
La forma más antigua de firma procede del antiguo Irak, en forma de sellos cilíndricos.
A los mesopotámicos, los antiguos habitantes de la tierra entre los ríos Éufrates y Tigris, se les atribuyen muchas primicias en la historia de la humanidad, incluyendo la escritura, el urbanismo y el Estado. Entre estas invenciones, los sellos cilíndricos son quizás las más distintivas, pero también las menos conocidas.
Miles de estos diminutos objetos, a menudo de no más de 5 centímetros de altura y 2,5 cm de diámetro, se exhiben hoy en museos. Son el testimonio de una tradición artística en los antiguos territorios de Irak y Siria, que se mantuvo ininterrumpida desde finales del cuarto milenio a. C. hasta el primer milenio a. C.
En esencia, un sello cilíndrico era una pequeña escultura que cumplía una función utilitaria crucial: firmar documentos. Generalmente se fabricaba con una piedra preciosa o semipreciosa, como el lapislázuli, el ágata o la calcedonia. Se grababan imágenes y textos en la piedra mediante una técnica llamada intaglio. Cabe destacar que estos grabados debían realizarse al revés de cómo se verían las marcas al usarlos.
Al ser rodados sobre una tablilla de arcilla húmeda, estos grabados dejaban marcas en bajorrelieve que indicaban que el propietario del objeto autorizaba el documento escrito. En este sentido, la impresión de un sello cilíndrico es el precedente de las firmas manuscritas y digitales modernas.
Identidad
Si bien los sellos cilíndricos fueron una creación de los sumerios que habitaron el sur de Mesopotamia hace unos 6.000 años, estos objetos se extendieron rápidamente por el resto de Asia occidental y el Mediterráneo oriental, convirtiéndose en importantes elementos de la vida cotidiana.
Las comunidades de esta vasta región, especialmente las de Mesopotamia, una zona pobre en materias primas, importaban piedras de tierras lejanas para fabricar sus sellos. Los mesopotámicos extraían diorita de Omán, lapislázuli de Afganistán y cornalina y ágata del valle del Indo y otras partes del sur de Asia.
Los sellos hechos con estas piedras exóticas eran muy valiosos, por lo que solo la élite podía permitírselos. A menudo vinculadas al estado y a los templos, estos individuos eran típicamente miembros de la realeza, burócratas de alto rango y sacerdotes. En contraste, las personas de las clases bajas usaban sellos hechos de materiales menos valiosos, como piedra caliza, arcilla o vidrio.
Los mesopotámicos y sus contemporáneos en Asia occidental expresaban su identidad no solo a través del material de sus sellos, sino también mediante los textos e imágenes grabados en ellos. Los textos de los sellos solían presentare a sus propietarios con sus nombres, genealogías, género, profesión y lugar de origen. Gracias a esta información, los investigadores saben que no solo los hombres, sino también las mujeres adineradas, poseían sellos, aunque en proporciones mucho menores.
La identidad religiosa también se comunicaba mediante largas oraciones dirigidas a dioses personales o mediante imágenes que representaban a dioses y adoradores.
Fabricando un sello
El alcance de la imaginería mesopotámica representada en los sellos cilíndricos es amplio. Durante miles de años, los grabadores de sellos —artesanos especializados exclusivamente en la fabricación de estos objetos— tallaron escenas que representaban la vida cotidiana y la naturaleza, rituales religiosos, guerras, paisajes arquitectónicos e historias míticas que involucraban a dioses, héroes y criaturas híbridas como caballos alados y grifos.
Gran parte de esta rica imaginería obedecía a las decisiones personales de sus propietarios, que a menudo hacían referencia a sus identidades. En algunos casos excepcionales, los reyes mesopotámicos o sus ayudantes supervisaban y aprobaban los diseños de los sellos cilíndricos que regalaban a funcionarios de alto rango.
Muchos sellos parecen haber sido grabados con motivos culturales populares antes de su venta a los clientes, aunque aún se necesitan pruebas arqueológicas y de archivo sólidas para confirmar este aspecto. Cuando un cliente compraba estos objetos prefabricados, podía solicitar una nueva inscripción o algunos ajustes en la imaginería. La mayoría de los sellos cilíndricos conocidos probablemente se volvían a tallar para clientes de élite, especialmente para aquellos pertenecientes a las más altas esferas de la sociedad, como la realeza.
Los sellos cilíndricos abren una amplia ventana no solo al arte y la cultura de la antigua Mesopotamia, sino también a la mente de cada uno de sus habitantes. Grabados con imágenes y textos personalizados que reflejaban sus visiones de la vida y la sociedad, los sellos estaban íntimamente ligados a quienes los poseísn. Perder el sello se consideraba un mal presagio para su dueño. Las firmas modernas, en cambio, suelen ser despersonalizadas y genéricas.
Los sellos cilíndricos, junto con la vida urbana, la religión organizada y la burocracia, fueron un componente clave de la antigua civilización mesopotámica. Y estas características, en diferentes formas y proporciones, siguen definiendo la vida moderna.
Serdar Yalçin es profesor adjunto de Historia del Arte en Macalester College (Minnesota, EE UU). Es especialista en arte y arqueología de la antigua Asia Occidental y el mundo mediterráneo, con especial atención a las culturas de la Edad del Bronce y del Hierro de Mesopotamia, Siria y Anatolia. Sus intereses de investigación incluyen arte e identidad, género y representación, interconexiones artísticas en el mundo antiguo, el anticuarismo occidental y la formación de las colecciones de antigüedades europeas y americanas.
Artículo publicado originalmente en inglés en The Conversation el 3/11/2025, bajo licencia Creative Commons. Título original: Signatures meant more in Mesopotamia than they do now − what cylinder seals say about ancient and modern life.
Archivado en: Cultura y Sociedad
Más sobre: arqueología, Irak, Mesopotamia

