Siria es otra historia

Sirios y palestinos se solidarizan con la revuelta egipcia
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Sirios y palestinos se solidarizan con la revuelta egipcia frente a la embajada de Egipto en Damasco. Foto: Khaled al-Hariri / Reuters

Las especiales características de Siria en el marco de las revueltas árabes. Un interesante artículo de Andrew Lee Butters en Time, traducido al castellano:

Al tiempo que los ojos de todo el mundo árabe están fascinados por el alzamiento democrático en Egipto, activistas de paí­ses como Jordania, Yemen o Siria han empezado a organizar protestas contra sus propios regí­menes autoritarios. En Facebook, páginas como “The Syrian Revolution” han convocado un dí­a de protestas para este viernes, con manifestaciones frente al Parlamento, en Damasco, la capital del paí­s, así­ como en embajadas sirias en diversas partes del mundo. Pero, a diferencia de Egipto, e incluso de Yemen o de Jordania, es difí­cil que los manifestantes sirios consigan alcanzar la suficiente importancia como para llegar a amenazar al régimen del presidente Bashar al Asad. La razón es sencilla: A diferencia de Egipto, de Yemen y de Jordania, Siria no es un aliado de Estados Unidos.

Y no es porque el antiamericanismo sea uno de los motores de las actuales revueltas en el mundo árabe. La ira de los manifestantes egipcios se dirige al presidente Hosni Mubarak. EE UU e Israel apenas están siendo mencionados. Pero la amistad con Estados Unidos supone para Mubarak una serie de inconvenientes de los que el Gobierno sirio, sin embargo, no tiene que preocuparse.

Para empezar, Siria no depende de las ayudas de miles de millones de dólares que sí­ reciben desde EE UU Egipto y Jordania. Lo único que recibe de EE UU el régimen de Asad, que durante años ha sido un paí­s paria por su apoyo a varios grupos militantes de la región, son sanciones y algo de ayuda internacional, muy pequeña en comparación con otros paí­ses. Además, la moneda siria no está presente en los mercados internacionales, el sistema bancario es muy cerrado y la bolsa es minúscula. El Banco Central de Siria se ha abastecido de divisas durante años para estas ocasiones, y en Damasco no existen los focos de extrema pobreza que, en niveles africanos de miseria, sí­ hay en El Cairo.

Esto significa que, a diferencia de Egipto, que, por deferencia a las sensibilidades de su patrono estadounidense, ha elegido realizar el trabajo sucio contra los manifestantes democráticos de la plaza Tahrir con matones vestidos de civil, en lugar de con un ejército financiado por los contribuyentes estadounidenses, Siria no suele preocuparse mucho por la opinión del mundo en sus represiones domésticas. El hecho de estar en la parte equivocada de la “agenda democrática” de la Administración Bush ha ayudado al régimen de Bashar al Asad. Porque si bien es cierto que muchos sirios se han resentido por el flagrante fraude en las elecciones de su paí­s, también son muchos los que prefieren la estabilidad al estilo sirio a la caótica democracia creada en el vecino Irak tras la invasión de Estados Unidos.

Además, Siria cuenta con algunas cartas estratégicas en la manga -entre las más importantes, su apoyo a los militantes palestinos de Hamas y a la milicia libanesa de Hizbula- para cuando le sea necesario desviar la atención del descontento en casa. No hay que olvidar tampoco el hecho de que, oficialmente, Siria continúa en guerra con Israel, quien mantiene ocupado el territorio de los Altos del Golán. Y es precisamente en este conflicto en lo que se basa Damasco para mantener en el paí­s leyes de emergencia.

No obstante, las ventajas de ser una dictadura antiamericana en Oriente Medio empezarán a reducirse en un futuro no tan lejano, sobre todo si el Gobierno de Obama respalda con más firmeza la democracia en Egipto y presiona para que haya más cambios en otras autocracias árabes apoyadas actualmente por Estados Unidos. A pesar de que sus problemas económicos son menos agudos que los de Egipto, Siria posee también una enorme cantidad de población joven que reclama más oportunidades de las que la cerrada economí­a siria puede ofrecerles. Y si Oriente Medio empieza a tener gobiernos elegidos democráticamente  y capaces de atender las necesidades de sus ciudadanos, el simple hecho de ser mejor que Irak no será suficiente.


Traducción del inglés: Miguel Máiquez

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