Golfo Pérsico

El presidente electo de EE UU, Joe Biden. Foto: Gage Skidmore / Wikimedia Commons

Los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) son los socios económicos y políticos de más importancia estratégica para Estados Unidos en Asia Occidental. Es posible que el presidente electo, Joe Biden, y la vicepresidenta electa, Kamala Harris, no cuenten con un proyecto esencialmente diferente para la región, pero sí van a aportar un tipo diferente de diplomacia.

A pesar de que muchos dan por hecho que la presidencia de Biden será una extensión de las políticas de Obama, existen nuevas realidades en Oriente Medio que el presidente electo deberá tener en cuenta.

Los países del CCG están divididos, debido al embargo, liderado por Arabia Saudí, impuesto a Catar desde 2017. Para muchos líderes del CCG, resucitar la política exterior de Obama no es lo ideal. Fue durante su presidencia cuando ocurrieron las revueltas de la Primavera Árabe en 2011, el golpe militar en Egipto de 2013, el ascenso de grupos extremistas y, por último, el acuerdo nuclear con Irán.

Riad y Abu Dabi disfrutaron con la campaña de «máxima presión» contra Irán llevada a cabo por Trump, y con la pasividad del ahora presidente saliente ante los abusos contra los derechos humanos.

Biden ha declarado públicamente que él no habría tolerado el cruel asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, el encarcelamiento de mujeres activistas saudíes, o los crímenes de guerra en Yemen. La impaciencia de Biden con Arabia Saudí y su probable tolerancia con Irán chocan con un creciente lobby en Washington, en el que tanto Riad como Abu Dabi han invertido mucho.

La supuesta intención del Gobierno estadounidense de acabar con la crisis humanitaria causada por los bombardeos saudíes en Yemen fue bloqueada por el círculo íntimo de Trump. Por tanto, en ausencia de ese círculo, Riad tendrá que conformarse con compromisos más simples por parte de los hutíes. La retirada gradual de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) de la guerra de Yemen entre 2017 y 2019, les colocó en una situación menos sólida que la de su vecino saudí ante la derrota de Trump.

Junto con Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos normalizaron sus relaciones con Israel el 13 de agosto de 2020, en los denominados oficialmente Acuerdos de Abraham. Este impactante movimiento histórico fue considerado una traición por la causa palestina, e innecesario desde la perspectiva geopolítica de los EAU. Aún así, puede entenderse como un intento desesperado por agudizar la rivalidad con Irán.

Irán es, de hecho, el principal foco a la hora de determinar la política exterior de Estados Unidos con respecto al CCG. La firma del acuerdo nuclear en 2015, oficialmente conocido como Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), supuso para el régimen iraní la oportunidad de iniciar una nueva era marcada por la ruptura del aislamiento global y las sanciones lideradas por EE UU. Tres años después, Trump se retiró unilateralmente del acuerdo y comenzó una campaña de «máxima presión» que implicó sanciones económicas más severas contra el sector financiero iraní.

Biden ha declarado que EE UU volverá a unirse al acuerdo, con el objetivo de allanar el camino para continuar negociando. No obstante, es imposible predecir cómo evaluará Biden el grado de cumplimiento por parte de Irán, considerando las referencias tan poco claras que deja su predecesor. Después de todo, el hecho de que Irán fuese el mayor enemigo de Trump no significa que vaya a ser el mayor aliado de Biden. Por otra parte, no puede olvidarse la decepción de Riad con Trump durante los ataques a Aramco de septiembre de 2019.

Irak es otro de los lugares donde estallaron las disputas entre EE UU e Irán, como resultado de las protestas contra el gobierno de Bagdad que comenzaron en octubre de 2019. Riad acogió con gran satisfacción los intentos de Trump de respaldar a los grupos apoyados por Teherán en Irak. Giorgio Cafiero, director de Gulf State Analytics, una consultora de riesgos geopolíticos con sede en Washington, considera las acciones de Trump en Irak como «las más audaces en términos de contrarrestar la influencia regional de Irán, algo especialmente subrayado por el descarado asesinato del general Qasem Soleimani en enero de 2020». No obstante, Cafiero señala asimismo que, desde los ataques contra Aramco en septiembre de 2019, «a los saudíes les preocupa la verdadera voluntad de Trump de defender al reino de las amenazas que suponen los grupos respaldados por Irán en la región y que tienen una relación hostil con Riad».

Kuwait, Omán y Catar verían con buenos ojos una desescalada con Irán, así como cualquier intento por finalizar la crisis del Golfo. Mientras que Omán acogerá positivamente los planes de Biden para acabar con la ayuda militar estadounidense a Arabia Saudí en la guerra en Yemen, Kuwait espera encontrar un líder estadounidense más «neutral» para reparar la grieta abierta en la región.

Por su parte, Doha cuenta con la voluntad de Biden de poner fin al embargo, después de que Trump parezca haber ignorado las relaciones institucionales estratégicas a largo plazo de Estados Unidos con los países del CCG, y el interés de Washington de mantener un frente unido en el Golfo frente a Irán. En cualquier caso, la paz entre Riad y Doha parece más probable que un acuerdo en el que también esté incluida Abu Dabi, salvo que Biden supere las expectativas. Aunque si el presidente electo decide centrarse más en las relaciones de EE UU con el continente asiático en general que en el Golfo, esa voluntad por sí sola no será suficiente para acabar con la crisis.

En cuanto a Libia, es más probable que Biden apoye al Gobierno de Acuerdo Nacional respaldado por Turquía y Catar, en contraste con el enfoque pro EAU de Trump y su dependencia de los aliados europeos y rusos. En otras palabras, puede haber más presión a Abu Dabi para que acate el embargo internacional de armas a Libia. Por el contrario, la venta aprobada por EE UU de materiales de defensa avanzada (F-35) a los Emiratos (una tecnología que hasta ahora solo proporcionaba a Israel en la región), el 10 de noviembre de 2020, supone un auténtico punto de inflexión.

En el ámbito económico, se espera que Biden restituya el papel glogal de EE UU en la lucha contra el cambio climático reincoporándose al Acuerdo de París, del que salió Trump mediante una orden ejecutiva. Las políticas medioambientales de Biden se centran en prohibir el fracking (fractura hidráulica), tanto en aguas estadounidenses como en el territorio federal, una medida que beneficiaría a los países del CCG, ya que incrementaría los precios globales del petróleo. El columnista saudí Sultan Althari señala que la iniciativa «les proporcionaría [a los países del CCG] un salvavidas especialmente necesario a la hora de conseguir el delicado equilibrio entre aliviar las dificultades económicas causadas por la pandemia, y los ambiciosos planes para diversificar los medios de producción y conseguir una transición exitosa hacia economías más basadas en el conocimiento».

En general, Estados Unidos mantendrá su alianza estratégica con sus amigos del Golfo, aunque no todas las posturas de Washington serán bien recibidas. Y algunos asuntos que están perdiendo ya la relevancia y el apoyo que tuvieron, como la guerra en Yemen, el bloqueo a Catar, o una escalada de la tensión con Irán, es probable que vayan, poco a poco, finalizando.


Zeidon Alkinani es un escritor y analista político independiente iraquí-sueco, máster en Políticas Públicas Internacionales por el University College de Londres. Su investigación se centra, entre otros temas, en la región de Oriente Medio y el Norte de África, Irak, el sectarismo, la política exterior de Estados Unidos en Oriente Medio, la Primavera Árabe y el desarrollo durante la posguerra.


Publicado originalmente en openDemocracy bajo licencia Creative Commons el 3/12/2020
Traducción del original en inglés: What does Biden’s presidency mean for the future of the Gulf?

La presidencia de Biden y el futuro del Golfo

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A short guide to the Middle East - FT
Carta en el ‘Financial Times’

«Irán apoya a Asad. ¡Los estados del Golfo están en contra de Asad!

Asad está en contra de los Hermanos Musulmanes. Los Hermanos Musulmanes y Obama están en contra del general Sisi.

¡Pero los estados del Golfo son pro Sisi! ¡Lo que significa que están en contra de los Hermanos Musulmanes!

Irán es pro Hamás, ¡pero Hamás respalda a los Hermanos Musulmanes!

Obama apoya a los Hermanos Musulmanes y, sin embargo, ¡Hamás está en contra de Estados Unidos!

Los estados del Golfo están con Estados Unidos. Y Turquía está con los estados del Golfo en contra de Asad, pero Turquía está con los Hermanos Musulmanes en contra de Sisi. ¡Y el general Sisi tiene el respaldo de los estados del Golfo!

Bienvenido a Oriente Medio, que tenga un buen día».

KN Al -Sabah, Londres

(Carta al director en The Financial Times, vista en The Angry Arab gracias a Laura Fernández Palomo)

Welcome to the Middle East

A short guide to the Middle East - FT

«Irán apoya a Asad. ¡Los estados del Golfo están en contra de Asad! Asad está en contra de los Hermanos Musulmanes. Los Hermanos Musulmanes y Obama están en contra del general Sisi. ¡Pero los estados del Golfo son pro Sisi!… Leer

Algunas llevan el cabello, las piernas y los brazos cubiertos, en consonancia con la tradición musulmana imperante en el Golfo. Otras van en camiseta y pantalones cortos, con el pelo a la vista. Todas pertenecen al equipo de baloncesto del Salwa Al Sabah, uno de los clubes participantes en la primera liga femenina de este deporte que se celebra en Kuwait. Según informa la agencia AP, en uno de sus partidos recientes aplastaron a sus rivales del club Qadsiya por 63 a 13. Al encuentro acudieron cientos de aficionados, hombres y mujeres. Además de la de baloncesto, también han arrancado en Kuwait las primeras ligas femeninas de atletismo y de tenis de mesa.


Foto: Las integrantes del equipo femenino kuwaití de baloncesto Qadsiya, escuchando a su entrenador (Gustavo Ferrari / AP)


No parece mucho, especialmente habiendo todavía hay tanto camino por recorrer en materia de igualdad, o, al menos, de no discriminación. Pero en una región donde la presencia de las mujeres en el deporte está tan estigmatizada, cuando no directamente prohibida, la puesta en marcha de estas competiciones femeninas es todo un hito. Baste recordar, por ejemplo, que hace un mes la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) canceló el tercer maratón de Gaza, debido a que las autoridades del territorio, gobernado por Hamás, habían prohibido la participación de mujeres en la carrera.

Los factores que, tímida y lentamente, están dando visibilidad y oportunidades (en definitiva, reconociendo derechos básicos) al deporte femenino en algunos países árabes son varios. Entre ellos está, necesariamente, el apoyo creciente de los gobiernos, pero también, y sobre todo, el hecho de que la población va alcanzando un mayor nivel educativo (especialmente en la región del Golfo), al tiempo que van evolucionando, o incluso erosionándose, ciertos valores tradicionales. Este desgaste no es tan rápido como en Occidente, pero, en un mundo cada vez más interconectado, también existe. El desarrollo de Internet y las redes sociales, o de la televisión por cable, por ejemplo, hacen cada vez más difícil evitar la penetración y el calado de otros modos de vivir y de pensar. Y algunas aspiraciones, como la práctica del deporte en igualdad, resultan ser universales, sin que ello suponga traicionar unas tradiciones que, aunque evolucionen, siguen estando hondamente arraigadas entre la población local, empezando por muchas de las propias deportistas.

El mejor ejemplo de este avance es, sin duda, el fútbol femenino, cada vez más consolidado en muchos países de Oriente Medio. Siria, Palestina, Catar, Irak, Egipto, Líbano, Jordania o Bahréin cuentan con selecciones nacionales, aunque carezcan aún de una infraestuctura de base, que es lo que realmente puede funcionar como motor de cambio. Y, en el Golfo, Catar y los Emiratos tienen ya sendas ligas femeninas de fútbol, un sueño que se empeñan también en mantener vivo, pese a las muchas dificultades, los seis equipos de chicas que participan en la incipiente Liga Nacional de Palestina.

Lo cierto es que la presencia de la mujer árabe en el deporte rey ha avanzado mucho desde que en 2004 las televisiones árabes retransmitieran por primera vez un partido de fútbol femenino. Fue un encuentro amistoso disputado en Dubai entre una selección de jugadoras árabes (las Arab All Stars Ladies), y el Chelsea inglés, y lo vieron en directo Jordania, los Emiratos, Egipto, Libia, Marruecos y Líbano. Aquella iniciativa partió de la princesa Haya, hermana del rey Abdallah II de Jordania, con el fin de «demostrar que la mujer árabe también está preparada para el fútbol».

Arabia Saudí, por su parte, permitió por primera vez en Londres 2012 (presionada por el Comité Olímpico Internacional) la participación de dos mujeres atletas en unos Juegos. A la cita olímpica acudieron asimismo seleccionadas de Catar. Las autoridades de Arabia Saudí, donde las mujeres tienen prohibido practicar en público la mayoría de los deportes, anunciaron además, el mes pasado, que permitirán competiciones femeninas en escuelas privadas, siempre que estén regidas por la ley islámica.

Actualmente, las mujeres saudíes no pueden dejarse ver corriendo en pantalones de deporte, ni pueden registrarse en clubes deportivos o participar en competiciones. Tampoco pueden tomar parte en pruebas nacionales de clasificación, lo que les impide homologar marcas para poder competir internacionalmente. Solo el mayor centro universitario saudí (la Universidad Princesa Nora Bint Abdul Rahman) tiene instalaciones deportivas para las estudiantes (unas piscina, una pista de tenis y un gimnasio).

Otras veces no es la práctica del deporte en sí, sino las condiciones en que las mujeres tienen que (o simplemente desean) practicar el deporte lo que acaba en situaciones de discriminación. Así, en 2011 la selección femenina de fútbol de Irán tuvo que decir adiós a su anhelo de participar en los Juegos de Londres por culpa de su atuendo. El combinado iraní, que nunca ha llegado a disputar la Copa del Mundo o los Juegos Olímpicos en la categoría femenina, sumó dos derrotas automáticas en la fase de clasificación por su negativa a jugar sin el hiyab, ya que el reglamento de la FIFA prohíbe expresamente que «jugadores u oficiales muestren mensajes o lemas políticos, religiosos, comerciales o personales, en cualquier forma o idioma, ni en el equipamiento deportivo ni en su cuerpo». En la memoria queda aquella famosa foto de las jugadoras iraníes llorando desconsoladas al ser descalificadas.

El caso saudí y el iraní son extremos, pero en otros países más moderados las dificultades con las que se enfrentan las mujeres (y los hombres) a la hora de practicar deporte de un modo más o menos profesional son también de carácter económico. Dejando a un lado los ricos Estados del Golfo, la situación económica entre la mayoría de los países de Oriente Medio no es precisamente de desahogo, y la promoción del deporte no suele estar entre las prioridades cuando hay que cubrir necesidades más básicas.

En unas declaraciones realizadas en 2011 a la página web de la FIFA, la presidenta de la Comisión de Fútbol Femenino de la Asociación de Fútbol de Jordania, Rana Husseini, señalaba que «la lucha por el reconocimiento no ha terminado, pero el desafío se ha convertido más en una cuestión de recursos: El desarrollo futbolístico exige un buen presupuesto y es un reto encontrar el respaldo económico necesario para cumplir con las obligaciones financieras. No quiero decir con esto que las barreras culturales ya no existan. Está claro que todavía hay personas que piensan que las mujeres no deben jugar al fútbol, ni practicar ningún deporte de contacto, pero conseguir apoyo económico y patrocinadores también puede ayudar a superar estas barreras y estimular la práctica deportiva en general y, en un sentido social más amplio, es responsabilidad de todos continuar promoviendo los derechos de la mujer y transferirlos a todos los ámbitos, incluido el deporte».

Desde principios de marzo y hasta mediados de junio, la Ciudad Cultural de Katara, en Catar, acoge la exposición Hey’Ya, Las mujeres árabes y el deporte. La muestra se gestó durante los Juegos Árabes de Doha, en 2011. Comisionadas por la Autoridad de Museos de Catar, la fotógrafa Brigitte Lacombe y su hermana Marian, cineasta y documentalista, montaron un estudio en la villa olímpica, donde trabajaron con atletas femeninas durante diez días. Después se embarcaron en un viaje por 20 países árabes, desde el Golfo al Norte de África, fotografiando y grabando vídeos de hasta 70 mujeres deportistas, desde aficionadas y principantes hasta competidoras olímpicas, jóvenes y experimentadas. Una de las retratadas, Mariam Hussein, resume en solo una frase el poder potencial que tiene el deporte para una nueva generación cada vez menos conformista: «El baloncesto me ayuda a pensar que puedo ser lo que yo quiera ser».


Más información y fuentes:
» Kuwait launches sports clubs for women (AP)
» Gaza: UNRWA cancela tercer maratón por prohibirse participación de mujeres (ONU)
» El fútbol femenino llega a la TV árabe (As)
» Saudis allow some girls’ schools to offer sports (AP)
» Hijab ban driving women away from soccer (Reuters)
» El largo camino de la aceptación (FIFA)

El deporte femenino se abre paso en el mundo árabe

Algunas llevan el cabello, las piernas y los brazos cubiertos, en consonancia con la tradición musulmana imperante en el Golfo. Otras van en camiseta y pantalones cortos, con el pelo a la vista. Todas pertenecen al equipo de baloncesto del… Leer

Bahréin, 1945. Al final del turno de trabajo en la refinería comienza una estampida de obreros hacia las puertas, con sus platos y escudillas para la cena. Los trabajadores tienen que hacer largas colas, ya que en el control de salida solo hay espacio para que pase una persona. Foto: Dmitri Kessel (Life).

Poder y petróleo en el Golfo en 1945. Foto: Dmitri Kessel para la revista Life. “Al final del turno de trabajo en esta refinería de Bahréin comienza una estampida de obreros hacia las puertas, con sus platos para la cena. Los trabajadores tienen que hacer largas colas, ya que en la puerta solo hay espacio para que pase una persona”.

Inmigrantes trabajado en la construcción en un país indeterminado del Golfo, en una imagen de archivo. Foto: ILO Asia-Pacific / Flickr (CC)1

Cientos de trabajadores de una empresa contratista de Bahréin hicieron huelga este jueves en protesta por la muerte de un compañero, que falleció tres semanas después de ser despedido. El personal de la compañía Bahrain Motors en Hafeera se negó a ir a trabajar, en un gesto que, aunque pueda parecer anecdótico, pone de manifiesto la difícil situación en que viven cientos de miles de inmigrantes en el Golfo Pérsico. Son la otra cara de una de las regiones más opulentas del mundo, en algunos de cuyos países los inmigrantes, a menudo mal pagados y con pocos derechos, llegan a constituir hasta el 80% de la población.

Bihari Lal, procedente del Punjab (India), tenía 43 años, era vigilante en las instalaciones de la compañía y ganaba 65 dinares al mes (unos 153 euros). Según informa el diario bahreiní Gulf Daily News, fue despedido al descubrirse que había desaparecido una bomba de agua. Sus compañeros aseguran que el trabajador sufrió entonces una profunda depresión al verse incapaz de seguir manteniendo a su esposa y a sus hijos, y que finalmente murió de un ataque al corazón. En la protesta participaron más de 300 trabajadores, la mayoría compatriotas del fallecido.

«Se sentaba en el campo y se pasaba las horas llorando y hablando de su familia», dijo al mencionado diario uno de los colegas de Lal. «Fue varias veces a las oficinas [de la empresa] para reclamar sus derechos, pero siempre le decían que volviese al día siguiente», añadió.

Otro compañero dijo al diario que «técnicamente fue una muerte natural, un infarto de miocardio, pero la realidad es que el hombre estaba gravemente deprimido y bajo mucho estrés. No dejaba de hablar de su familia, y de que sus hijos iban a tener que dejar de ir a la escuela porque no podría seguir pagándola. Le dolía tener que volverse a casa sin un centavo».

El trabajo de Bihari Lal, de cuyos envíos de dinero dependían su esposa, sus tres hijos y su madre, consistía en patrullar varios kilómetros durante la noche para asegurarse de que las instalaciones estaban en orden. Según sus compañeros, cuando se descubrió la falta de la bomba de agua, Lal ni siquiera se había enterado: «En esta zona son frecuentes los robos; es imposible que una persona pueda cuidar de todo durante toda la noche».

Los inmigrantes son el gran colectivo ignorado de Oriente Medio, pese a constituir una parte esencial en el funcionamiento de las economías de la región, especialmente las del Golfo. Algunos son trabajadores altamente cualificados, técnicos o empresarios de éxito, pero la inmensa mayoría son obreros manuales, mujeres empleadas en el servicio doméstico o en limpieza de oficinas, chóferes, trabajadores de la construcción, barrenderos, jardineros…

La situación de miseria en sus lugares de origen les ha empujado a tratar de ganarse la vida al calor de la riqueza petrolera del Golfo, donde, a pesar de la crisis económica global, sigue habiendo una  gran oferta de empleo. Las divisas que estos inmigrantes envían a sus familias suponen una parte fundamental del producto interior bruto de sus países de origen. Según informa el portal migranrights.org, en Filipinas, por ejemplo, estas divisas constituyen el 11% del PIB, y en Nepal, el 17%. El problema es que, en muchos casos, estos trabajadores son explotados, carecen de derechos básicos y su labor es subestimada sistemáticamente. Las organizaciones de derechos humanos hablan de «esclavitud moderna».

Hasta la crisis de 1973, la mayoría de los inmigrantes en la zona procedían de países árabes como Yemen, Egipto, los territorios palestinos, Sudán, Jordania o Líbano, pero según fueron adquiriendo más poder económico, y especialmente tras las dos guerras del Golfo, las dinastías reales de países como Kuwait, Arabia Saudí, Bahréin, Catar o los Emiratos Árabes Unidos fueron restringiendo la inmigración de estas comunidades y favoreciendo la de otros países no árabes y no musulmanes.

La mayoría de los inmigrantes del Sur de Asia (indios, paquistaníes, bangladeshíes, nepalíes y afganos) que trabajan en el Golfo lo hacen en el sector de la construcción, donde dan respuesta a la enorme demanda de mano de obra barata que ha supuesto el vertiginoso aumento de las obras de infraestructura e inmobiliarias en la región (los increíbles rascacielos de Dubai o la isla artificial con forma de palmera en los Emiratos no se han construido solos). Del trabajo doméstico para las familias locales se encargan decenas de miles de mujeres llegadas de países como Sri Lanka, India, Filipinas, Etiopía o Indonesia, y muchas realizan también trabajos mal pagados como limpiadoras en fábricas y oficinas. En Arabia Saudí, la mayoría de los inmigrantes son empleados como conductores, ya que las mujeres tienen prohibido conducir.

Migranrights.org, una web dedicada a informar sobre los abusos a los inmigrantes en Oriente Medio, explica así la situación a la que se enfrentan estos trabajadores:

Emigrar el Golfo es una empresa arriesgada. Al llegar, a muchos trabajadores de la construcción y empleadas domésticas los empleadores les confiscan el pasaporte para «guardárselo de una forma segura». Los obreros de la construcción viven a menudo en condiciones de masificación y falta de higiene. Agentes corruptos de contratación se quedan con parte de su salario, y frecuentemente se ven obligados a trabajar bajo temperaturas extremas o sin la seguridad adecuada. No es casual que una de las causas más comunes de muerte entre jóvenes que están perfectamente sanos sea, aparte de los accidentes laborales, un ataque al corazón. Por otra parte, muchas mujeres empleadas en el servicio doméstico están mal pagadas y trabajan excesivas horas, sin derecho a días libres. Algunas son golpeadas por sus empleados y, en casos extremos, violadas.

Con la excepción de Bahréin, todos los países del Golfo tienen un sistema de permisos laborales mediante patrocinio conocido como «kafala», según el cual, el derecho de un extranjero a trabajar y residir en el país depende de que sea patrocinado por su empleador. Los inmigrantes no pueden cambiar de trabajo y se enfrentan a ser deportados si intentan dejar la empresa que les contrató. Esta normativa tiene consecuencias especialmente duras para las mujeres que trabajan en el servicio doméstico, obligadas por ley a vivir con sus empleadores, y que no tienen modo de escapar de situaciones de abuso.


(1) Imagen de 2016, añadida a la entrada posteriormente

Inmigrantes, el triste reverso de la opulencia del Golfo

Cientos de trabajadores de una empresa contratista de Bahréin hicieron huelga este jueves en protesta por la muerte de un compañero, que falleció tres semanas después de ser despedido. El personal de la compañía Bahrain Motors en Hafeera se negó… Leer

El mercado de Ciudad de Kuwait en 1950, una de las imágenes de la colección publicada por ‘Foreign Policy’. Foto: F. H. Andrus

La edición digital de la revista Foreign Policy publica una curiosa fotogalería con imágenes de Kuwait en los años cincuenta, cuando el país no había sufrido aún la tremenda transformación que, a partir de entonces, supuso para este pequeño estado del Golfo la industria del petróleo.

Como explica Cara Parks en el texto que acompaña a las fotografías, antes de que en, 1938, se descubriese petróleo en la zona, Kuwait basaba su economía en su importancia como puerto natural en el Golfo Pérsico, y en lo que ello suponía para el comercio de perlas y otras industrias relacionadas con el mar, algo que cambió por completo con el oro negro. Una vez concluida la interrupción de la Segunda Guerra Mundial, las compañías petroleras comenzaron la explotación masiva en el país, y la producción de crudo se triplicó entre 1951 y 1952, volviéndose a triplicar entre 1952 y 1953.

Una de las compañías que protagonizaron el ‘boom’ fue la estadounidense Bechtel, cuyos ingenieros fueron responsables de buena parte de las construcciones de infraestructuras petroleras en el Golfo. Las imágenes que forman parte de la fotogalería fueron tomadas a principios de los cincuenta por un empleado de esta compañía, Francis Hadden Andrus, y han sido digitalizadas ahora por David C. Foster. Las fotos, escribe Parks, «muestran una sociedad al borde del cambio, en la que los camellos empiezan ya a compartir los caminos con los Studebakers».

La fotogalería puede verse aquí.

Kuwait, antes del petróleo

La edición digital de la revista Foreign Policy publica una curiosa fotogalería con imágenes de Kuwait en los años cincuenta, cuando el país no había sufrido aún la tremenda transformación que, a partir de entonces, supuso para este pequeño estado… Leer

Después de 32 años en el poder, y tras cerca de tres meses de revuelta popular, el presidente de Yemen, Ali Abdalah Saleh, ha aceptado dejar su puesto en un plazo de 30 días, a cambio de obtener la inmunidad, no sólo para él, sino también para sus altos cargos.

Ali Abdalah Saleh. Foto: Kremlin / Wikimedia Commons

El plan fue propuesto el pasado jueves por sus vecinos del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Bahréin, Kuwait y Omán) y, de momento, ha sido aceptado por la oposición, aunque sólo en parte, ya que los partidos contrarios al régimen no están dispuestos a formar el gobierno de unidad nacional que iría incluido en el paquete. En una primera fase, el poder pasaría al actual vicepresidente del país.

De salir adelante la propuesta, Saleh (68 años de edad) sería el tercer mandatario en caer como consecuencia de las actuales revueltas en el mundo árabe. Aunque en circunstancias bastante diferentes, seguiría los pasos de Ben Ali en Túnez y de Hosni Mubarak en Egipto.

Las protestas en Yemen han dejado más de un centenar de muertos, y han sido escenario de múltiples violaciones de los derechos humanos.

El presidente ha estado muy presionado internacionalmente en las últimas semanas, especialmente por parte de Estados Unidos y de Arabia Saudí, que, preocupados por un posible avance de Al Qaeda ante la situación de caos reinante en el país, pedían a Saleh una «transición pacífica» .

El pasado 22 de marzo, Saleh ya había anunciado su disposición a entregar el poder antes de que termine este año, pero la oposición exigía su salida inmediata.

Si finalmente obtuviese la inmunidad que contempla el plan, se cumplirían los temores de las organizaciones de derechos humanos, que ya alertaron hace unos días del peligro de que el abandono del poder por parte de Saleh significase la impunidad para los responsables de los presuntos crímenes perpetrados por el régimen. Las violaciones de los derechos humanos se han venido produciendo en el país, no sólo desde que empezaron las protestas, sino en todo este último año.

En este sentido, Amnistía Internacional ha exigido que se haga justicia y que se investiguen todos y cada uno de los homicidios ocurridos. La organización publicó recientemente un detallado informe, Moment of Truth for Yemen (El momento de la verdad para Yemen), en el que documenta la represión de las protestas llevada a cabo por el régimen yemení.

Sólo le supera Gadafi

Saleh, que desde 1978 había sido presidente de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte), se convirtió en 1990 en el máximo mandatario del Yemen reunificado. Es, después del libio Muammar al Gadafi, el líder de un país árabe que ha permanecido más tiempo en el poder.

Nueve años después, en 1999, fue el primer presidente de Yemen elegido por sufragio universal. Las elecciones, sin embargo, fueron de todo menos limpias. Saleh ganó con el 96% de los votos y, además, el prin­ci­pal par­tido de la opo­si­ción, el Par­tido Socia­lista de Yemen del Sur, no pudo pre­sen­tar un can­di­dato a los comi­cios. El Par­la­mento, domi­nado por el Gobierno, impi­dió pre­sen­tarse a otros 28 candidatos.

En 2001, un refe­rén­dum exten­dió su man­dato pre­si­den­cial a siete años. La siguiente elec­ción pre­si­den­cial tuvo lugar en sep­tiem­bre de 2006, y Saleh fue reelegido presidente, en unos comi­cios que la oposición volvió a tachar de fraudulentos.

Saleh fue uno de los líderes árabes que apoyó la invasión de Kuwait por parte del Irak de Sadam Husein, en 1990. Tras la derrota de Irak en la Guerra del Golfo se produjo la expulsión en masa del emirato de ciudadanos yemeníes.

Al Qaeda y guerra civil

Después del 11-S, sin embargo, el mandatario estrechó su colaboración con EE UU, maltrecha desde hacía un año a causa del atentado islamista contra un destructor estadounidense en Adén, antigua capital del sur, en el que murieron 17 marines.

Cientos de integristas han sido detenidos desde entonces por las fuerzas de seguridad de Yemen, país considerado como uno de los grandes feudos de Al Qaeda, y donde se han seguido registrando atentados.

Por otra parte, a mediados de 2004 estallaron los enfrentamientos entre el ejército yemení y los rebeldes chiíes de la provincia de Saada, en el norte, en un conflicto en el que han fallecido cientos de personas y decenas de miles se han visto obligadas a abandonar sus casas, especialmente desde agosto de 2009, cuando se intensificaron los ataques de los militares. La ofensiva culminó con un alto el fuego firmado por ambos bandos en febrero de 2010, y en diciembre de ese mismo año fueron liberados medio millar de los 1.500 insurgentes presos.

El pasado 1 de enero el Parlamento aprobó cambios provisionales que permitían a Saleh optar a un tercer mandato, algo prohibido por la Constitución, pero la presión de la oposición le obligó a declarar ante el Parlamento el 2 de febrero que paralizaba la reforma legal que le habilitaría como candidato en 2013, al tiempo que negaba sus supuestas aspiraciones a que su hijo Ahmed le sucediera en el cargo.


» Con información de la agencia Efe
» Un interesante cable de la embajada de EE UU en Saná, la capital de Yemen, publicado pro Wikileaks. Relata un encuentro entre Ali Abdalah Saleh y el general estadounidense David Petraeus

Saleh, el tercero en caer, pero con inmunidad

Después de 32 años en el poder, y tras cerca de tres meses de revuelta popular, el presidente de Yemen, Ali Abdalah Saleh, ha aceptado dejar su puesto en un plazo de 30 días, a cambio de obtener la inmunidad,… Leer

Dubai, en una imagen de julio de 2009. Foto original: Peter Baker / Flickr (CC)

Ví­ctor J. Montes, en La Región de Ourense (27/11/2009):

Cuentan los que allí­ han estado que todo en Dubai es superlativo: islas artificiales con hoteles y miles de villas de lujo; apartamentos en edificios que giran sobre su propio eje; casas que se compran y venden varias veces antes de que lleguen a construirse; entregas de llaves con un jaguar de regalo; o centros comerciales que rivalizan con las catedrales europeas por las excelencias de su diseño. Cientos de proyectos faraónicos que han transformado un antiguo paisaje áspero del desierto, con 50 grados a la sombra y una superficie como la de Álava, hasta hacer de él un sí­mbolo de ostentación construido sobre arenas movedizas. […]

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Dubai, la madre de todas las burbujas

Ví­ctor J. Montes, en La Región de Ourense