurgents will be ignored by the intervention force in the fog of war, but this is possible only to a certain extent before it becomes embarrassing, particularly as UNSC Resolution 1973 gives a mandate to protect civilians from everybody, not just the Qadhafi regime. Sometimes the good guys can be bad guys, as we saw in Darfur (both in terms of the stalled peace process and in terms of the actions of certain Darfuri groups).

Mónica G. Prieto, en El faro de Oriente (Cuarto Poder):

La aprobación de una zona de exclusión aérea contra Libia que implicará ataques inmediatos contra la aviación de Gaddafi envía un mensaje necesario desde hace tres meses para la población de Oriente Próximo: Occidente no sólo defiende los valores de la democracia y la justicia para sí mismo, lo hace para todo el mundo aunque le vaya sus intereses económicos en ello. Es la única acción -aunque terriblemente tardía- que puede reconciliar a los árabes con el primer mundo. Nuestra indiferencia les mata, y la inacción sólo puede generar un odio contra Occidente que se traduzca en extremismo y muertos. Ahora sólo tienen que enviar un mensaje parecido al resto de sus monarquías amigas del Golfo: los muertos civiles no pueden salir gratis, por mucho beneficio que nos reporte mirar hacia otro lado.

Foreign Policy (Debate sobre la intervención militar en Libia):

Speaking in a televised address this afternoon, U.S. President Barack Obama also explained his position largely in humanitarian terms: If the world failed to intervene, he said, “The democratic values that we stand for would be overrun. Moreover, the words of the international community would be rendered hollow.”

That’s one reading of the events unfolding in Washington, London, and Paris. But there’s also a more cynical view: that the intervention, centered on the enforcement of a no fly zone, is too little too late. And that’s if you agree that the United States and its allies should be involved in the first place. Foreign involvement could play into Libyan leader Muammar al-Qaddafi’s hands, other analysts worry, giving him an excuse to strike harder against the now Western-backed rebels.

Marc Lynch, en Foreign Policy:

The Libya intervention is also complicated by the trends in the rest of the region. There is currently a bloody crackdown going on in U.S.-backed Bahrain, with the support of Saudi Arabia and the GCC.   The Yemeni regime of Ali Abdullah Saleh is currently carrying out some of its bloodiest repression yet.  Will the Responsibility to Protect extend to Bahrain and Yemen?  This is not a tangential point.  One of the strongest reasons to intervene in Libya is the argument that the course of events there will influence the decisions of other despots about the use of force.  If they realize that the international community will not allow the brutalization of their own people, and a robust new norm created, then intervention in Libya will pay off far beyond its borders.  But will ignoring Bahrain and Yemen strangle that new norm in its crib? […]
One might think that the disastrous post-war trajectories of Iraq and Afghanistan would have forever ended such an approach to military interventions, but here we are. Has anyone really seriously thought through the role the U.S. or international community might be expected to play should Qaddafi fall?  Or what steps will follow should the No Fly Zone and indirect intervention not succeed in driving Qaddafi from power? No, there’s no time for that… there never is.  For now, I will be hoping, deeply and fervently, that the Libyan regime quickly crumbles in the face of the international community’s actions.  Reports that it has accepted the resolution and a ceasefire could provide the space for the kind of political settlement many of us have been advocating.  Let’s hope.

El País (editorial)

[…] El mensaje político que trasladaba a otros dictadores la inacción de la comunidad internacional podía conducir a una radicalización de la represión de las revueltas, acentuando la inestabilidad. Lo que no se ha permitido a Gadafi tampoco se debe tolerar a Yemen y Arabia Saudí, por más que la respuesta no deba ser militar como en el caso de Libia. Emplear una diplomacia más enérgica frente a estos países es el mejor camino para prevenir las opciones extremas.

La respuesta de la comunidad internacional no debería perder en ningún momento de vista que el objetivo perseguido es impedir que Gadafi siga cometiendo crímenes de guerra. Aunque el establecimiento efectivo de la zona de exclusión aérea suponga una ventaja militar para los rebeldes, son estos quienes tienen que conseguir la caída del tirano. Lo contrario dañaría la legitimidad que necesitan para levantar el régimen que podría sustituir al de Gadafi. Por más que la comunidad internacional desee la caída del dictador, el papel que tiene asignado no es promover la democracia, sino proteger a la población que este se propone masacrar.

La decisión era necesaria y ha cumplido con los requerimientos de la legalidad internacional. Su gravedad, con todo, exigirá que la coalición extreme el rigor en los siguientes pasos a adoptar en los próximos días. Si en Túnez y en Egipto eran limitadas las posibilidades de que una dictadura fuera sustituida por otra, puesto que la victoria contra sus respectivos tiranos fue resultado de manifestaciones pacíficas, la guerra que ha estallado en Libia por culpa de Gadafi augura una transición más compleja. Encerrar otra vez en su botella el genio de la violencia es una tarea que corresponde sobre todo a los libios. Pero la comunidad internacional no puede permitirse errores. Ni los derivados de la inacción ni tampoco los del entusiasmo.

Reflexiones sobre el ataque a Libia

Francia, el Reino Unido y EE UU han comenzado este sábado la ofensiva militar autorizada por la ONU contra las tropas de Gadafi en Libia. Los primeros en atacar fueron los aviones franceses, que destruyeron varios objetivos. Después, Estados Unidos… Leer

Protesta contra Gadafi en Bengasi, Libia, el pasado 25 de febrero.
Foto: Al Jazeera English / Wikimedia Commons

La luz verde del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el uso de la fuerza contra el régimen libio y para el establecimiento de una zona de exclusión aérea en este país puede tener un doble efecto inmediato: salvar las vidas de muchos de los rebeldes que esperaban en el bastión de Bengasi la acometida final del Ejército de Gadafi, y mantener también con vida la oleada de revueltas que sacude Oriente Medio y el Magreb desde hace cerca de tres meses.

Lo primero dependerá de la velocidad con que sea capaz de actuar la comunidad internacional. En la noche del jueves se esperaba que los bombardeos fuesen inmediatos, con el fin de evitar la caída de Bengasi.

Y en cuanto a lo que se ha venido en llamar la ‘primavera árabe’, la decisión de Naciones Unidas llega en buen momento. La resistencia del régimen en Libia ha estancado un movimiento popular cuyo éxito se estaba basando, en buena parte, en la velocidad de propagación. Egipto sucedió a Túnez en cuestión de semanas y el contagio por toda la región fue prácticamente instantáneo. Pero, tras los primeros levantamientos y protestas en Argelia, Marruecos, Bahréin, Yemen, Omán e incluso Irán, el testigo pasó claramente a Libia, y, a diferencia del presidente egipcio Hosni Mubarak y del tunecino Ben Alí, que acabaron renunciando a sus cargos, Muammar el Gadafi optó por atrincherarse y jugar la baza de la represión y la guerra civil.

Fre­nazo

La comunidad internacional, aliada del dictador libio hasta antes de ayer por intereses energéticos, comerciales y teóricamente antiterroristas, respondió con titubeos. La primera reacción de Italia fue recordar que Libia era un país amigo; la UE dejó pasar días hasta que fue capaz de emitir una condena; el presidente de EE UU, Barak Obama, fue el último en pronunciarse contra la violencia de Gadafi, y Alemania aún se abstuvo este jueves en la votación del Consejo de Seguridad, argumentando que una acción militar supondrá «considerables daños y riesgos», algo en lo que, por otra parte, coinciden también diversos analistas tras el fiasco de Irak.

Sobre el terreno, mientras tanto, los rebeldes y las tribus libias disidentes no han sido capaces de hacer frente a un ejército profesional reforzado con mercenarios.

El resultado: Gadafi ha aprovechado para contraatacar sin piedad.

Repre­sión

Los gobiernos de los países del Golfo Pérsico, por su parte, han empezado a practicar un doble juego, encaminado a mantener en el poder a sus dirigentes mientras guardan la ropa condenando al ‘tirano oficial’ (Gadafi).

Por un lado, la Liga Árabe ha sido, junto con Francia y el Reino Unido, el organismo que más ha presionado para el establecimiento de una zona de exclusión aérea en Libia. Por otro, la represión en sus propios territorios se ha incrementado en estos últimos días, especialmente tras la entrada en Bahréin de miles de soldados de Arabia Saudí y los Emiratos, bajo el paraguas del Consejo de Cooperación del Golfo, y con el objetivo de «mantener el orden».

Amparándose en el estado de emergencia (y con el secretario de Defensa de EE UU de visita en la zona, el pasado fin de semana), las fuerzas del orden no se han andado con contemplaciones a la hora de disolver a los manifestantes acampados en la Plaza de la Perla de Manama, la capital de Bahréin.

A favor de esta escalada represiva juega asimismo el hecho de que la atención mundial se haya desplazado inevitablemente a Japón, dadas las terribles consecuencias del terremoto y el tsunami que han devastado el país asiático, generando además un gravísimo riesgo nuclear.

Desde hace días, la revuelta árabe, que antes ocupaba invariablemente los principales titulares de todos los medios de comunicación del mundo, ha pasado a segundo plano.

Olvi­da­dos

Con el foco centrado en la guerra libia, Bahréin fuertemente controlado, y Egipto y Túnez sumidos en una transición que siempre es difícil, larga y poco generadora de grandes titulares, otros países han empezado a caer en el olvido, a pesar de que muchos de sus ciudadanos mantienen viva, en mayor o menor medida, la llama de la rebelión.

Es el caso, principalmente, de Yemen, que gozó de una gran atención hace unas semanas, pero que parece haber perdido algo de interés informativo; de Omán, un país considerado por la mayoría de los países occidentales como «estable y reformista», a pesar del carácter autocrático y absolutista de su régimen, o incluso de Irak, donde la comunidad kurda se ha rebelado durante semanas contra la lentitud del proceso de reformas.

Al mismo tiempo, en otros países los gobernantes han aprovechado la ralentización para prometer reformas encaminadas tanto a mejorar la situación económica como, en teoría, a aumentar las libertades. Entre estos últimos destacan Marruecos, Jordania y Argelia.

Pales­tina e Irán

El caso palestino es más complicado. Tanto en Gaza como en Cisjordania, los gobernantes (Hamás y Al Fatah, respectivamente) están tratando de desinflar las (de momento, escasas) protestas con el argumento de que la lucha debe centrarse en combatir al ocupante israelí.

La revuelta aquí se enfrenta, pues, a dos problemas: La ocupación (con la consiguiente represión y limitación de movimientos), y la presión de unos gobiernos cuyos niveles de corrupción están, sin duda, a la altura de muchos de sus vecinos.

¿Y en Irán? De momento, el régimen islámico ha logrado mantener a raya los nuevos conatos de protesta, herederos de la ‘revolución verde‘, y ha encarcelado a los líderes de la oposición.

Con respecto a las revueltas en sus vecinos árabes, Teherán mantiene una posición un tanto ambigua con la que trata de sacar partido ante lo que considera un nuevo equilibrio de fuerzas en Oriente Medio: Menos regímenes aliados de Estados Unidos (en principio), gobiernos dominados por chiíes en Líbano e Irak, y el propio país persa como posible nueva potencia regional.

Las revueltas, además, han surgido justo cuando Irán estaba sin­tiendo la pre­sión de las san­cio­nes inter­na­cio­na­les en torno a su pro­grama nuclear, algo de lo que pocos parecen acordarse ahora.

Todo ello, añadido a la creciente inclinación de Turquía hacia Oriente en lugar de hacia Occidente (en parte, por el rechazo de la Unión Europea), está poniendo especialmente nervioso al Gobierno israelí. Y la falta de voluntad de este último para frenar las colonias ilegales en territorio palestino ha empezado a minar el apoyo internacional con el que siempre cuenta.

¿Pri­ma­vera o invierno?

La gran pregunta a estas alturas es si la intervención de la comunidad internacional llega o no demasiado tarde. O, como escribe el profesor Paul Rogers en openDemocracy, si la primavera árabe acabará o no convirtiéndose en invierno, justo en vísperas de la primavera real.

Ello dependerá de la capacidad de Gadafi para resistir (la mayoría de los analistas le dan por acabado, pero el proceso puede durar semanas), y del éxito que tengan las élites gobernantes del Golfo a la hora de reprimir las protestas.

La acción militar autorizada por la ONU tampoco va a ser fácil. Los objetivos no están todavía muy claros, y, además, puede tratarse de la tercera invasión a un país musulmán de una coalición en la que participa EE UU en menos de una década, algo que puede levantar suspicacias, y que Gadafi intentará aprovechar con fines propagandísticos.

Pero incluso en el peor de los casos, es muy poco probable que el fuego de las revueltas se extinga por completo. La magnitud de lo ocurrido en Túnez y, sobre todo, en Egipto, ha iniciado un proceso sin vuelta atrás, aunque bien podría prolongarse durante años.

Y mientras, la onda expansiva de la revolución y sus consecuencias están haciendo extraños compañeros de cama. Líbano, cuyo gobierno está dominado desde hace unos meses por los chiíes de Hizbulá (grupo radicalmente antiaestadounidense), ha sido el país árabe impulsor de la resolución de la ONU, en compañía de Francia, el Reino Unido y… Estados Unidos.

No hay que olvidar, sin embargo, que uno de los líderes históricos chiíes, Mousa al-Sadr, desapareció precisamente en la Libia de Gadafi, presumiblemente asesinado por el régimen libio. Ocurrió en 1978, pero, al parecer, la venganza sigue siendo un plato que se sirve frío.


Publicado originalmente en 20minutos

El permiso de la ONU para atacar Libia, ¿oxígeno para las revueltas árabes?

La luz verde del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el uso de la fuerza contra el régimen libio y para el establecimiento de una zona de exclusión aérea en este país puede tener un doble efecto inmediato: salvar las vidas de muchos de los rebeldes que esperaban en el bastión de Bengasi la acometida final del Ejército de Gadafi, y mantener también con vida la oleada de revueltas que sacude Oriente Medio y el Magreb desde […]

El Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado finalmente hoy la resolución que autoriza tomar «todas las medidas necesarias» para proteger a la población civil libia de los ataques de las tropas de Muamar al Gadafi, y establece una zona de exclusión aérea sobre el país magrebí.

La medida, acordada mientras Gadafi anunciaba su intención de entrar en el bastión rebelde de Bengasi con «bombardeos sin piedad», ha recibido el respaldo de 10 de los 15 miembros del máximo órgano de seguridad internacional, mientras que ninguno votó en contra y los otros cinco se abstuvieron.

Los países que se abstuvieron fueron Brasil, India, Alemania, China y Rusia, estos dos últimos miembros permanentes del Consejo de Seguridad, por lo que la medida habría sido vetada de haber votado en contra.

En la ciudad libia de Bengasi, miles de personas concentradas en la plaza de los juzgados estallaron en gritos de júbilo y lanzaron fuegos artificiales tras la adopción de la resolución por el Consejo de Seguridad.

La ONU autoriza atacar a Gadafi

El Consejo de Seguridad de la ONU ha adoptado finalmente hoy la resolución que autoriza tomar «todas las medidas necesarias» para proteger a la población civil libia de los ataques de las tropas de Muamar al Gadafi, y establece una… Leer

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El líder libio, Muammar al Gadafi, levanta los puños a su llegada al hotel Rixos, en Trípoli, el pasado 8 de marzo. Foto: Magmud Turkia / AFP / Getty Images

Los puños de Gadafi
Ocho claves para entender la crisis libia
Miedo a una caza de brujas entre los periodistas turcos
Los marfiles que Agatha Christie salvó con crema de cutis

Lectura para el domingo

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El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, saluda al líder libio, Muammar al Gadafi, el 17 de diciembre de 2007, en el Palacio de la Moncloa, en Madrid. Foto: Javier Soriano / AFP / Getty Images

La venta de armas españolas a Gadafi se disparó tras la visita del lí­der libio en 2007
Varados sin esperanza en la costa libia
Europa en la jaima de Gadafi
Gadafi, el tirano más cínico
¿Por qué ha sido Obama el último en hablar sobre Libia?
Ni Facebook, ni Twitter: son los fusiles
Obama está favoreciendo a Irán
Se venden armas en nombre de la democracia
Nos darán las gracias
Los herederos se van quedando sin trono

Lectura para el domingo

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» Varados sin esperanza en la costa libia
» Europa en la jaima de Gadafi
» Los herederos se van quedando sin trono […]

Zapatero y Aznar, con Ben Alí­ (Túnez), Mubarak (Egipto) y Gadafi (Libia).
Zapatero y Aznar, con Ben Alí­ (Túnez), Mubarak (Egipto) y Gadafi (Libia).

En noviembre del año pasado España negociaba la venta de más de 200 carros de combate, en un contrato de 3.000 millones de euros que será el mayor realizado hasta ahora por nuestra industria armamentística. El destinatario: Arabia Saudí, un país en el que la opo­si­ción polí­tica está prohi­bida, la prác­tica abierta de cual­quier otra fe que no sea el islam es ile­gal, hay gra­ves res­tric­cio­nes en prác­ti­ca­mente todos los aspec­tos de la vida de las mujeres y se contempla la pena de muerte para casos de ase­si­nato, apos­ta­sía, dro­gas, «bru­je­ría» y «com­por­ta­miento sexual inade­cuado».

Algo más de dos años antes, España preveía facturar 1.500 millones de euros mediante la venta de material militar al mismo régimen libio cuyo ejército está reprimiendo ahora a sangre y fuego las protestas de sus propios ciudadanos.

Las revueltas populares que están sacudiendo los países de Oriente Medio y el Magreb tienen, además del efecto contagio y de los problemas económicos de la población, una causa fundamental: La falta de libertad y de democracia existente en todos los estados afectados. Monarquías absolutistas, repúblicas dictatoriales, falsas democracias… Cada uno a su estilo, los países de la región llevan décadas sumidos en corruptas autocracias con el interesado beneplácito de Occidente.

Durante años, la mayoría de los países europeos, y especialmente los más cercanos a la zona, España incluida, han antepuesto sus intereses económicos y geoestratégicos a la exigencia de valores democráticos y de respeto a los derechos humanos. La idea era hacer la vista gorda (los informes de las organizaciones pro derechos humanos y otros organismos internacionales han estado siempre sobre la mesa) a cambio de asegurarnos tres cuestiones consideradas prioritarias: El freno al islamismo radical, el control de la inmigración y el mantenimiento del suministro de gas y petróleo.

En este sentido, y según reconoce el propio Ministerio de Asuntos Exteriores, la política española con los países del Norte de África y de Oriente Próximo tiene como ejes prioritarios la seguridad («La actividad de grupos terroristas islamistas próximos a Al Qaeda representa una amenaza directa a estos países y a los intereses españoles»), la inmigración («La necesidad de gestionar esos flujos migratorios ha impulsado la firma de acuerdos con los países del Magreb, origen, tránsito y cada vez más destino de flujos migratorios hacia Europa») y las relaciones económicas («España adquiere una parte importante de sus suministros energéticos de la región:  el 14% del petróleo –principalmente de Libia–, y  el 33% del gas natural –de Argelia en particular–»).

Todo ello, sin olvidar, especialmente en estos tiempos de crisis, la necesidad de favorecer tanto la presencia de nuestras empresas en estos países, como las inversiones de estos países en nuestro territorio: Según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, las inversiones en España de los países de la Liga Árabe alcanzaron los 445,59 millones de euros entre 1993 y marzo de 2008. Los que más invirtieron fueron Libia (189,36 millones de euros), Arabia Saudí (71,68), Marruecos (38,71), Omán (38,05), Kuwait (31,34), Jordania (24,46), Emiratos Árabes Unidos (20,22) y Argelia (14,09).

¿Doble moral o interés legítimo?

Tratados de amistad y de cooperación, grandes contratos comerciales, visitas oficiales, restablecimiento de relaciones diplomáticas… Los gobiernos occidentales se defienden argumentando los mencionados intereses nacionales prioritarios y destacando los beneficios que las relaciones comerciales pueden traer a la población, o los efectos contraproducentes de medidas radicales como embargos y sanciones.

Otros, sin embargo, denuncian que los principales beneficiados de estas políticas no son los ciudadanos, sino las empresas internacionales y las oligarquías locales, y critican una doble moral que, si bien no se limita a esta región del mundo (EE UU, por ejemplo, mantiene el embargo sobre la dictadura cubana, pero comercia con China y es aliado de Arabia Saudí), es precisamente en ella donde ha salido a la luz ahora con más claridad que nunca.

En este sentido, las víctimas, los pueblos oprimidos del Magreb y Oriente Medio, no sólo están diciendo a sus tiranos «hasta aquí hemos llegado»; también están lanzándonos un claro mensaje: No hay seguridad ni progreso económico real si se dejan a un lado las libertades y los derechos humanos.

Estas son, estado por estado, las relaciones que ha mantenido España con los países afectados hasta ahora por las revueltas populares en el mundo árabe.

Libia: Nece­si­dad de hidro­car­bu­ros y armas para Gadafi

En los últimos 20 años, España se ha mantenido invariablemente como el tercer cliente de Libia, con un volumen de importaciones –alrededor del 11% del total– sólo ligeramente inferior al del segundo (Alemania) y casi el doble que el del cuarto (Francia o Turquía, según los años).

Las principales importaciones se centran en el sector de los hidrocarburos (gas y petróleo), destacando la presencia de Repsol-YPF, que, hasta el estallido de las revueltas actuales, estaba produciendo cerca de 280.000 barriles de petróleo al día.

Repsol y la Compañía Nacional de Petróleos de Libia firmaron en 2008 un nuevo acuerdo por el que se ampliaban los contratos hasta 2032, asegurando a Repsol la explotación de los cuantiosos recursos descubiertos por la petrolera española, cuyas reservas ascendían a 765 millones de barriles.

Del terrorismo a la «amistad»

España y Libia establecieron relaciones diplomáticas en 1961 (Gadafi llegó al poder en 1969), pero a partir de 1986 quedaron bloqueadas a raíz de la expulsión del entonces jefe de la diplomacia libia en Madrid, acusado de tener contactos con un grupo terrorista árabe. No fue hasta 1989 cuando las relaciones comenzaron a desbloquearse.

El presidente español José María Aznar viajó a Libia en septiembre de 2003 y habló con Gadafi sobre la crisis de Irak y el levantamiento de las sanciones a Libia por parte de la ONU.

El anterior ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, visitó Libia en julio de 2008 y entregó a Gadafi sendas cartas del Rey Juan Carlos y del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en las que se reafirmaba «la amistad» con el país magrebí. El viaje perseguía consolidar la relación bilateral, tras la visita que el líder libio hizo a España en diciembre de 2007, su primer viaje oficial a nuestro país en sus, por entonces, 39 años de mandato.

Fue precisamente tras la visita de Gadafi cuando las exportaciones de armas españolas a Libia se dispararon: Las exportaciones en material de defensa aumentaron un 7.700% en 2008. Durante el primer semestre de 2010, según datos de Industria, España vendió al Gobierno libio componentes de aeronaves por valor de 3,5 millones de euros, y en 2008 esperaba facturar 1.500 millones en la venta de material de defensa a Libia, según revela un cable de la legación estadounidense enviado a Washington. Libia fue el segundo destino de las ventas españolas de material de doble uso –civil o militar– en 2009, con 12,7 millones de euros, lo que representó un 12,8% del total.

Tras las últimas revueltas en Libia y la brutal represión del régimen de Gadafi, el Gobierno español ha iniciado los trámites para suspender la venta de armamento.

Derechos humanos y libertades

La situación en Libia, donde la expresión política independiente y las actividades en grupo están prohibidas, y donde el Gobierno impide desde hace décadas cualquier manifestación de disidencia, era ya preocupante antes de que el régimen iniciase la represión de las protestas.

El Gobierno de Gadafi anunció en 2009 su intención de expulsar a todos los «inmigrantes ilegales» y, según Amnistía Internacional, llevó a cabo deportaciones masivas de ciudadanos de Nigeria, Ghana y otros países.

Por otra parte, y según denuncia Human Rights Watch, dos cárceles de Libia, Abu Salim y Ain Zara, son reconocidas por la detención arbitraria de prisioneros políticos, y las autoridades llevan años arrestando a personas sin cargos, que mantienen en régimen de incomunicación durante meses.

Egipto: Un con­trato histórico

Los intercambios comerciales de España con Egipto despegaron en 1982, con la firma del mayor contrato de exportación suscrito hasta entonces por nuestro país: A través de las empresas públicas Bazán y Enasa, España se comprometió a suministrar al Gobierno de Hosni Mubarak (recién ascendido al poder) material bélico por valor de 1.000 millones de dólares. Egipto se convertía así en el séptimo cliente comercial español.

En los noventa, España figuraba como la quinta nación en volumen de importaciones efectuado por Egipto (1,3%), y la sexta en exportaciones (1,8%).

Las exportaciones españolas a Egipto en 2006 alcanzaron los 410 millones de euros, mientras que las importaciones superaron los 1.500 millones. Maquinaria, aparatos eléctricos, pinturas y automóviles constituyen las principales ventas que las empresas españolas realizan al país árabe. Por su parte Egipto vende a España combustibles, productos siderúrgicos y cemento.

Unión Fenosa Gas se encuentra a la cabeza de la inversión española, con los 1.400 millones de dólares que destinará a una planta de licuefacción en Damietta (noreste de Egipto). Repsol, que durante años lideró los flujos inversores, abandonó Egipto en 2000. También están presentes, entre otras, FCC, Inditex y Cepsa.

«Buenas relaciones»

España y Egipto han mantenido, desde tiempos del franquismo, lo que el Ministerio de Exteriores define en su página web como unas «buenas relaciones bilaterales», en el marco de lo que reiteradamente se ha venido en llamar «nuestra tradicional amistad con el mundo árabe».

En 1989, Aznar viajó a El Cairo y ofreció a Mubarak su apoyo para combatir el terrorismo islámico, desbloquear el proceso de paz entre israelíes y palestinos, e impulsar el diálogo euromediterráneo.

En 2008 los Reyes realizaron su tercera visita a Egipto y firmaron el Tratado de Amistad y Cooperación para «fortalecer la lucha contra el terrorismo y la defensa de los derechos humanos». Un año después, Zapatero se entrevistó con Mubarak en El Cairo.

Mubarak, por su parte, ha visitado España en seis ocasiones.

Derechos humanos y libertades

El Gobierno egipcio ha ejer­cido hasta ahora una auto­ri­dad total, con un férreo control sobre la prensa, los sin­di­ca­tos y las aso­cia­cio­nes pro­fe­sio­na­les. Las acu­sa­cio­nes de fraude elec­to­ral han sido constantes y las denuncias de tortura, que Human Rights Watch denomina «mal endémico» en el país, continuas.

El mantenimiento durante años de las leyes de emergencia ha permitido, además, innumerables detenciones arbitrarias. La ley egipcia preveía sanciones penales que sofocaban las actividades legítimas de las ONG, incluyendo el «participar en actividades políticas o sindicales». El gobierno también utilizaba la fuerza letal contra inmigrantes y solicitantes de refugio que trataban de cruzar a Israel.

Túnez: Ayu­das y beneficios

España, Francia e Italia están entre los mayores donantes de ayuda al desarrollo de Túnez, pero también entre quienes más se beneficiaban de las conexiones con el régimen de Ben Alí. De las 3.500 empresas extranjeras en Túnez –la mayoría, con beneficios fiscales–, unas 60 son españolas, destacando las cementeras, que controlan casi la mitad del mercado local.

Una buena parte de la fruta que exporta Túnez es propiedad de empresas españolas como Lolita o Agrolito, pero es en el aceite de oliva donde se centran los intereses españoles en el país norteafricano. Túnez es el tercer país productor y el grupo español Borges es el primer transformador y exportador del aceite tunecino.

Otras empresas españolas afincadas en Túnez son Isofotón (energía solar), Soluciona (filial de Fenosa), y Teoinsa (ferrocarriles).

La tasa de cobertura de las exportaciones españolas a Túnez supera el 155%, con un superávit de 350 millones de euros en 2009.

«Aislar a los violentos»

En 2003 el Ejecutivo de Aznar acordó con el Gobierno tunecino promover un marco institucional que aumentase las inversiones y el comercio bilateral, y en 2004 Zapatero abogó en Túnez por un aumento de las relaciones y la cooperación «para aislar a los violentos», extremistas e integristas.

La última visita por parte española a Tunez fue la que realizó el ministro Moratinos, en mayo de 2009.

Derechos humanos y libertades

El régimen de Ben Alí, derribado por la revolución popular del pasado mes de enero tras más de 20 años en el poder, se caracterizaba por la corrup­ción y el nepo­tismo, con las gran­des empre­sas del país en manos de la fami­lia del pre­si­dente.

Túnez era un Estado poli­cial de con­fi­den­tes, con cár­ce­les secre­tas, des­a­pa­re­ci­dos y regis­tros domi­ci­lia­rios sin orden judi­cial, donde se con­trolaba hasta el último correo elec­tró­nico, y en el que la cen­sura estaba a la orden del día.

Arge­lia: La ley del gas

Los intereses de las empresas españolas en Argelia están relacionados principalmente con la industria del gas. España importa gas argelino, del que es altamente dependiente, por unos 3.900 millones de euros al año, y exporta industria auxiliar mecánica, tecnología industrial, manufacturas, medicamentos y otros productos por unos 2.000 millones de euros anuales.

En 2006 España y Argelia firmaron un acuerdo para promover las inversiones españolas en este país, y se constituyó un comité de seguimiento sobre los flujos migratorios. Ese mismo año el Gobierno español aprobó el proyecto para la construcción del gaseoducto que, a través de Almería, unirá Argelia con España para suministrar a toda la zona sur de Europa.

En 2007, no obstante, la compañía estatal argelina Sonatrach rescindió el contrato suscrito con Repsol-YPF y Gas Natural para desarrollar el gran proyecto integrado de gas natural de Gassi Touil, que las dos empresas españolas se adjudicaron en 2004 en un concurso internacional y que suponía su mayor contrato, valorado en 1.600 millones.

Entre los proyectos más ambiciosos de las empresas españolas en Argelia se encuentra la tercera fábrica Amoniaco, de Fertiberia, donde el Grupo Villar Mir ha invertido cerca de 117 millones de dólares.

Derechos humanos y libertades

En Argelia, las personas sospechosas de actividades subversivas o terroristas son frecuentemente juzgadas en procesos que no cumplen el derecho internacional sobre juicios justos.

Amnistía Internacional denuncia asimismo que el Gobierno de Bouteflika no ha tomado medidas significativas para abordar los graves y generalizados abusos contra los derechos humanos cometidos por grupos armados y por las fuerzas de seguridad del Estado durante la guerra de los años noventa, y que periodistas y defensores de derechos humanos sufren hostigamiento y han sido procesados, acusados de difamación y otros delitos, por criticar a instituciones o cargos públicos.

Marrue­cos: Obje­tivo prioritario

España es el segundo cliente proveedor e inversor en Marruecos, después de Francia. Actualmente existen en el país vecino más de 600 empresas españolas, establecidas en diferentes sectores (banca, energía, telecomunicaciones, turismo), con un volumen total cercano a los 5.000 millones de euros.

La creciente implantación española en Marruecos no sólo se debe a la cercanía geográfica, sino también a sus reducidos costes de producción, a las ventajas fiscales para la exportación y a los tratados de libre comercio con la Unión Europea.

En 2008 se firmó del mayor acuerdo financiero suscrito entre ambos países, con una ayuda española de 520 millones de euros durante tres años, de los que 420 millones quedarán en manos de empresas españolas.

Entre las compañías españolas con inversiones en Marruecos, destacan Telefónica, Gas Natural, Abengoa, Alsa, SOS y el Grupo Barceló.

Colaboración «esencial»

Pese a los frecuentes conflictos diplomáticos con Marruecos, el Gobierno califica las relaciones españolas con el país magrebí de «excelentes».

Aparte del con­ten­cioso por Ceuta y Meli­lla, y de que Rabat con­trola el flujo migra­to­rio de sus ciu­da­da­nos hacia España, la cola­bo­ra­ción con el Eje­cu­tivo marro­quí se con­si­dera esen­cial para luchar con­tra el nar­co­trá­fico (Marrue­cos es la base prin­ci­pal del trá­fico de dro­gas hacia la Penín­sula), para com­ba­tir a Al Qaeda en el Magreb y por la impor­tante inver­sión espa­ñola en el país vecino, aparte de por los acuer­dos eco­nó­mi­cos (en mate­ria de pesca, sobre todo) fir­ma­dos entre Rabat y la UE.

Derechos humanos y libertades

La mayoría de las denuncias por violaciones de los derechos humanos en Marruecos están relacionadas con el conflicto saharaui, e incluyen deten­cio­nes arbi­tra­rias, tor­tura y desapariciones.

Los manifestantes que se echaron a la calle el pasado día 21 exigían reformas que garantizasen un funcionamiento más democrático de las instituciones, mayores garantías sociales, económicas y políticas, y el fin de la presión a los medios de comunicación y de la censura.

Por otra parte, y aunque la situación política en Marruecos no sea tan opresiva como en la Libia de Gadafi, el Túnez de Ben Alí, la Siria de Asad o el Egipto de Mubarak, los informes de la Embajada de EE UU en Rabat filtrados por Wikileaks sacaron a la luz una situación de grave corrupción en torno a la casa real. Según la revista Forbes, los negocios de Mohamed VI le han llevado a convertirse en el séptimo monarca más rico del mundo, con un patrimonio personal estimado en 2.500 millones de dólares.

Bah­réin: Pre­sen­cia modesta

La presencia española en Bahréin no es tan importante como en otros países de la región (el pequeño país árabe ocupa el puesto número 100 como cliente de productos españoles y el 93 como proveedor a España), pero existe. Las exportaciones están diversificadas, resultan atractivas para varios sectores y en 2010 superaron los 50 millones de euros (70 millones en 2009).

Las compras, por su parte, rondaron en 2010 los 67 millones de euros, y se centran en el sector del aluminio. Entre las empresas españolas con presencia en el país del Golfo se encuentran Mapfre, Zara y Mango.

En 2008 España y Bahréin firmaron un acuerdo para reforzar las relaciones en materia industrial, turística, de telecomunicaciones, infraestructuras y energía.

Derechos humanos y libertades

En Bahréin ape­nas hay repre­sen­ta­ción ciu­da­dana o ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas. No se con­siente ni la disi­den­cia ni las pro­tes­tas. La opo­si­ción está sujeta a arres­tos arbi­tra­rios, con acu­sa­cio­nes de tor­tura y depor­ta­cio­nes, según el informe de Amnis­tía Inter­na­cio­nal de 2009.

La mayo­ría chií exige una mayor repre­sen­ta­ción a la clase gober­nante (suní), y las muje­res, aunque tienen acceso a una mayor educación y dis­fru­tan de una mejor cali­dad de vida que en algu­nos paí­ses veci­nos del Golgo Pérsico, no tie­nen dere­chos polí­ti­cos ni representación.

El gobierno es una monar­quía here­di­ta­ria. La fami­lia Jali­fah gobierna el país desde 1783.

Yemen: Alto riesgo

Según el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, la balanza comercial bilateral con Yemen se caracteriza por la diversidad de las exportaciones españolas y por importaciones constituidas fundamentalmente por pescado.

En 2007 (último año contabilizado), nuestras exportaciones a Yemen ascendieron a 21,3 millones de euros, mientras que el valor de nuestras importaciones se situaba en 13,4 millones. Esto arrojó un saldo comercial positivo de 7,9 millones de euros y una tasa de cobertura favorable del 158,9%.

Pena de muerte

España mantiene relaciones diplomáticas con Yemen desde 1990, cuando se reunificaron Yemen del Norte y Yemen del Sur.

El país, uno de los más pobres del mundo, está catalogado de alto riesgo por el Ministerio de Asuntos Exteriores desde que ocho turistas españoles fallecieron en un atentado cometido por Al Qaeda en julio de 2007.

La visita más importante de un representante español al país árabe fue la realizada por el ministro Moratinos en abril de 2006, cuando el jefe de la diplomacia española subrayó el interés común en explorar proyectos empresariales conjuntos para los sectores de la pesca y el turismo.

El presidente de Yemen, Alí Abdula Saleh, visitó España en enero de 2008, cuando anunció la conmutación de la condena a la pena de muerte y la extradición a España que pesaba sobre un ciudadano español de origen sirio sentenciado en Yemen por actividades terroristas.

Durante esta visita las dos delegaciones firmaron además cuatro acuerdos de cooperación en el ámbito del turismo, de la educación, de la sanidad y de la protección de las inversiones.

Derechos humanos y libertades

En Yemen no existe plu­ra­lismo polí­tico real y hay gra­ves res­tric­cio­nes a la liber­tad de reunión y expre­sión. En su Informe 2009, Ami­nis­tía Inter­na­cio­nal denun­cia deten­cio­nes ile­ga­les y por moti­vos de con­cien­cia, jui­cios injus­tos, repre­sio­nes vio­len­tas por parte del Estado y casos de tor­tura y bru­ta­li­dad poli­cia­les, deri­va­dos prin­ci­pal­mente de la lucha antiterrorista.

El sistema político es, en la práctica, unipartidista, ya que el Con­greso Gene­ral del Pue­blo domina la vida polí­tica del país.

Existe pena de muerte para casos de ase­si­nato, adul­te­rio y homo­se­xua­li­dad, y aun­que aún no ha habido eje­cu­cio­nes por ello, la apos­ta­sía es con­si­de­rada un cri­men capi­tal.


Publicado originalmente en 20minu­tos

Los embarazosos negocios de España con las dictaduras árabes

En noviembre del año pasado España negociaba la venta de más de 200 carros de combate, en un contrato de 3.000 millones de euros que será el mayor realizado hasta ahora por nuestra industria armamentística. El destinatario: Arabia Saudí, un país en el que la opo­si­ción polí­tica está prohi­bida, la prác­tica abierta de cual­quier otra fe que no sea el islam es ile­gal, hay gra­ves res­tric­cio­nes en prác­ti­ca­mente todos los aspec­tos de la vida de las mujeres y se […]

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