Trabajo infantil: La revolución pendiente de Egipto

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Un niño carga con una teja en un taller de cerámica de la ciudad vieja de El Cairo, el 18 de octubre de 2012. Foto: Khalil Hamra / AP

Un niño carga con una teja en un taller de cerámica de la ciudad vieja de El Cairo, el 18 de octubre de 2012. Foto: Khalil Hamra / AP

En Egipto trabajan alrededor de 1,6 millones de menores de edad, es decir, casi el 10% de la población menor de 17 años, y normalmente lo hacen en condiciones duras. Esos son los datos oficiales que ofrece el gobierno del país, pero expertos y organizaciones no gubernamentales consideran que ese número debería multiplicarse por dos, dado que el trabajo infantil se desarrolla, normalmente, en áreas de economía sumergida muy difíciles de controlar. La ong Tierra de Hombres, por ejemplo, calcula en 7 millones el número de niños que trabajan en Egipto. De ellos, el 83% lo hace en las regiones rurales, principalmente en las provincias de Assiout, Sohag y Beni Suef.

El principal problema, como en tantas otras partes del mundo, es que son muchas las familias que no podrían subsistir sin los ingresos que aportan sus hijos. En algunos hogares, de hecho, el niño es la única fuente de ingresos; en otros, los hijos se ven obligados a reemplazar a sus padres enfermos, en condiciones que a menudo son peligrosas para su salud. Por otra parte, para algunos empresarios el niño representa mano de obra barata, más obediente y maleable que los empleados adultos.

Un informe publicado en 2011 por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos reconoce que Egipto ha hecho esfuerzos importantes por eliminar las peores formas de trabajo infantil, pero destaca asimismo que aún quedan grandes lagunas legales cuando se trata de proteger a la infancia en este aspecto.

La reciente promulgación de una nueva ley de educación, cuyo objetivo es ir retirando a los niños de los campos para integrarlos en el sistema escolar, no ha tenido demasiado éxito en las regiones más pobres. La mayoría de las familias no tienen medios para pagar los gastos de la escolarización, y otras no están de acuerdo con lo que se enseña en las escuelas, ya que se trata de una enseñanza que no tiene como objetivo principal ganar dinero.

En 2011, Tierra de Hombres realizó una investigación en la provincia de Assiout, una de las más desfavorecidas de Egipto, donde más de la mitad de la población es pobre y donde el 20% de los niños trabajan en el sector agrícola. La investigación confirmó, en palabras de la ong, que “los derechos de los niños que trabajan en la agricultura son ridiculizados. Los niños sufren de una ausencia de protección y están expuestos a graves riesgos sobre su salud, sobre todo a causa de pernanecer bajo el sol durante toda la jornada, o a la ingestión de pesticidas. Algunos trabajan hasta diez horas diarias. Muchos sufren accidentes en el camino a su lugar de trabajo o son maltratados por su empleador”.

Mientras, activistas contra el trabajo infantil han mostrado su preocupación ante la posibilidad de que la protección a la infancia quede mermada en la nueva Constitución egipcia, que se está debatiendo ahora. A principios de octubre, la Coalición Egipcia para los Derechos de los Niños denunció que en los primeros borradores constitucionales no se prohibía el trabajo infantil de un modo tan severo como en la legislación anterior.

Las siguientes fotografías pertenecen a un reportaje sobre el trabajo infantil en Egipto, escrito e ilustrado por Khalil Hamra para la agencia AP, y publicado esta misma semana.

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