Borde Protector

Un obús (tal vez varios) impactó este jueves en una de las escuelas de Gaza que administra la UNRWA (la agencia de Naciones Unidas que asiste a los refugiados palestinos), causando al menos 15 muertos y unos 200 heridos. Muchas de las víctimas son niños y mujeres civiles. También han muerto trabajadores de la ONU. La escuela, situada en Beit Hanun, al norte de la franja, era utilizada como refugio por muchas familias palestinas que han tenido que abandonar sus hogares en las últimas semanas debido al ataque israelí. En un contexto donde la cifra de muertos desde que se inició la operación militar contra Gaza se acerca ya a las 800 personas (el 20%, niños), donde miles de familias lo han perdido todo y no saben ya ni a dónde huir, las imágenes de hoy son especialmente difíciles de digerir.

Embed from Getty Images

Heridos en el ataque a una escuela de la UNRWA en Beit Hanun, Gaza. Foto: Majdi Fathi / NurPhoto / Getty Images

Las autoridades palestinas en la franja han culpado desde el principio a un tanque israelí. Naciones Unidas ha indicado que no puede determinar aún la fuente de los disparos. Israel, hasta el momento, no ha confirmado ni desmentido nada oficialmente, pero nada más conocerse el suceso se apresuró a sugerir que la escuela había sido alcanzada por un cohete de Hamás cuya trayectoria se habría quedado corta (Beit Hanun está muy cerca de la frontera con Israel, en el norte de la franja). El comandante de la división que entró en Gaza hace siete días, Michael Edelestein, reconocío que todavía no estaban seguros de lo que había ocurrido, pero añadió que «nunca bombardearíamos un sitio así».

Sin embargo, a última hora de la tarde, el ejército israelí daba pistas en Twitter de que es más que probable que el ataque haya procedido de uno de sus tanques, aunque indique que habría sido «en respuesta» a disparos de Hamás:

La serie completa de tuits dice así: «En los últimos días, Hamás ha disparado cohetes desde el área de Beit Hanun donde está situado el refugio de la UNRWA. Anoche le dijimos a la Cruz Roja que evacuase a los civiles del refugio entre las 10 am y las 2 pm. La UNRWA y la Cruz Roja recibieron el mensaje. Hamás impidió que los civiles fuesen evacuados durante el tiempo que les dimos. Hoy, Hamás ha continuado disparando desde Beit Hanun. El IDF [ejército israelí] respondió apuntando al lugar de donde procedían los disparos».

Este comunicado se contradice, en cualquier caso, con la versión del intento de evacuación dada por la ONU. Según la UNRWA, «el Ejército de Israel había recibido las coordenadas exactas de la localización del refugio» para evitar su bombardeo y, a lo largo del día, la agencia de la ONU había intentado, sin éxito, acordar con los militares una forma en que los civiles pudieran evacuar el centro, situado en una zona cada vez más peligrosa, a medida que se iban acercando los combates:

Los refugiados no recibieron aviso alguno de que el edificio iba a ser atacado de forma inminente. Uno de los proyectiles estalló en el patio central, lleno de gente en esos momentos. La escuela y la zona colindante fue alcanzada, al parecer, por varios obuses.

«El patio de la escuela quedó cubierto de charcos de sangre y libros diseminados. Había una gran quemadura en el suelo, en el lugar donde estalló el proyectil», contaba un testigo a la agencia AP. En el hospital Kamal Adwan, donde fueron trasladados algunos de los heridos, un sobreviviente decía a un periodista de Al Jazeera: «Estábamos en la escuela porque nos habían dicho que era un lugar seguro. Allí no había un solo combatiente, ningún disparo salió de allí. ¿Por qué disparan a una escuela? ¿Por qué? ¿Puede alguien explicármelo? ¿Puede alguien explicarme esto? ¿Qué culpa tiene una escuela?».

Muertos israelíes y palestinos desde que comenzó la operación contra Gaza. Gráfico: The Economist
Muertos israelíes y palestinos desde que comenzó la operación contra Gaza. Gráfico: The Economist

El colegio bombardeado es uno de los cerca de 100 centros que la ONU ha habilitado como refugio para los más de 100.000 desplazados por la operación militar israelí en Gaza. Acogía a alrededor de un millar de personas. La ONU había decidido vaciar la escuela por los duros bombardeos israelíes, por tierra y aire, de los últimos días.

Israel ha acusado reiteradamente a Hamás de utilizar algunas de estas escuelas operadas por la ONU como lugar de lanzamiento de cohetes, algo que la UNRWA niega. Lo que sí ha admitido, y condenado, la UNRWA es haber encontrado cohetes en algunas de sus escuelas vacías.

El de hoy no es el primer ataque que sufre una instalación de la ONU en Gaza desde que comenzó la ofensiva terrestre israelí. El lunes fue alcanzada una escuela en la que se refugiaban cerca de 300 personas, y el martes por la mañana, otra en Dair Al Balah donde hay acogidos 1.500 refugiados. En este último ataque se registraron al menos cinco heridos.

Miles de personas (unas 10.000, según la agencia palestina Maan) se manifestaron este jueves por la noche en Ramala, Cisjordania, contra la intervención israelí en Gaza. Los manifestantes, convocados a través de las redes sociales, partieron del campo de refugiados de Al Amari en dirección al paso de Qalandia, tomado por las fuerzas israelíes. La protesta derivó en enfrentamientos con soldados israelíes, quienes utilizaron fuego real, pelotas de goma y gases lacrimógenos para tratar de dispersar a los palestinos. Los choques han dejado al menos dos muertos y más de un centenar de heridos, de los cuales unos 60 presentaban heridas de bala.


Más información y fuentes:
» Shelling of Gaza school kills at least 15; toll nears 800 (Reuters)
» Gaza: How Many More Deaths Will It Take? (The New Yorker)
» Blasts Kill 16 Seeking Haven at Gaza School (The New York Times)
» Israeli strike on Gaza school kills 15 and leaves 200 wounded (The Guardian)
» Matanza en un centro de la ONU en Gaza (El País)
» Un ataque sobre una escuela de la ONU en Gaza causa al menos 17 muertos y 200 heridos (RTVE)
» UN school in Gaza caught in cross-fire; 15 killed (AP)
» Al menos 17 muertos en bombardeo israelí a escuela de la ONU (Efe)

Y aquí, una lista de periodistas informando en Twitter desde Gaza.

Matanza en una escuela-refugio de Gaza

Un obús (tal vez varios) impactó este jueves en una de las escuelas de Gaza que administra la UNRWA (la agencia de Naciones Unidas que asiste a los refugiados palestinos), causando al menos 15 muertos y unos 200 heridos. Muchas… Leer

Jóvenes estudiantes israelíes realizando tareas propagandísticas en Internet, en la ‘Sala de Guerra Hasbará’. Foto: Ynet

Hace apenas una semana, cuando el número de muertos en Gaza no había llegado aún a los 200, una web israelí publicó un reportaje sobre la «Sala de Guerra Hasbará» de la Universidad de Herzliya, un lugar donde 400 estudiantes voluntarios están librando una batalla propagandística en Internet [Hasbará, «explicación, esclarecimiento», es un término utilizado por el Estado de Israel y por grupos independientes para describir sus esfuerzos por explicar las políticas del Gobierno israelí y fomentar la imagen de Israel en el mundo]. Trabajan en 30 idiomas, y su objetivo es contrarrestar el sentimiento «antiisraelí» en las redes sociales.

En Internet, por supuesto, estos guerreros electrónicos israelíes parecen gente corriente que simplemente está expresando opiniones personales. Pero la ‘operación Herzliya’ es, en realidad, el último proyecto de un programa de propaganda gubernamental (documentado por Electronic Intifada aquí, aquí, aquí y aquí) que tiene una historia un tanto accidentada. El año pasado, el jefe del programa, Daniel Seaman, fue retirado del cargo tras publicar en Facebook un comentario que provocó una protesta oficial del Gobierno japonés. Decía así:

Estoy harto de los japoneses y de los grupos pacifistas y de derechos humanos de todo el mundo, con sus santurronas conmemoraciones anuales en recuerdo de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki. Hiroshima y Nagasaki fueron la consecuencia de una agresión japonesa. Se cosecha lo que se siembra.

Y en otra entrada, Seaman preguntaba:

¿Significa el comienzo del ayuno del Ramadán que los musulmanes van a dejar de comerse los unos a los otros durante el día?

Varios cientos de propagandistas trabajando en sus ordenadores pueden parecer muchos, pero, diluidos entre los millones de usuarios de redes sociales en todo el mundo, sus esfuerzos apenas están haciendo mella. Desde un punto de vista israelí, se diría que estos propagandistas están empleando su tiempo de un modo bastante poco efectivo, tal vez porque no saben muy bien cómo responder a la avalancha de críticas.

Un ejemplo: este domingo, alguien entró en Wikipedia desde una dirección IP del Gobierno israelí y alteró el artículo sobre el sistema de defensa Cúpula de Hierro. Ésta es una de las frases originales:

Uri Misgav ha expresado en Haaretz la opinión de que los creadores del sistema Cúpula de Hierro han logrado una maravilla tecnológica que ha salvado muchas vidas, pero también una brillante invención que, en un sentido estratégico, causa daño, ya que permite a los israelíes inflar su victimismo a la vez que continúan viviendo sus vidas con relativa comodidad.

La contribución del Gobierno israelí fue insertar las palabras «el periódico de extrema izquierda» antes de «Haaretz».

Otra de las frases en la entrada original de Wikipedia empieza así:

Misgav escribe más adelante que la Cúpula de Hierro no va a devolver la calma a los residentes del sur de Israel, ni a los sitiados residentes de la franja de Gaza, y que los israelíes necesitan esforzarse con valentía y generosidad para conseguir una solución sistemática…

El Gobierno israelí borró las palabras «ni a los sitiados residentes de la franja de Gaza».

Quienquiera que fuese el que realizó estos cambios no tiene ni idea de cómo funcionan las redes sociales. Intentar manipular subrepticiamente las entradas de Wikipedia es algo peligroso; lo más seguro es que se note, como ocurrió en este caso. De hecho, ahora hay una cuenta en Twitter (@israeledits) desde la que se informa automáticamente de cualquier cambio realizado en Wikipedia desde direcciones IP pertenecientes al Gobierno israelí.

En guerras anteriores, Israel podía confiar en que obtendría una cobertura favorable por parte de los medios de comunicación occidentales, especialmente, de los estadounidenses. Esto sigue siendo así en EE UU, pero hay señales de que las cosas están empezando a cambiar. Una de las razones es que la diversidad de los medios en Internet ha diluido el impacto de los medios tradicionales y, en cierta medida, les está obligando a revisar sus viejas prácticas.

Pero si bien es cierto que muchas de las dificultades con que se encuentra la propaganda israelí pueden ser atribuidas a la cambiante naturaleza de los medios, el problema de fondo está en que el mensaje en sí es inherentemente débil. Las acciones militares contra Gaza dan una imagen mucho más devastadora que cualquier ataque procedente de Hamás.

El «derecho de Israel a defenderse» (un derecho que, aparentemente, no tienen los palestinos) suena especialmente hueco ante la enorme desproporción existente en el número de bajas de ambas partes.

Del mismo modo, el discurso de que los israelíes viven bajo el terror de los poco eficaces ataques con cohetes –sirenas, refugios, etc.– no resulta muy convincente cuando estamos viendo fotografías de israelíes sentados en sofás al aire libre, viendo los fuegos artificiales cerca de la frontera con Gaza. Usuarios de Twitter han publicado asimismo fotos de israelíes, supuestamente sitiados, disfrutando del sol en las abarrotadas playas de Tel Aviv.

Y luego están los famosos túneles de Gaza –una respuesta natural a las acciones de Israel en los últimos años–, que parecen conmocionar a los propagandistas israelíes, pero que no causan demasiada impresión a la mayoría del resto del mundo. Anoche, en la televisión británica, un portavoz israelí denunciaba que todo el cemento necesario para construir esos túneles podía haberse utilizado en construir casas, escuelas, hospitales, etc. La ironía de semejante declaración, en un día en que Israel siguió demoliendo casas, e incluso un hospital, pareció escapársele.

Las redes sociales están influyendo en la guerra de Gaza de dos maneras importantes: por un lado, están cuestionando tanto el discurso israelí como el de los medios tradicionales que lo regurgitan automáticamente. Los oficiales israelíes están acostumbrados a avanzar por un camino de rosas, especialmente en los medios estadounidenses, donde pueden realizar la más absurda de las declaraciones sin que nadie les cuestione seriamente. Así, Netanyahu puede seguir haciendo en la televisión estadounidense sus repugnantes comentarios sobre «telegénicos muertos» palestinos, pero inmediatamente será confrontado en Twitter con las preguntas que su entrevistador debería haberle hecho.

Tomemos el caso de Ayman Mohyeldin, el reportero de la cadena de televisión NBC que, junto con otros periodistas, fue testigo de la muerte de cuatro niños que estaban jugando al fútbol en una playa de Ciudad de Gaza. Mohyeldin publicó algunos tuits muy fuertes sobre lo que había visto. Glenn Greenwald cuenta lo que pasó después:

A pesar de este impactante ejemplo de periodismo de primera mano, o tal vez por ello, Mohyeldin no apareció por ninguna parte en la emisión de anoche del programa de la NBC ‘Nightly News’, presentado por Brian Williams. Como señaló Jordan Chariton, de Media Bistro, en su lugar, y curiosamente, la NBC emitió un ‘reportaje’ realizado por Richard Engel, quien se encontraba en Tel Aviv, y que había llegado allí aproximadamente una hora antes. Chariton escribe que «la decisión de que fuese Engel el encargado de contar la historia, y no Mohyeldin, enfadó a algunos miembros de la redacción de NBC News».

De hecho, muchos empleados de la NBC, incluyendo algunas de las estrellas de la cadena, se mostraron primero confundidos y luego indignados por el cambio. Lo que no sabían, de lo que no se ha informado hasta ahora, es que Mohyeldin fue apartado completamente de su trabajo en Gaza por uno de los altos ejecutivos de la NBC, David Verdi, quien le ordenó abandonar la franja inmediatamente.

El caso de Mohyeldin ilustra una de las dificultades a las que se enfrentan los grandes medios de comunicación favorables a Israel. Apaciguar a la opinión pública israelí solía ser la opción más segura, pero ahora las redes sociales les están forzando a prestar mucha más atención a las demandas de una audiencia más amplia. La tormenta que provocó en Internet la repentina decisión de hacer salir a Mohyeldin de Gaza hizo que la NBC reconsiderara su postura y le permitiese finalmente volver a la franja.

El segundo gran efecto de las redes sociales en la cobertura de Gaza es que los periodistas de los grandes medios están tuiteando y produciendo reportajes en toda regla sobre el terreno. Esto supone un gran cambio. Como indica Paul Mason, de Channel 4:

Durante la operación Plomo Fundido, en 2009, había muchos menos medios grandes allí [en Gaza], y muchos de ellos no tuiteaban. Actualmente, a muchos periodistas se les pide que tuiteen como parte de su trabajo. Pero no es lo mismo tuitear que realizar un reportaje tradicional.

Un reportaje pasa por un proceso de edición. Las partes que no coinciden con la política editorial del medio pueden suprimirse; los hechos tienen que se comprobados y contrastados con otros hechos y otras versiones. El mismo equipo que elabora el reportaje (productor, reportero, cámaras, traductores) supone ya un primer filtro. Pero en Gaza no hay filtros y, además, ahora tuitean también los cámaras y los periodistas que no aparecen en pantalla. Y en lo que respecta a los periódicos, ahora hay varios periodistas tuiteando al mismo tiempo, en lugar de pasar todos por la máquina editorial para convertirse en un único producto final

Y aquí está la clave: las noticias, instantáneas y sin filtrar, son contrastadas por la mente colectiva creada por las mismas redes sociales. El proceso de edición es el propio medio…

Es verdad que, por más que pongas a una docena de periodistas con Twitter sobre el terreno, los procesos y políticas editoriales seguirán aplicándose al pulido (algunos dirán «censurado», o «ideologizado») reportaje final. Pero la información en bruto seguirá ahí, y cualquier intento de añadir matices ideológicos, o políticamente correctos, a los hechos, va ser mucho más fácil de detectar.

Es probable que el Gobierno israelí se esté arrepintiendo de haber permitido la entrada de tantos periodistas extranjeros en Gaza. Tal vez sea esa una de las razones por las que el ministro de Asuntos Exteriores, Avigdor Lieberman, quiere ahora prohibir que Al Jazeera siga operando en Israel, una iniciativa que, según se ha informado, Lieberman justificó diciendo que la prohibición no sería muy diferente de cuando el Reino Unido se negó a permitir la publicación del diario nazi Der Sturmer, o de cuando Estados Unidos prohibió las emisiones de un canal de televisión de Al Qaeda.

Los usuarios de Twitter se apresuraron a responder comparando a Lieberman con el nuevo dictador egipcio, el general Al Sisi, quien ya ha vetado a Al Jazeera en este país.


Brian Whitaker, responsable de la web Al Bab, es periodista, antiguo jefe de la sección de Oriente Medio en The Guardian, y autor del libro Arabs Without God: Atheism and Freedom of Belief in the Middle East.


Publicado originalmente en Al Bab bajo licencia Creative Commons el 22/7/2014
Traducción del original en inglés: Losing the plot. How Israel’s media offensive has come unstuck


Como complemento al artículo, esta interesante conversación en la radio pública estadounidense, NPR, con Anne Barnard, corresponsal de The New York Times en Gaza, y Peter Bouckaert, de Human Rights Watch: Tuitear desde una zona de conflicto, ¿favorece o perjudica el trabajo periodístico?:

Gaza, Twitter y la fallida propaganda israelí

Por Brian Whitaker.- Hace apenas una semana, cuando el número de muertos en Gaza no había llegado aún a los 200, una web israelí publicó un reportaje sobre la «Sala de Guerra Hasbará» de la Universidad de Herzliya, un lugar donde 400 estudiantes voluntarios están librando una batalla propagandística en Internet [Hasbará, «explicación, esclarecimiento», es un término utilizado por el Estado de Israel y por grupos independientes para describir sus esfuerzos por explicar las políticas del Gobierno israelí […]

Cuatro niños palestinos murieron este miércoles en un ataque de la Marina israelí contra una playa de la ciudad de Gaza en la que se encontraban jugando con otro grupo de doce compañeros, que resultaron heridos. Los cuerpos de los niños quedaron sin vida sobre la arena después de que uno de los barcos que imponen el bloqueo marítimo al que Israel somete a la franja abriera fuego (por dos veces) contra la playa. Eran alrededor de las cuatro de la tarde.

Algo después, y tras una petición del coordinador especial de Naciones Unidas para Oriente Próximo, Robert Serry, el Gobierno israelí accedió a interrumpir los bombardeos durante varias horas para permitir el reparto de ayuda humanitaria a la población de Gaza. En principio, este alto el fuego, que no necesitaría de ningún gesto por parte de Hamás, durará seis horas, a partir de las diez de la mañana de este jueves, hora local. La evolución de la tregua dependería de si Hamás y las milicias palestinas se suman a ella o no. Hamás, de momento, mantiene sus condiciones mínimas para aceptar un alto el fuego: el fin del bloqueo de la franja y la liberación de presos.

Embed from Getty Images

Familiares de los niños muertos en el ataque de la Marina israelí, durante el funeral, en Ciudad de Gaza. Foto: Mohammed Abed / AFP / Getty Images

Con la muerte de los cuatro niños de hoy, son ya 43 los menores palestinos fallecidos desde que el pasado 8 de julio Israel lanzó su actual ofensiva militar contra Gaza. Hasta el momento han muerto ya más de 200 palestinos, más de un 75% de ellos civiles, y cerca de 1.500 han resultado heridos. Según datos del ministerio de Sanidad de Gaza, entre las víctimas mortales también hay 24 mujeres y una decena de hombres de avanzada edad.

Los niños muertos este martes pertenecen todos a la familia Bakr, y eran hijos de pescadores de la zona. Se trata de Ahed Atef Bakr (10 años), Zakaria Ahed Bakr (10 años), Mohamed Ramez Bakr (11 años), e Ismael Mohamed Bakr (9 años).

Aquí, una muy dura entrevista de Jon Snow, del canal de televisión británico Chanel 4, al portavoz del Gobierno israelí, Mark Regev:


Leer también:
» El alto el fuego que no fue ni un tiempo muerto
» La agonía de Gaza: las claves del ataque israelí y de la lucha por la supervivencia en la franja
» «Me iré sin mis libros»: una carta desde Gaza

Cuatro niños asesinados y una minitregua

Israel mata a cuatro niños en una playa Cuatro niños palestinos murieron este miércoles en un ataque de la Marina israelí contra una playa de la ciudad de Gaza en la que se encontraban jugando con otro grupo de doce compañeros,… Leer

Embed from Getty Images

Cohetes lanzados desde Gaza hacia Israel, este 15 de julio. Foto: Thomas Coex / AFP / Getty Images

La violencia ha vuelto a desatarse con intensidad este martes entre Israel y los milicianos de Gaza, después del fracaso del alto el fuego propuesto por Egipto, una tregua que habría supuesto, en teoría, el cese de las hostilidades a partir de las nueve de la mañana. La propuesta contemplaba el fin de los ataques en las doce horas siguientes a su entrada en vigor y, después, en un plazo de 48 horas, negociaciones en El Cairo entre Hamás y el Gobierno de Israel.

La oferta fue aceptada en un principio por el Gobierno de Netanyahu, pero las milicias armadas de Gaza la rechazaron. Desde Hamás se emitieron mensajes contradictorios. El grupo islámico que gobierna en la franja no llegó a dar el sí y, al final, el rechazo era ya un hecho. Seis horas después de haber respondido afirmativamente a la propuesta egipcia, Israel reanudó los bombardeos sobre Gaza (Netanyahu ya había amenazado con intensificar los ataques si Hamás no aceptaba), en respuesta al disparo de hasta 70 cohetes desde la franja.

Los cohetes palestinos han causado este martes el primer muerto israelí, un civil que llevaba comida a los soldados del puesto fronterizo de Erez. En Gaza han muerto ya cerca de 200 personas, la mayoría civiles y muchos de ellos, niños. Hay, además, más de 1.400 heridos, miles de ciudadanos desplazados y refugiados en escuelas y centros comunitarios, y cientos de viviendas e infraestructuras arrasadas. Aquí hay una lista, con edades, nombres y apellidos, de los muertos en la franja desde que comenzó la operación Borde Protector, hace ocho días.

En el caso de que Hamás se hubiese inclinado por aceptar la propuesta egipcia, el grupo islámico habría necesitado más tiempo para tratar de convencer a la quincena de milicias armadas que operan en Gaza, muchas de las cuales tienen capacidad para seguir lanzando cohetes, como lo están demostrando ahora (más de 140 disparados este martes, según el ejército israelí). Pero no era muy probable que Hamás fuese a aceptar una iniciativa pactada sin su participación, y en la que no se le hace ninguna concesión explícita. El plan egipcio se limita a proponer una apertura de pasos fronterizos «cuando la situación sea estable», y deja las demás cuestiones, incluyendo las relativas a la seguridad, para que sean discutidas por ambas partes.

Hamás exige, como mínimo, y además del fin del bloqueo israelí a la franja, la liberación de los presos detenidos durante la búsqueda de los tres jóvenes israelíes secuestrados en junio y la apertura permanente de la frontera con Egipto. Sería una sorpresa que el gobierno egipcio del mariscal Al Sisi aceptase este último punto. Estamos hablando del mismo gobierno que ha perseguido implacablemente a los Hermanos Musulmanes desde que los militares arrebataron el poder al presidente Mohamed Mursi (quien sí simpatizaba con Hamás) en un golpe de Estado. El problema es que, de momento, Egipto parece ser el único mediador posible entre unas partes que no negocian de forma directa, puesto que no se reconocen mutuamente.

Para Netanyahu, el rechazo de la tregua por parte de Hamás supone, en sus propias palabras, una «legitimización ante la comunidad internacional» para continuar con los ataques a Gaza. El primer ministro israelí no estaba dispuesto a conceder más tiempo al grupo islamista, ante una situación de la que podría salir reforzado si, como era previsible, el alto el fuego era rechazado en la franja. Aún así, Netanyahu tuvo que enfrentarse a la presión de buena parte de la población israelí (según un sondeo de una televisión local, un 53% se opone a un alto el fuego en Gaza), y a la oposición frontal del ala más derechista de su coalición de gobierno: este martes, Netanyahu destituyó a su viceministro de Defensa, Danny Danon, tras unas declaraciones en las que éste criticaba duramente la decisión de aceptar la tregua.

El fracaso del alto el fuego puede dar, por otra parte, algo de protagonismo al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, quien no ha tenido hasta ahora la más mínima influencia en la crisis. Este miércoles está previsto que viaje a El Cairo para reunirse con Al Sisi y tratar de impulsar un nuevo intento de negociación.

En la franja, entre tanto, la situación es cada vez más desesperada.

El siguiente vídeo, del canal en inglés de Al Jazeera, muestra la vida diaria de una familia en Gaza:

Y aquí, cómo se está viviendo la crisis en Cisjordania:

Mientras, el ejército israelí continúa con su campaña de lavado de imagen en las redes sociales, insistiendo en la tesis del «derecho a defenderse» (los palestinos no se defienden, se limitan a llevar a cabo «acciones terroristas» y a «sacrificar a su propia gente»). Este martes publicaban en Twitter una foto en la que puede verse la ciudad de París bombardeada y el mensaje «¿Qué harías tú?». La imagen, sin embargo, ha resultado ser un arma de doble filo:

(«¿Qué harías tú si el ejército israelí estuviera bombardeando tu ciudad?»)


Más información y fuentes:
» Israel, Palestinians battle as Egyptian-proposed Gaza ceasefire collapses (Reuters)
» Fin del alto el fuego: Israel reanuda los bombardeos por el disparo de cohetes de Hamás (20minutos.es, agencias)
» Fallece el primer ciudadano israelí durante la operación “Margen Protector” (Efe)
» La historia del alto el fuego que nunca existió (Íñigo Sáenz de Ugarte, en Guerra eterna)
» Qué implica el fin del alto al fuego en Gaza en seis puntos (Jordi Pérez Colomé, en World Wide Blog)
» Netanyahu destituye al viceministro de Defensa por criticar al Ejecutivo (Efe)
» Egipto, el mediador estéril (Isabel Monzón, en El País)
» Israel showed restraint in Gaza before attacking? You must be kidding (Amira Hass, en Haaretz)
» Life in the Gaza Strip (BBC)

Leer también:
» La agonía de Gaza: las claves del ataque israelí y de la lucha por la supervivencia en la franja
» «Me iré sin mis libros»: una carta desde Gaza

El alto el fuego que no fue ni un tiempo muerto

La violencia ha vuelto a desatarse con intensidad este martes entre Israel y los milicianos de Gaza, después del fracaso del alto el fuego propuesto por Egipto, una tregua que habría supuesto, en teoría, el cese de las hostilidades a partir de las nueve de la mañana. La propuesta contemplaba el fin de los ataques en las doce horas siguientes a su entrada en vigor y, después, en un plazo de 48 horas, negociaciones en El Cairo entre Hamás y el […]

Funeral en Bait Hanun, Gaza, por seis miembros de una misma familia palestina, muertos en un ataque israelí el 8 de julio. Foto: Muhammad Sabah / B’Tselem

«Han bombardeado casas con familias completas, y las familias aquí no son como en España, aquí son por lo menos de ocho o diez miembros… Es una locura, un genocidio, un acto criminal… Por la noche no hay luz, hay oscuridad absoluta acompañada de ambiente de guerra. La gente está en casa, no sale…». Así describía Ahmad Yacoub, secretario de la Asociación de Escritores Palestinos, a 20minutos.es el infierno en que se ha convertido la franja de Gaza desde que, hace ya casi una semana, comenzaron los bombardeos israelíes.

El balance de víctimas, tras un total de 1.320 ataques, habla por sí mismo: hasta este domingo, al menos 165 palestinos muertos y cerca de 700 heridos. Tres de cada cuatro fallecidos son civiles, y más de una veintena, niños. Dos terceras partes de los heridos son mujeres y menores de edad. Las cifras son de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA).

Desde la franja los milicianos de Hamás (la organización islamista que gobierna en Gaza) y de otras facciones palestinas continúan lanzando cohetes contra Israel (en torno a 800 desde el martes, según el Ejército israelí), pero ni su capacidad ni su eficacia son comparables con el poder de la maquinaria de guerra israelí, que dispone, además, de un sofisticado sistema defensivo antiaéreo (Iron Dome, Cúpula de Hierro), capaz de interceptar una buena parte de los proyectiles. De momento, los cohetes palestinos han herido de diversa consideración a una docena de israelíes (dos graves, diez leves, y tres de ellos, militares).


Fotos:
» Funeral en el campo de refugiados de Jan Yunis (sur de la franja de Gaza) por siete miembros de una misma familia palestina, muertos en un ataque israelí. (Efe)
» Un grupo de palestinos traslada el cuerpo del niño de tres años Mohammed Mnassrah, fallecido en los bombardeos israelíes, durante su funeral en el campo de refugiados de Al Maghazi, en la franja de Gaza. (Efe)
» Una mujer palestina abraza a su hijo en su casa semidestruida tras un ataque israelí en Gaza. (AFP)


Todo parece indicar que la violencia no va a detenerse pronto. Israel realiza ya incursiones terrestres (los bombardeos no están consiguiendo el objetivo de neutralizar los lanzamientos de cohetes), y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha dejado claro que su gobierno contempla «todas las opciones». También ha hecho oídos sordos a las ofertas de mediación realizadas por Estados Unidos, aunque sabe que, de todos modos, cuenta con el respaldo prácticamente incondicional del presidente Barack Obama. Washington ha hecho un llamamiento al cese de los ataques por ambas partes, pero insiste en que Israel tiene «derecho a defenderse».

Este derecho a la defensa es, una vez más, el principal argumento israelí a la hora de justificar el ataque. En este sentido, el Ejército israelí afirma que solo ataca las viviendas de miembros de Hamás implicados en ataques a Israel, blancos que denomina «objetivos terroristas», e incluso denuncia el uso de civiles palestinos como «escudos humanos». En ocasiones, también avisa por teléfono (minutos antes) a las familias de las casas que van a ser bombardeadas. Pero, dejando a un lado el hecho de que se trataría de intentos de ejecuciones sin juicio, la muerte de familiares, víctimas inocentes y civiles en general, es difícilmente evitable. Gaza es una de las regiones más densamente pobladas del mundo.

Embed from Getty Images

Una familia palestina huye de su casa en Gaza, en plena noche. Foto: Mohammed Abed / AFP / Getty Images

En cuanto a Hamás, y a pesar del alto precio que está pagando, tampoco parece muy dispuesta a detener sus ataques. La resistencia tiene un efecto propagandístico importante, y los islamistas no pueden permitirse ceder ante Israel, más aún cuando parece que tienen un importante respaldo social y de otros movimientos. El nivel de violencia infligido por Israel y la importancia que da la población a la cuestión de los prisioneros, de los que Hamás se ha constituido siempre en portavoz, y cuya liberación es ahora una de las condiciones para el alto el fuego, fomentan este apoyo.

Estas son las claves de la última gran crisis entre israelíes y palestinos, un nuevo callejón de difícil salida que en apenas una semana ha relegado en los medios no solo a la ya de por sí olvidada guerra en Siria, sino incluso a los yihadistas de Irak y su «califato» fundamentalista; las claves, también, del territorio que, con dos tercios de su población viviendo por debajo del nivel de pobreza y dependiendo de la ayuda humanitaria, más la está sufriendo.

Los detonantes

La crisis actual es el desenlace de una tensión que no ha hecho más que crecer desde que el pasado día 30 se confirmó que habían sido asesinados tres jóvenes israelíes secuestrados semanas antes en Cisjordania, y cuya búsqueda dejó a su vez seis palestinos muertos, 118 heridos y 471 detenidos.

El Gobierno de Netanyahu acusó a Hamás del secuestro, aunque hasta ahora no ha presentado pruebas que lo demuestren. Hamás, por su parte, negó estar implicada. La crisis se agravó cuando dos días después ultranacionalistas judíos se vengaron quemando vivo a un joven palestino en Jerusalén, y cuando, en esa misma semana, se publicó un vídeo en el que se ve cómo policías israelíes apalean brutalmente a un chico palestino.

Durante las tres semanas que pasaron desde que se produjo el secuestro de los estudiantes israelíes hasta que se anunció el hallazgo de sus cadáveres, el ejército israelí golpeó duramente la estructura de Hamás en Cisjordania. En ese tiempo no hubo más que unos pocos lanzamientos de cohetes, que además no fueron reivindicados. Pero la eliminación de siete combatientes del movimiento islamista en un ataque israelí realizado con drones en Gaza, el 7 de julio, fue interpretada como un acto de agresión que rompía el alto el fuego negociado con Israel en noviembre de 2012 (el compromiso establecía que ninguna de las partes se implicaría en una operación militar contra la otra). Hamás y su rama militar, las brigadas Ezzedine Al-Qassam, pasaron a la acción y el lanzamiento de cohetes se intensificó.

Los ataques con cohetes desde Gaza permitieron al gobierno de Netanyahu desencadenar una nueva ofensiva contra la franja y, de paso, satisfacer las exigencias de una parte de la población israelí y del ala más derechista de su coalición de gobierno, que reclamaban un duro «castigo» por el asesinato de los tres jóvenes, algo con respecto a lo que el primer ministro había expresado contención en un primer momento.

Entre tanto, al reivindicar los lanzamientos, Hamás, criticada por algunos sectores por su reciente reconciliación con Al Fatah (el partido que gobierna la Autoridad Nacional Palestina, en Cisjordania), intenta reengancharse al alcance popular que tienen otras organizaciones islamistas, o incluso nacionalistas y miembros de la OLP, como las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, de Al Fatah, o el Frente Popular y Democrático de Liberación de Palestina, grupos que también lanzan cohetes.

Para Hamás es también muy importante seguir siendo el principal portavoz de los presos en cárceles israelíes. Ahora mismo, su principal exigencia es que Israel vuelva a liberar a 56 palestinos que habían sido puestos en libertad en el canje de prisioneros de 2011, y que fueron vueltos a detener por fuerzas israelíes en Cisjordania durante la búsqueda de los estudiantes secuestrados.

El contexto político

En ambas partes existe asimismo un fondo político que es necesario tener también en cuenta para comprender lo que está pasando. Lo más importante es, tal vez, que esta nueva crisis se produce en un contexto en el que las negociaciones de paz han fracasado. Tras el pacto de unidad firmado finalmente por Al Fatah y Hamás el pasado 23 de abril, Netanyahu dio por terminado el diálogo con los palestinos, y un par de meses después, en junio, autorizó la construcción de centenares de centenares de nuevas viviendas en asentamientos situados en Cisjordania, en territorio ocupado.

Algunos analistas han interpretado el acoso llevado a cabo contra Hamás tras el secuestro de los jóvenes israelíes como un intento de dinamitar la frágil reconciliación palestina. El pasado jueves, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, se dirigió a Hamás a través de la televisión palestina: «¿Qué vais a lograr lanzando cohetes? Es mejor luchar con sabiduría y con la política», afirmó. Era la primera vez que Abás criticaba abierta y públicamente a los milicianos islamistas.

Por otro lado, el ataque a Gaza ha estado marcado por la división existente en la coalición derechista que gobierna Israel: la operación militar estuvo precedida por un largo pulso entre Netanyahu, y los elementos más ultras de su Ejecutivo, encabezados por el ministro de Exteriores, el xenófobo y partidario de arrasar Palestina («no dejar piedra sobre piedra») Avigdor Lieberman. Sin llegar a romper la coalición de Gobierno, el partido de Lieberman llegó a ‘separarse’ del Likud de Netanyahu por entender que no estaba aplicando suficiente «mano dura» contra Hamás. Poco después, el Gabinete de seguridad israelí pasaba de la «contención» a los ataques actuales.

Con respecto a Hamás, la organización se encuentra en una situación de debilidad (lo que le habría llevado a pactar con Al Fatah), y necesita volver a ser percibida como el principal representante de la resistencia palestina. La destrucción por parte del nuevo gobierno egipcio de los túneles que unían la franja con el Sinaí ha privado a los residentes de Gaza de un suministro básico de bienes. Y, a pesar del pacto con Al Fatah, aún no ha llegado a Gaza ninguna ayuda económica desde la ANP. Los 50.000 funcionarios de la franja llevan meses sin cobrar sus salarios.

Además, el grupo islamista ha perdido últimamente apoyos cruciales. Irán y Siria, sus aliados tradicionales, han cortado el grifo de las ayudas como consecuencia de la decisión de Hamás de apoyar a los rebeldes que luchan contra el régimen del presidente sirio, Bashar Al Asad.

Y en cuanto a la división interna en el seno de Hamás, es cierto que hubo fuertes divergencias ante el acuerdo de reconciliación con Al Fatah, pero ahora mismo parece haber consenso sobre cómo operar y sobre la necesidad de responder a Israel.

Los ataques

Desde que, el pasado lunes, se inició la denominada operación Borde Protector (Protective Edge), y hasta este domingo, las Fuerzas Armadas israelíes han alcanzado unos 1.320 objetivos en Gaza, en ataques lanzados tanto desde el aire como desde los buques de guerra que bloquean los accesos marítimos a la franja. Las bombas han caído no solo en presuntos objetivos de milicianos de Hamás, sino también en viviendas, mezquitas, clínicas sanitarias y hasta en un centro de atención a discapacitados. Los milicianos, por su parte, han lanzado contra Israel en torno a 800 cohetes, según el último parte militar israelí.

Este domingo, soldados israelíes permanecieron en territorio gazatí bajo el paraguas de helicópteros artillados y de barcos de guerra, y destruyeron lanzaderas de cohetes. En la operación, la primera que el Ejército reconoce haber realizado por tierra dentro de la franja, resultaron heridos de forma leve cuatro soldados israelíes. Israel tiene movilizados a 20.000 reservistas en la zona, y 40.000 en todo el país.

La última oleada de bombardeos israelíes causó la noche del sábado la muerte de 18 palestinos, cuando un avión atacó una mezquita y una vivienda adyacente, según informó el portavoz de los servicios de emergencia en la franja. Otros tres palestinos murieron en el sur de Gaza en ataques aéreos contra posiciones islamistas en la ciudad de Rafah. Con estas últimas víctimas, el recuento de muertos en el lado palestino ascendería ya a 165, la mayoría civiles, y los heridos, a un millar.

Embed from Getty Images

Funeral en el campo de refugiados de Jan Yunis (sur de la franja de Gaza) por siete miembros de una misma familia palestina muertos en un ataque israelí. Foto: Thomas Coex / AFP

Los severos bombardeos nocturnos en Gaza siguieron al lanzamiento de cohetes por las milicias palestinas contra Tel Aviv y otras ciudades del centro de Israel, en un ataque que el brazo armado del movimiento islamista Hamás anunció previamente por televisión, informando del uso de un nuevo cohete de largo alcance, el J80. Los proyectiles fueron derribados en vuelo por el sistema Cúpula de Hierro, que en cinco días ha neutralizado 147 de los que se dirigían a centros urbanos israelíes. Los cohetes palestinos han causado, además del cierre de comercios y colegios, y de la alarma entre la población, una docena de heridos de diversa consideración (dos de ellos, graves).

La actual es la tercera operación militar que dirige el Gobierno de Netanyahu contra Gaza. Las dos anteriores se llevaron a cabo en 2012: en la primera, bautizada como Eco de Vuelta, murieron 24 palestinos; en la segunda, Pilar de la Defensa, 158. La ofensiva más devastadora hasta ahora, no obstante, fue la llamada Plomo Fundido, lanzada entre finales de 2008 y principios de 2009, con Ehud Olmert como primer ministro y Ehud Barak como ministro de Defensa. Causó más de 1.300 muertos (en su mayoría civiles) y 5.000 heridos. En las dos últimas operaciones no llegó a haber incursión militar terrestre en la franja (sí la hubo en Plomo Fundido), aunque en Pilar de la Defensa el ejército israelí llegó a movilizar a unos 75.000 reservistas.

Las reacciones

Hasta el momento, y más allá de declaraciones y de llamamientos a un genérico alto el fuego, la reacción (efectiva) de la comunidad internacional brilla por su ausencia. EE UU se ha ofrecido como mediador y presiona para que cesen los ataques «de ambos bandos», pero tiene las manos atadas por su compromiso de apoyo a Israel. Los europeos se han limitado a pedir el fin de las hostilidades y a condenar la violencia, pero la posibilidad de sanciones no se vislumbra en la agenda.

En cuanto al mundo árabe, el nuevo presidente egipcio, el mariscal Abdul Fatah al Sisi, parece haber optado por ganar tiempo y, a diferencia de sus predecesores Hosni Mubarak y Mohamed Mursi, por no implicarse personalmente. No obstante, Egipto, junto con otros países, como Catar, estaría elaborando un borrador para un posible alto el fuego. Las condiciones incluidas en el documento pasarían por el fin del bloqueo israelí a la franja (impuesto en 2007) o por que el perímetro que Israel mantiene como zona de seguridad en torno a Gaza se reduzca. Esta semana, Egipto abrió el paso fronterizo con el territorio palestino para facilitar la asistencia a heridos.

Los contrastes

Hablar en términos de guerra convencional del conflicto entre israelíes y palestinos –especialmente entre Israel y Gaza, o entre Israel y Hamás, como prefiere denominarlo el Gobierno israelí– supone obviar la espectacular diferencia en el número de víctimas, el hecho de que una de las partes ejerce una ocupación sobre la otra, y la evidente desproporción militar existente entre ambos bandos.

En esta última crisis los milicianos de Gaza están disparando cohetes de mayor alcance, y han demostrado que pueden hacer daño y que no es fácil neutralizarlos, pero realmente poco es lo que pueden hacer frente a la tecnología punta armamentística, los cazas, los misiles de última generación y los sofisticados sistemas de defensa de Israel, un país en constante pie de guerra donde el servicio militar (obligatorio) ocupa buena parte de las vidas de sus ciudadanos, y que dispone además de decenas de miles de reservistas, por no hablar del apoyo, por acción u omisión, de las principales potencias occidentales. Siguen siendo piedras contra tanques.

Este contraste no se limita, en cualquier caso, a la faceta puramente militar. Las condiciones de vida de las poblaciones en ambos bandos están separadas por un auténtico abismo.

Israel, con una población de 8,1 millones de habitantes y una superficie de 22.1452 Km² (incluyendo los territorios anexionados de Jerusalén Este y los Altos del Golán), tiene una renta per cápita de 34.875 dólares y una esperanza de vida de 81,1 años. La tasa de paro en 2012 fue del 6,9%, y en 2013 ocupó el puesto 16 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

En los escasos 360 Km² de Gaza viven 1,7 millones de personas, de las que 1,1 millones son refugiados. Aproximadamente 500.000 de ellos habitan en los ocho campos que administra la UNWRA. Cerca de dos tercios de la población de la franja vive por debajo del nivel de pobreza y depende de la ayuda humanitaria. La renta per cápita es de 2.900 dólares (la información disponible incluye Cisjordania, donde la renta es mayor), y la esperanza de vida, de 74 años. El paro alcanzó en 2010 al 45% de la población activa (una cifra sin precedentes), según datos de Naciones Unidas. Palestina (incluyendo también Cisjordania) ocupó en 2013 el puesto 110 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

Desde el bloqueo impuesto por Israel en 2007, cuando Hamás se hizo con el control de Gaza tras expulsar a Al Fatah, después de haber ganado las elecciones un año antes, los habitantes de la franja no pueden entrar ni salir de la franja con libertad. El bloqueo tiene, además, un enorme coste económico. Israel no permite a Gaza tener su propio aeropuerto ni puertos comerciales; todo el comercio exterior se lleva a cabo a través de puertos israelíes. A los pescadores de Gaza, por ejemplo, solo se les permite faenar hasta un máximo de 9,6 Km de la costa (menos de un tercio del área estipulada en los Acuerdos de Oslo). Y los túneles de contrabando que comunican la franja con Egipto, por los que pasaban suministros esenciales, han sido destruidos en su mayoría por el Gobierno egipcio.

La precariedad es especialmente grave en el apartado de la salud. Según informa Al Jazeera, el Ministerio de Sanidad de Gaza dispone tan solo de 192 tipos de medicinas (el 40% de las consideradas esenciales), e Israel ha restringido, «por razones de seguridad», los permisos que concede a pacientes para que puedan ser tratados en hospitales israelíes cuando no existe un tratamiento adecuado disponible en la franja. Naciones Unidas calcula que para el año 2020 Gaza necesitará unos mil médicos y dos mil enfermeros y enfermeras más de los que hay actualmente.

Las condiciones sanitarias también son muy deficientes. El acuífero costero que proporciona agua a la población está altamente contaminado, y la ONU ha advertido de que para el año 2016 podría quedar completamente inutilizable. Mientras, muchas casas solo disponen de agua corriente en periodos de entre seis y ocho horas (el 25% de forma diaria, el 40% un día sí y otro no, el 20% cada tres días y el 15% cada cuatro). El 80% de la población compra agua para beber, lo que puede suponer hasta un tercio de los ingresos.

Otro gran problema son los constantes cortes de electricidad. La franja tiene una demanda de unos 360 megawatios al día, pero la única planta eléctrica existente genera solo 80 megawatios diarios. Israel y Egipto suministran 120 y 22 megawatios adicionales, respectivamente, que resultan aún insuficientes. El principal hospital de Gaza, Al Shifa, depende de cuatro generadores para funcionar, cuyo mantenimiento es complicado debido al cierre de las fronteras con Israel y Egipto.

Y en cuanto a la educación, antes de la Segunda Intifada, que comenzó en 2000, los estudiantes de Gaza que deseaban estudiar en el extranjero podían viajar a través del aeropuerto israelí de Ben Gurion, la frontera entre Cisjordania y Jordania, la frontera de Rafah con Egipto, o el Aeropuerto Internacional de Gaza. Hoy solo les queda el paso de Rafah, que suele estar cerrado. Según datos de la Autoridad Nacional Palestina, citados también por Al Jazeera, más de 2.700 estudiantes de Gaza, de todos los niveles educativos, están esperando para poder estudiar en el extranjero.

Poca esperanza

La brecha es muy grande también en el aspecto sociológico, donde las nuevas generaciones parecen cada vez más irreconciliables. Si bien existen en Israel (principalmente en las zonas más urbanas, como Tel Aviv) muchos ciudadanos que simpatizan con la causa palestina, o que apoyan, al menos, una solución pacífica al conflicto, así como organizaciones que trabajan muy activamente en defensa de los derechos humanos y por el fin de la ocupación, las encuestas no dejan lugar para demasiadas esperanzas a corto o medio plazo.

El 60% de los israelíes apoyaría, en general, «un acuerdo que estableciera un Estado palestino al lado de uno israelí», pero el rechazo es del 58% cuando en la pregunta se especifican las concesiones. Y en el lado palestino, un 60% cree aún que el objetivo final de las negociaciones debe ser «reclamar la Palestina histórica desde el río al mar».

El 60% de los israelíes apoyaría, en general, «un acuerdo que estableciera un Estado palestino al lado de uno israelí», pero el rechazo es del 58% cuando en la pregunta se especifican las concesiones. Y en el lado palestino, un 60% cree aún que el objetivo final de las negociaciones debe ser «reclamar la Palestina histórica desde el río al mar».


Publicado originalmente en 20minutos

La agonía de Gaza: las claves del ataque israelí y de la lucha por la supervivencia en la franja

«Han bombardeado casas con familias completas, y las familias aquí no son como en España, aquí son por lo menos de ocho o diez miembros… Es una locura, un genocidio, un acto criminal… Por la noche no hay luz, hay oscuridad absoluta acompañada de ambiente de guerra. La gente está en casa, no sale…». Así describía Ahmad Yacoub, secretario de la Asociación de Escritores Palestinos, a 20minutos.es el infierno en que se ha convertido la franja de Gaza desde que, hace ya casi una semana […]

Explosión durante un ataque contra Ciudad de Gaza el 18 de julio de 2014*, en una imagen tomada con un teléfono móvil. Foto: Wikimedia Commons

Una carta escrita desde Gaza por la joven palestina Manal Miqdad, publicada este jueves en su página de Facebook, y traducida aquí de la versión en inglés realizada por Yasmine Haj a partir del texto original en árabe:

La situación es peor de lo que uno pueda imaginarse, esto no tiene nada que ver ni con el valor ni con la capacidad de resistir y recuperarse. La noche pasada fue una de las más violentas desde que empezó la guerra en Gaza. Y esta vez, en contra de mi costumbre, no lloré. Tal vez el continuo estruendo que escuchaba me impidió reaccionar.

Por la mañana, después del último ataque de la fuerza aérea de la ocupación sionista, reuní fuerzas y empecé a recoger mis cosas: el carnet de identidad, los certificados de la escuela y la universidad, regalos, lo que queda de las cartas que envió mi tío desde las cárceles israelíes, el móvil, el portátil…

Me quedé un buen rato mirando mi biblioteca personal. Solo puedo conservar una pequeña parte; no resulta fácil cargar con todos esos libros cuando estás huyendo. Decidí apartar los libros autografiados. Me sentía asfixiada. No quería perder mi biblioteca por segunda vez. Ya la perdí durante la primera guerra.

Por un momento me sentí aplastada. Pero, ¿por qué preocuparme por todas esas pequeñas cosas que quizá no podré salvar, sabiendo que la muerte va a venir más rápidamente hacia mí de lo que pueda ir yo hacia ellas?

Y la muerte siempre se ha dado prisa en llegar, sin ser invitada… Me iré con ella, desprovista de todo, sin mis recuerdos, sin mis papeles, sin mis libros, sin mis seres queridos, sin mis amigos ni mis regalos, sin mis sueños. Me iré con ella, ligera y sola.

PD. A los amigos a los que he prestado libros, no os preocupéis por devolverlos cuando muera, pero, por favor, cuidad de ellos. Y a mi primo, si mi biblioteca sobrevive y no se convierte en un rehén de guerra, es toda tuya.

Manal Miqdad, Gaza


*Entrada actualizada el 19/7/2014

«Me iré sin mis libros»: una carta desde Gaza

Una carta escrita desde Gaza por la joven palestina Manal Miqdad, publicada este jueves en su página de Facebook, y traducida aquí de la versión en inglés realizada por Yasmine Haj a partir del texto original en árabe: La situación es peor de lo… Leer

Siete civiles palestinos (tres mujeres y cuatro menores) murieron en los ataques registrados esta madrugada al impactar tres misiles israelíes en sus casas en la ciudad de Jan Yunis, en el sur de Gaza. La operacion militar israelí contra la Franja, que ha entrado en su tercera jornada, ha dejado ya al menos 74 muertos y más de 400 heridos palestinos, según fuentes sanitarias locales.

Más información:

Análisis y opinión:

Leer también:

Tercer día de bombardeos israelíes sobre Gaza

Siete civiles palestinos (tres mujeres y cuatro menores) murieron en los ataques registrados esta madrugada al impactar tres misiles israelíes en sus casas en la ciudad de Jan Yunis, en el sur de Gaza. La operacion militar israelí contra la… Leer

El diario Le Monde publica este miércoles una interesante entrevista de Hélène Sallon a Jean-François Legrain, historiador del Instituto de Investigaciones y Estudios sobre el Mundo Árabe y Musulmán, en la que este experto ofrece algunas claves sobre el último ataque israelí contra Gaza (ya hay cerca de 40 muertos), y sobre la situación en que se encuentra el grupo islámico Hamás, que gobierna la franja desde 2006. Estos son algunos extractos, traducidos del original en francés:

Sobre los ataques con cohetes contra territorio israelí:

Yo no creo que los mandos [de Hamás] ordenaran el secuestro de los tres jóvenes israelíes en Cisjordania. De hecho, han desmentido esta versión israelí. Durante las tres semanas que pasaron desde que se produjo el secuestro hasta que se encontraron los cadáveres, el ejército israelí golpeó la estructura de Hamás en Cisjordania, y en este periodo no hubo más que unos pocos lanzamientos (no reivindicados) de cohetes desde Gaza. Hamás no quería subir su apuesta. Pero, al final, consideró que no podía dejar sin respuesta los ataques israelíes.

La eliminación de siete combatientes del movimiento en un ataque israelí realizado con drones en la franja de Gaza, el 7 de julio, fue interpretada como un acto de agresión que rompía el alto el fuego negociado con Israel, con la mediación egipcia, en noviembre de 2012. El compromiso adoptado establecía que ninguna de las partes se implicaría en una operación militar contra la otra. Hamás y su rama militar, las brigadas Ezzedine Al-Qassam, entendieron entonces que debían responder. Y lo han hecho en la tradición de las prácticas de la segunda intifada (2002-2005), cuando, tras un asesinato teledirigido o un bombardeo mortal, Hamás respondía con un atentado suicida. Por otra parte, al reivindicar los lanzamientos de cohetes, Hamás se está asociando al alcance que tienen otras organizaciones islamistas, o incluso nacionalistas y miembros de la OLP, como las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, de Al Fatah, o el Frente Popular y Democrático de Liberación de Palestina, grupos que también lanzan cohetes.

Sobre la división interna en Hamás:

Hasta donde podemos saber, no existe división con respecto a lo que está ocurriendo ahora mismo, a pesar de que se mantiene una negociación interna entre las diversas tendencias del grupo. Hubo fuertes divergencias ante el acuerdo de reconciliación firmado en abril con Al Fatah, el partido del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abás, pero ahora mismo hay consenso sobre cómo operar y sobre la necesidad de responder ante ciertos niveles de violencia. La evolución de esta respuesta dependerá de la política que adopte Israel.

Sobre la relación de Hamás con otros movimientos en Gaza:

Yihad Islámica es un factor muy importante. En 2012, este grupo lanzó tantos cohetes como Hamás, o incluso más. No está sujeto a Hamás, pero, dentro de su propia lógica, comparte compromisos con ella. Se trata de un movimiento próximo a Irán, aunque, en el marco de las negociaciones actuales con Estados Unidos sobre su programa nuclear, Irán no tiene ningún interés en implicarse y jugar la carta de la violencia.

Existe una especie de competencia militar entre los dos movimientos, pero no la hay en el resto de las cuestiones. Sí es cierto que Yihad siempre ha rechazado formar parte del proceso de Oslo, y que, a diferencia de Hamás, tampoco ha participado en las elecciones de la Autoridad Palestina. En realidad, Yihad nunca se ha visto a sí misma como una gran red de asociaciones, sino como un movimiento de vanguardia, formado por pequeños grupos. Es necesario subrayar asimismo que las organizaciones nacionalistas, incluyendo algunas que reivindican su pertenencia a Al Fatah, también están participando en los lanzamientos de cohetes.

Sobre la posibilidad de una tercera intifida:

No lo creo. No hubo levantamiento en diciembre de 2008 (operación Plomo fundido) ni en noviembre de 2012 (operación Pilar de la defensa). Los enfrentamientos recientes han estado muy limitados geográficamente, y en el resto de los territorios ha habido muy poca movilización. Desde este punto de vista, la suerte de la franja de Gaza parece muy desconectada del resto de Palestina, incluyendo a la opinión pública, cada vez más prisionera de sus localismos.

Sobre lo que hará Hamás ahora:

No es muy probable que Hamás modere su tono. Es verdad que hay algo de farol en sus amenazas, pero aún tiene la capacidad de asestar golpes, como lo ha demostrado con sus lanzamientos contra Tel Aviv o Jerusalén. Sin embargo, ¿posee realmente misiles sofisticados capaces de acertar con precisión un blanco lejano? Aseguran que sí desde hace varios años, pero nunca los han usado […].

Hamás no puede permitirse ceder ante Israel, más aún cuando parece que tiene el apoyo de la población y de otros movimientos. El nivel de violencia infligido por Israel y la importancia que da la población a la cuestión de los prisioneros palestinos, de los que Hamás se ha constituido siempre en portavoz, fomentan este apoyo, a pesar del precio que se paga.

Sobre la reacción internacional:

[…] Una vez más, estamos observando una ausencia total de intervención exterior, que sería el único modo de detener esta espiral. Los estadounidenses y los europeos se limitan a hacer simples declaraciones. Y, a diferencia de sus predecesores Hosni Mubarak y Mohamed Mursi, el nuevo presidente de Egipto, el mariscal Abdul Fatah al Sisi, parece haber decidido ganar tiempo y no implicarse. Los rumores sobre su posible mediación han sido desmentidos desde el lado palestino. Y el presidente Mahmud Abás no puede hacer nada, si es que realmente quiere hacer algo. No tiene ninguna capacidad de maniobra. Es una de las viejas contradicciones de la política israelí: deslegitima a la Autoridad Palestina al mismo tiempo que la necesita de un modo imperativo.


Fuente: « Le Hamas ne cédera pas face à Israël » (Le Monde)
Leer también: Gaza vuelve al infierno


Actualización

El ejército israelí ha atacado cerca de 400 objetivos desde el inicio de su actual ofensiva sobre la franja de Gaza, según informa este miércoles el diario Haaretz. En las operaciones han muerto al menos 38 personas, incluidos 30 civiles, de los que seis eran niños, según fuentes de los servicios de emergencia palestinos citadas por la agencia Reuters. Unas 230 personas han resultado heridas.

Mientras, los cohetes lanzados por milicianos palestinos desde Gaza ha alcanzado Zikron Yaakov, una localidad a 115 kilómetros de la franja. Tel Aviv también ha sido objeto de un ataque este miércoles, con al menos cinco cohetes M75.

Hamás y el ataque a Gaza

El diario Le Monde publica este miércoles una interesante entrevista de Hélène Sallon a Jean-François Legrain, historiador del Instituto de Investigaciones y Estudios sobre el Mundo Árabe y Musulmán, en la que este experto ofrece algunas claves sobre el último ataque… Leer

Las últimas 24 horas han sido un auténtico infierno en Gaza, un infierno de bombardeos, incendios, escombros y sirenas, cuyo dramático balance asciende, de momento, a al menos 23 palestinos muertos y más de 120 heridos. Es el resultado de la operación Margen protector, el ataque contra la franja desatado el lunes por el ejército israelí, en respuesta a decenas de cohetes y granadas de mortero (más de 180 desde el lunes, según Israel) lanzados contra su territorio por militantes palestinos.

Es, también, el previsible desenlace de una tensión que no ha hecho más que crecer desde que el pasado día 30 aparecieron asesinados los tres chicos israelíes que habían sido secuestrados semanas antes, y cuya búsqueda dejó a su vez seis palestinos muertos, 118 heridos y 471 detenidos; desde que dos días después ultranacionalistas judíos se vengaron quemando vivo a un joven palestino en Jerusalén; desde que el pasado viernes se publicó un vídeo en el que se ve cómo policías israelíes apalean brutalmente a un chico palestino; desde que, tras el pacto de unidad firmado por Al Fatah y Hamás el 23 de abril, Netanyahu dio por terminadas las negociaciones de paz; desde que el Gobierno israelí autorizó, en junio, la construcción de centenares de nuevas viviendas en asentamientos situados en territorio palestino ocupado.

Se trata de la tercera operación militar que dirige el Gobierno de Benjamin Netanyahu contra Gaza. Las dos anteriores se llevaron a cabo en 2012: en la primera, bautizada como Eco de vuelta, murieron 24 palestinos; en la segunda, Pilar de defensa, 158. La ofensiva más devastadora hata ahora, no obstante, fue la llamada Plomo fundido, lanzada entre finales de 2008 y principios de 2009, con Ehud Olmert como primer ministro y Ehud Barak como ministro de Defensa. Causó más de 1.300 muertos (en su mayoría civiles) y 5.000 heridos.

En las dos últimas operaciones no ha habido incursión militar terrestre en la franja (sí la hubo en Plomo fundido), aunque en Pilar de la defensa el ejército israelí llegó a movilizar a unos 75.000 reservistas. Ahora han sido movilizados 40.000.

Desde que comenzó la ofensiva actual, las Fuerzas Armadas israelíes han alcanzado unos 150 objetivos, en ataques lanzados tanto desde el aire como desde los buques de guerra que bloquean los accesos marítimos a Gaza. Hamás, el grupo islamista que gobierna en Gaza, se ha atribuido por su parte el lanzamiento de más de 60 cohetes desde la franja hacia Israel. Los cohetes son lanzados también por otros grupos, como Yihad Islámica.

El Ejército israelí afirma que solo ataca las viviendas de miembros de Hamás implicados en ataques a Israel, blancos que denomina «objetivos terroristas», y denuncia el uso de civiles palestinos como «escudos humanos». En ocasiones, también avisa por teléfono (minutos antes) a las familias de las casas que van a ser bombardeadas. Dejando a un lado el hecho de que se trata de intentos de ejecuciones sin juicio, la muerte de familiares, civiles y víctimas inocentes (niños incluidos), es difícilmente evitable, e Israel lo sabe. Gaza es la región más densamente poblada del mundo.

En el siguiente vídeo, grabado este martes, pueden verse los momentos inmediatamente posteriores a un ataque israelí contra una vivienda de Jan Yunis, en el sur de la franja. Las imágenes, muy duras, hablan por sí solas. Es un escenario de terror:

En este otro vídeo, las sirenas suenan en Tel Aviv ante la amenaza de un cohete palestino que finalmente fue interceptado por el escudo de defensa israelí Cúpula de hierro:

El ataque israelí sobre Gaza ha provocado la publicación en Twitter de centenares de miles de mensajes de protesta y de solidaridad con los palestinos (también muchos de apoyo a Israel), agrupados en su mayoría bajo la etiqueta #GazaUnderAttack. No todas las imágenes difundidas, sin embargo, se corresponden con la realidad. Según un análisis realizado por la BBC, algunas de las más compartidas estos días son fotos de operaciones anteriores o incluso tomadas en otros países, como Siria o Irak:

Las siguientes imágenes sí son reales:

» Bombardeo israelí en Rafah, Gaza. (Ibraheem Abu Mustafa / Reuters)
» Edificios destruidos por bombardeos israelíes en Ciudad de Gaza. (Mohammed Salem / Reuters)
» Una familia, en su casa destruida en Gaza tras el ataque israelí (Mohammed Salem / Reuters)
» Gigantesca columna de humo sobre Gaza tras un bombardeo israelí (Ahmed Zakot / Reuters)
» Un niño herido, en Jan Yunis, Gaza (Reuters)
» Un vehículo destruido por los bombardeos israelíes sobre la Franja de Gaza (Mohammed Salem / Reuters)
» Llantos en el funeral por uno de los muertos en los ataques de Israel a Gaza (Mohammed Salem / Reuters)
» Bombardeo israelí en Rafah, Gaza. (Ibraheem Abu Mustafa / Reuters)
» Un herido palestino es trasladado al hospital Al Shifa en Gaza tras un bombardeo (Mohamed Abed / AFP)

La crisis actual tiene también explicaciones políticas importantes. Por un lado, Hamás, sumida en disputas internas y en una situación de clara debilidad (el principal factor que le habría llevado a pactar con Al Fatah), necesita recuperar legitimidad y volver a ser percibida como el principal representante de la resistencia. La destrucción por parte del nuevo gobierno egipcio de los túneles que unían la franja con el Sinaí ha privado a los residentes de Gaza (duramente castigados por el férreo bloqueo israelí) de un suministro básico de bienes y materiales. Y, de momento, no ha llegado a la franja ninguna ayuda económica desde la Autoridad Nacional Palestina. Los 50.000 funcionarios de la franja, por ejemplo, no están cobrando sus salarios.

Además, el grupo islamista ha perdido últimamente apoyos cruciales. Como explica en The Nation Hugh Naylor, Irán y Siria, sus aliados tradicionales, han cortado el grifo de las ayudas como consecuencia de la decisión de Hamás de apoyar a los rebeldes que luchan contra el régimen del presidente sirio, Bashar Al Asad.

Por otro lado, el ataque a Gaza ha estado marcado por la división existente en la coalición derechista que gobierna Israel. Según informa desde Jerusalén Juan Gómez, en El País, la operación militar estuvo precedida por un largo pulso entre el primer ministro, el conservador Benjamin Netanyahu, y los elementos más derechistas de su Ejecutivo:

El domingo se conoció en Israel la disputa que el jefe del Gobierno mantuvo con su ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman, en plena reunión del Gabinete. El ministro, que vive en un asentamiento en la Cisjordania ocupada, es el segundo corifeo de la derecha israelí en el Gobierno, tras su colega de Economía, Naftalí Bennet. El lunes escenificó Lieberman, con más ruido que nueces, su desacuerdo con la política de «contención» militar respecto a Gaza anunciada por Netanyahu el pasado jueves: su partido, Nuestra Casa Israel (Israel Beitenu), se separó del Likud de Netanyahu sin llegar a romper la coalición de Gobierno. Argumentó su decisión con las discrepancias sobre el trato a Hamás en Gaza, contra la que él pedía más mano dura. Horas después del divorcio, el Gabinete de seguridad israelí decidía pasar de la «contención» a los ataques actuales.

Las ofensivas sobre Gaza tienen siempre un fondo político o estratégico concreto, maś allá de la mera reacción al lanzamiento de cohetes palestinos, y ya sea relacionado con las negociaciones del proceso de paz, con la situación política israelí o con la situación interna de Hamás.

Al final, sin embargo, el patrón sobre el que se desarrollan las crisis es bastante invariable: Israel (respaldado por Estados Unidos) justifica sus ataques en su derecho a defenderse, inflige de paso un castigo colectivo a la población civil, algo que está claramente condenado por las convenciones internacionales, y obvia la tremenda desproporción existente entre los ataques que recibe y el modo en que reacciona.

Los ataques de Hamás y de las milicias palestinas contra blancos civiles en Israel son, desde luego, muy reales, y quienes lanzan los cohetes saben muy bien cómo responderá Israel y qué efecto tendrá esa respuesta sobre su propia gente. Pero, sin que ello suponga una justificación para atacar objetivos civiles, Israel ‘olvida’ el hecho de que esa agresión le llega desde un territorio sometido a un bloqueo total (no solo económico, sino también humano) y, en la práctica, a una ocupación.

Gaza vuelve al infierno

Las últimas 24 horas han sido un auténtico infierno en Gaza, un infierno de bombardeos, incendios, escombros y sirenas, cuyo dramático balance asciende, de momento, a al menos 23 palestinos muertos y más de 120 heridos. Es el resultado de la operación Margen protector, el ataque contra la franja desatado el lunes por el ejército israelí, en respuesta a decenas de cohetes y granadas de mortero (más de 180 desde el lunes, según Israel) lanzados contra su territorio […]

1 2