Pasaporte a la Antigüedad

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James Henry Breasted en 1920, tomando notas en lo alto del zigurat de Ur, actual Irak. Foto: Oriental Institute of Chicago

Poco conocido en España fuera de los ambientes especializados, el egiptólogo estadounidense James Henry Breasted (1865-1935) es, sin embargo, una figura clave en la historia de la arqueología. Fue el primer profesor de Egiptología en Estados Unidos y estuvo al frente de la generación de arqueólogos e historiadores que amplió el concepto de la civilización occidental, al incluir todo el Cercano Oriente en las raíces culturales de Europa. Escritor y gran divulgador de la Historia, a Breasted se debe, además, el desarrollo definitivo del Instituto Oriental (Oriental Institute) de la Universidad de Chicago, una de las más prestigiosas e influyentes instituciones de todo el mundo en lo que respecta al estudio de la historia y la arqueología del antigo Oriente Medio.

En el siguiente artículo, publicado en la revista Archaeology, Geoff Emberling (actual conservador jefe del Instituto Oriental) recuerda el famoso viaje que realizó Breasted por Oriente Medio, poco después de acabar la Primera Guerra Mundial. Este es el reportaje, traducido al castellano:

En 1919, John D. Rockefeller Jr. concedió al egiptólogo estadounidense James Henry Breasted una beca de cinco años para que fundase el Instituto Oriental en la Universidad de Chicago, y lo convirtiese en un “laboratorio de investigación” para el estudio de las civilizaciones de Oriente Medio. A pesar de que la Primera Guerra Mundial acababa de concluir, y de que Oriente Medio estaba lejos de ser una zona estable o segura, Breasted, que tenía entonces 53 años, se puso inmediatamente a hacer planes para viajar, junto a cuatro compañeros, a lo que hoy en día es Egipto, Irak, Siria, Líbano e Israel, con el objetivo de comprar antigüedades e identificar yacimientos para futuras excavaciones.

En agosto de ese mismo año, Breasted llegó en barco a Inglaterra. Allí se reunió con colegas y funcionarios del Gobierno británico, que le proporcionaron cartas de presentación y permisos para poder viajar por zonas que seguían estando bajo el control militar británico (la primera de las fronteras nacionales que nos resultan familiares hoy no se estableció hasta el año 1921). En uno de estos permisos se autorizaba a Breasted a viajar con una pistola.

La ruta seguida por Breasted en Oriente Medio. Mapa: Oriental Institute of Chicago

Después de pasar por París, donde adquirió diversas antigüedades para el Instituto Oriental, Breasted llegó a Egipto a finales de octubre de 1919. En esta época, la arqueología cestaba cobrando cada vez más importancia, tanto para los poderes coloniales como para los crecientes movimientos nacionalistas de Oriente Medio. Breasted se entrevistó con el Alto Comisionado para Egipto, el general Edmund Allenby, quien le facilitó nuevos permisos y cartas de presentación dirigidas a los oficiales británicos destinados en Mesopotamia, así como acceso a un avión militar que Breasted había solicitado para poder tomar fotografías aéreas de los yacimientos, incluyendo las pirámides de Giza. Allenby había leído el libro de Breasted Ancient Times,y había utilizado incluso el relato de Breasted sobre la batalla de Megido para planear la invasión de esta región de Palestina durante la Primera Guerra Mundial.

Para viajar desde Egipto hasta lo que entonces se denominaba “Mesopotamia” (pronto sería llamada Irak) había que dirigirse primero en barco de vapor hasta Bombay, en India, y desde allí, continuar hasta Basra. La Mesopotamia controlada por los británicos era administrada por la Oficina de la India y, de hecho, muchos de los soldados rasos británicos destacados en esta región eran de origen indio.

La expedición, a bordo del barco ‘City of Benares”. Foto: Oriental Institute of Chicago

Tras una breve estancia en Bombay (Mumbai), Breasted y su equipo emprendieron viaje a Basra, con salvoconductos del Ministerio de Exteriores británico. Habían pasado seis meses desde que partieron de Chicago.

Ya en Mesopotamia, desplazándose en trenes militares, en automóvil y a caballo, el grupo pudo visitar los principales yacimientos arqueológicos conocidos por entonces, incluyendo Ur, Nippur y Babilonia, en el sur, y las capitales asirias de Ashur, Nínive, Nimrud y Dur-Sharrukin (Jorsabad), en el norte. Varios años después, el Intituto Oriental llegaría a excavar dos de estos yacimientos (Jorsabad y Nippur), aparte de otros situados en la región de Diyala, cuya existencia no era conocida aún en 1920.

Percy Hambro, el intendente general británico en Mesopotamia, escribió a Breasted para comunicarle que unos soldados habían descubierto una serie de pinturas murales cuando estaban excavando el emplazamiento de una ametralladora, cerca de Abu Kemal, junto al río Eufrates, en la frontera de la zona controlada por los británicos. Breasted, que identificó el lugar como la antigua ciudad de Dura-Europos, actualmente cerca de la frontera entre Irak y Siria, dispuso tan sólo de un día para estudiar las pinturas de este acuartelamiento romano, justo antes de que los británicos se retirasen hacia Bagdad. A continuación, acompañado por su equipo, cruzó la frontera hacia lo que por entonces se llamaba “Estado Árabe” (atual Siria). Viajaba ondeando una bandera estadounidense en su diligencia para no ser confundido con los odiados británicos. Resultó ser un buen consejo. Unas pocas semanas después de su partida, el funcionario político británico, Abu Kema, era asesinado por hombres de tribus locales.

Pinturas romanas en Dura-Europos. Foto: Oriental Institute of Chicago

En la campaña contra los turcos otomanos que les llevó a la toma de Damasco, los británicos recibieron la ayuda de combatientes regulares árabes, liderados por el príncipe hachemita Faisal y T. E. Lawrence (“de Arabia”). A los árabes se les prometió que tendrían su propio Estado, y, al final de la Segunda Guerra Mundial, empezaron a trabajar para constituir uno en Damasco.

El extremadamente incómodo viaje en tren a través del Estado Árabe seguía el curso del río Eufrates y terminaba en Damasco. A causa de las revueltas y la inestabilidad, Breasted no pudo llegar a muchos de los yacimientos arqueológicos que había planeado visitar, pero sí consiguió viajar hasta el montículo de Qadesh, escenario de la famosa batalla que enfrentó a los ejércitos egipcio e hitita en el siglo XIII a. C.

La diligencia de Breasted, con la bandera de EE UU, junto al Eufrates, en la actual Siria. Foto: Oriental Institute of Chicago

En Alepo, Breasted obtuvo autorización para continuar su viaje hasta Beirut, por entonces bajo control francés. Una vez en la región que acabaría convirtiéndose en el Líbano, Breasted visitó la Universidad Americana de Beirut y varios yacimientos arqueológicos, entre ellos, la ciudad romana de Baalbek y los yacimientos fenicios de Biblos y Sidón.

A su vuelta al Estado Árabe, Breasted se reunió en Damasco con el rey Faisal. Dos meses después, la existencia del Estado Árabe llegó a su fin con la invasión francesa desde Beirut.

Fuera ya de las áreas controladas por árabes y franceses, Breasted y su expedición viajaron hasta Jerusalén. La ciudad en sí estaba bajo control militar británico, pero la zona rural se consideraba muy insegura. A pesar de ello, Breasted deseaba visitar Megido, ya que este yacimiento había sido el objeto de una de sus investigaciones históricas. Sus planes, sin embargo, se vieron frustrados debido a la falta de carreteras en condiciones y a una serie de direcciones equivocadas, y Breasted tuvo que contentarse con observar el lugar desde la distancia. El Insituto Oriental realizaría excavaciones en Megido varios años después, entre 1925 y 1939.

Breasted, durante un banquete ofrecido por una tribu local en Mesopotamia, actual Irak. Foto: Oriental Institute of Chicago

El viaje de Breasted a través del Estado Árabe logró despertar el interés del Gobierno británico, que convocó al arqueólogo para una reunión en Londres con Lord Cuzon, el ministro de Asuntos Exteriores. Breasted no llegó a realizar labores de espionaje, pero el valor de sus observaciones refleja la conexión existente entre la arqueología y la política durante la época colonial.

A mediados de julio de 1920 pudo por fin regresar a Chicago, 11 meses después de su partida. Su pasaporte, cientos de cartas y 1.100 fotografías depositadas en el Instituto Oriental documentan con detalle este viaje.


Traducción del inglés: Miguel Máiquez
Más información:
» The 1905–07 Breasted Expeditions to Egypt & Sudan (todas las fotos de la expedición –1.875 imágenes–, en la web del Oriental Institute)
» Lawrence de Arabia, 75 años de erosión sobre un mito esculpido en arena
» Los marfiles que Agatha Christie salvó con crema de cutis (El País)
» Acuerdo Sykes-Picot (1916)
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