Si quiere entrar en Israel, enséñeme sus correos

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Bienvenido a Israel. Deje todos los objetos metálicos en la bandeja, quítese los zapatos y enséñeme los mensajes de su cuenta personal de correo electrónico. Tal cual. Según informa el diario Haaretz, agentes del servicio de seguridad israelí han estado pidiendo a “personas sospechosas”, es decir, turistas con nombres árabes, que les den acceso a sus cuentas privadas de correo electrónico en los controles del aeropuerto internacional Ben Gurion.

Así lo afirman, al menos, varios ciudadanos estadounidenses que fueron interrogados en este aeropuerto el pasado mes de mayo. Entre ellos, Najwa Doughman, una arquitecta de 25 años de edad, de Nueva York, que aterrizó en Israel el día 26. Doughman había visitado Israel en tres ocasiones anteriores y quería recorrer el país junto a un amiga, Sasha Al-Sarabi, de 24 años, quien no había estado nunca. Ambas nacieron en familias palestinas que fueron expulsadas de Haifa y Acre en 1948.

Según relató Doughman, en declaraciones recogidas por la agencia AP, al llegar a los controles una agente le ordenó acceder a su cuenta personal de Gmail, al tiempo que le informaba de que si se negaba sería “deportada”: “Entró en gmail.com, me pasó el teclado y me dijo, ‘conéctese’. Yo le pregunté: ‘Pero, ¿esto es legal?’. ‘Conéctese’, me respondió”.

Doughman afirma que la agente buscó en su correo palabras como “West Bank” (Cisjordania) y “Palestina”, “hasta que después de leer un montón de cosas, humillándome y riéndose de mí, le dije: ‘Creo que ya ha leído bastante'”. Los agentes inspeccionaron su chat y, según Doughman, entraron también en la cuenta de Facebook de su compañera, Sasha Al-Sarabi.

Otro testimonio, recogido asimismo por AP y por Haaretz, es el de Sandra Tamari, de 42 años, y también estadounidense de origen palestino. Al igual que en los casos anteriores, un agente le puso delante una pantalla de ordenador, abrió la página de Gmail y le dijo que accediese a su cuenta privada. Según Tamari, el agente sospechaba que pudiera ser una “activista propalestina” y buscaba “pruebas incriminatorias”. Cuando la mujer se resistió a entrar en su cuenta, el agente, de acuerdo con el testimonio de la afectada, le dijo: “Debe de ser usted una terrorista cuando está ocultando algo”. Finalmente, Tamari no quiso acceder y le fue negada la entrada al país.

De momento no está claro si se trata de una práctica generalizada o de casos aislados, pero el hecho de que esos casos puedan darse impunemente ya es bastante grave. En primer lugar, por el componente racista (los árabes son sospechosos, ya se sabe), y, en segundo lugar, por la escalada que supone en la paranoia de la seguridad en los aeropuertos ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Interrogarnos sobre nuestras fantasías sexuales? ¿Preguntarnos si alguna vez nos expulsaron de clase en el instituto? ¿Olernos el aliento? Sin duda, Israel tiene motivos más que de sobra para no relajarse en lo que respecta a su seguridad, pero en algún sitio hay que trazar una línea roja.

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