Abás y el retorno de los refugiados palestinos

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Manifestación en Gaza de seguidores de Hamás en contra del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Foto: Mohammed Salem / Reuters

Manifestación en Gaza de seguidores de Hamás en contra del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abás. Foto: Mohammed Salem / Reuters

El presidente palestino, Mahmud Abás, ha causado un considerable revuelo al decir, en una entrevista en un canal israelí de televisión, que no tiene intención de reclamar su derecho a volver a Safed, la ciudad donde nació, situada en el norte del actual Israel, y de la que huyó junto con su familia cuando era niño, en 1948. “Una vez visité Safed. Quiero ver Safed. Es mi derecho, pero no lo es vivir allí”, dijo.

Abás sugería así su renuncia a incluir el derecho al retorno de los refugiados palestinos en las hipotéticas negociaciones para la, cada vez más hipotética aún, solución del conflicto mediante la creación de dos Estados. Este derecho está contemplado en la resolución 194 de Naciones Unidas, pero ha sido negociado y reducido a números casi simbólicos a lo largo de los distintos procesos de paz entre israelíes y palestinos, especialmente desde los Acuerdos de Oslo.

De hecho, en los famosos Papeles de Palestina –los documentos sobre las negociaciones de paz llevadas a cabo por la Autoridad Palestina y la OLP, revelados a principios de 2011– los negociadores parecen dispuestos a hacer concesiones importantes sobre el retorno de los refugiados, es decir, sobre el número de personas a las que potencialmente se permitiría volver a sus hogares en lo que hoy es Israel, sobre si los refugiados podrían votar cualquier acuerdo de paz, y sobre cuántos podrían establecerse en un futuro Estado palestino.

En realidad, uno podría pensar que las preguntas del entrevistador tenían el único objetivo de sembrar cizaña, ya que, a pesar de que hace ya un cuarto de siglo que la OLP, presidida por el propio Abás, reconoce la existencia de Israel en el 78% de la Palestina histórica, el entrevistador pregunta al presidente si considera parte de Palestina a Yafa, Acre o Ramle, ciudades árabes que actualmente forman parte de Israel. “Palestina, para mí, ahora, son las fronteras de 1967 [Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este], con Jerusalén Este como capital. Eso es ahora y para siempre. Eso es Palestina para mí. Lo demás es Israel”, responde Abás.

Abás insiste asimismo en apostar por “el diálogo”, y asegura que no permitirá el estallido de una “tercera Intifada armada” mientras siga en el poder: “Mientras yo esté en este cargo, no habrá una tercera Intifada armada. Nunca. No queremos utilizar el terrorismo, no queremos utilizar la fuerza, no queremos utilizar armas”, dice. También aprovecha para pedir a Israel que devuelva las negociaciones con los palestinos a la agenda política, de cara a las elecciones legislativas que celebra este país el próximo mes de enero.

Las declaraciones de Abás, especialmente las referidas al retorno de los refugiados (y sus descendientes) de 1948, no son una gran novedad, y tampoco es previsible que tengan muchas consecuencias en la política israelí. El primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, acepta la idea de los dos estados, pero solo en teoría. Su estrategia es que resulte inviable.

Lo que sí tienen las palabras del presidente es mucha carga simbólica. Al margen de las negociaciones, o de la postura oficial de la OLP, son muchos los palestinos que no han renunciado al derecho al retorno, un derecho que es, precisamente, uno de los principales obstáculos para que Israel acepte una salida negociada al conflicto.

Desde el punto de vista del gobierno israelí (y de muchos israelíes), el regreso de cientos de miles de palestinos supondría el fin del Estado tal y como es ahora. Es lo que los israelíes denominan “problema demográfico”, entendiendo que un Israel donde la mayoría de los habitantes no sean de origen judío, sino árabe, sería “un problema”. Para los partidarios de la solución de un solo Estado (en lugar de dos), bajo este argumento de supervivencia básica trasciende un planteamiento racista, o excluyente, sin cabida en un país teóricamente democrático. Para los partidarios de borrar Israel del mapa, el retorno de los refugiados no solo no es un “problema”, sino que es una de las mejores armas para acabar con el Estado israelí.

Tampoco ayudó mucho que la entrevista se celebrase en un canal israelí (uno de los más vistos del país), y en el contexto del 95 aniversario de la Declaración Balfour, la confirmación oficial, en 1917, de que el Gobierno británico se mostraba favorable a la creación de un “hogar nacional judío” en el entonces Mandato Británico de Palestina.

Desde que se emitió la entrevista (el pasado viernes), Abás ha intentado matizar sus declaraciones. El sábado dijo a la televisión egipcia Al Hayat (en árabe) que “mis palabras sobre Safed expresaban una posición personal, y no significaban renunciar al derecho al retorno de los refugiados”. Demasiado tarde. Las manifestaciones de protesta contra el mandatario palestino se sucedieron durante todo el fin de semana en los territorios ocupados. En Gaza, mientras en la calle acusaban a Abás con gritos de “traidor”, los responsables Hamás, en el gobierno, se apresuraron a dejar muy claro que el presidente de la Autoridad Palestina había hablado, efectivamente, a título personal.

Netanyahu, por su parte, se ha mostrado escéptico, y se ha limitado a destacar la “marcha atrás” de Abás tras la entrevista.  Y el Ministerio de Exteriores israelí indicó que “si Abás quiere ver Safed, o cualquier otra parte de Israel, por ese motivo, le llevaremos a donde quiera. Sin embargo […], al no ser Abás un ciudadano israelí, no tiene derecho a vivir en Israel”. “Estamos de acuerdo en eso”, dijo un portavoz del Ministerio, en referencia a la renuncia de Abás a residir en Safed.

La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) calcula el número de refugiados palestinos en 5 millones.

Nour Joudah, una profesora palestina de Ramala, contestaba a Abás así:

Mi padre tiene casi 80 años y tiene algo más que el derecho a visitar Isdoud. Mis hermanos y yo tenemos algo más que el derecho a ver la hierba donde estuvo el pueblo. Yo tengo el derecho a volver y reconstruír Palestina desde cero. Toda ella. Y también lo tienen cada refugiado y sus descendientes. Los niños de Safed que viven en Chatila y Ein el Hilweh, y en todos los campamentos del Líbano, no están soñando con su Ramala, Sr. Presidente. Están soñando con su Safed. Si ellos o yo quieren ceder nuestro derecho al retorno, se lo haremos saber. No confunda el agotamiento y la frustración de su gente con rendición. No confunda la reorganización de los jóvenes y su intento de refamiliarizarse con su propia historia con falta de visión.


Más información y fuentes:
» Palestinians Need to See Full Abbas Interview
» Mahmud Abás y el derecho al retorno
» There’s nothing new in Mahmoud Abbas’ and the PLO’s renunciation of Palestinian refugee rights
» Good morning, President Abbas
» Advisor to Abbas says President did not Give Up Right of Return
» Netanyahu skeptical of Abbas hint of no return for refugees
» Fact Sheet: The Right of Return & Palestinian Refugees
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