Amargo final para la rebelión de los inmigrantes en Israel

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Policías israelíes detienen a inmigrantes africanos durante una protesta frente al Parlamento, en Jerusalén, este martes. Foto: Menahem Kahana / AFP

Policías israelíes detienen a inmigrantes africanos durante una protesta frente al Parlamento, en Jerusalén, este martes. Foto: Menahem Kahana / AFP

No es probable que los policías estuviesen pendientes del calendario cuando este martes metieron a la fuerza en un autobús a 150 africanos que estaban protestando en Jerusalén, y los llevaron detenidos a prisión, justo en vísperas del Día Internacional del Inmigrante, la jornada en la que la ONU nos invita a recordar que todos sus países miembros (Israel incluido) aprobaron un documento en el que se establece “la necesidad de promover y proteger de manera efectiva los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los migrantes, con independencia de su estatus migratorio”.

Los inmigrantes africanos habían abandonado un centro de internamiento en el desierto el pasado domingo para protestar contra una nueva ley recién aprobada por el Gobierno israelí, que permite mantenerlos retenidos de forma indefinida en una “instalación abierta”, hasta que salgan del país. Ayudados por varias organizaciones de defensa de los derechos humanos, los inmigrantes habían viajado a pie o en autobús hasta Jerusalén para manifestarse ante el Parlamento.

Según el Gobierno israelí, la mayoría de los 50.000 inmigrantes africanos –sudaneses y eriteros, principalmente– que han llegado en los últimos años al país atravesando la frontera con Egipto, son trabajadores “ilegales” que “amenazan la estructura social del territorio”.

Sin embargo, abogados y organizaciones defensoras de los derechos humanos aseguran que la mayoría son solicitantes de asilo que han huido de sus países de origen por persecuciones, guerras o duras condiciones de vida. “Venimos de un país en guerra y queremos dignidad. Queremos salvar nuestras vidas. No somos criminales”, afirmaba uno de los manifestantes este martes, en declaraciones recogidas por la agencia Reuters.

Ahora, los inmigrantes detenidos permanecerán en prisión durante los próximos 90 días, por haber violado los términos de custodia en la instalación que decidieron abandonar el domingo. El centro, situado en el desierto, en el sur del país, permite a los 400 inmigrantes que fueron trasladados desde una prisión hace algo más de una semana abandonar la instalación durante el día, pero les obliga a regresar por la noche.

Un grupo de los cerca de 200 inmigrantes africanos que abandonaron a pie un centro de internamiento en el desierto israelí, para dirigirse hasta Jerusalén y protestar ante el Parlamento. Foto: Amir Cohen / Reuters

Un grupo de los cerca de 200 inmigrantes africanos que abandonaron a pie un centro de internamiento en el desierto israelí, para dirigirse hasta Jerusalén y protestar ante el Parlamento. Foto: Amir Cohen / Reuters

La ley aprobada el 10 de diciembre por el Parlamento israelí forma parte de una serie de medidas para mantener a raya la inmigración africana, entre las que se encuentra también la construcción de una valla a lo largo de la frontera con Egipto dotada de un sistema de vigilancia de alta tecnología.

En 2012, el Ministerio israelí del Interior puso en marcha otra ley que permite a las autoridades policiales y de seguridad arrestar durante tres años a cualquier persona que entre en el país de forma ilegal, y contempla penas mayores incluso (de entre 5 y 15 años de cárcel) para quienes ayuden o cobijen a inmigrantes “ilegales”. En ese mismo año, el Gobierno ordenó acelerar la deportación de unos 25.000 inmigrantes africanos.

Esta ley había sido aprobada hace unos años para frenar la entrada de los operarios palestinos que buscaban trabajo en Israel, pero en 2012 su alcance se extendió a los inmigrantes sin papeles o personas del tercer mundo que entran en busca de asilo.

Ninguna de estas medidas puede resultar sorprendente si acudimos a la hemeroteca. En enero de 2012, por ejemplo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya anunció que no pensaba permitir que “miles de trabajadores extranjeros inunden el país”. “Estamos inundados por una oleada de refugiados que amenazan con llevarse nuestros logros y dañar nuestra existencia”, dijo Netanyahu, en declaraciones recogidas por el diario Yediot Aharonot. En la misma entrevista defendía la construcción de la verja de 250 kilómetros en la frontera con Egipto que ahora está ya terminada.

La verja de seguridad construida por Israel en la frontera con Egipto. Foto: Nir Elias / Reuters

La verja de seguridad construida por Israel en la frontera con Egipto. Foto: Nir Elias / Reuters

Y es que, para el primer ministro, Israel tiene que convivir con el “problema” de su “éxito económico” y de ser “el único país del primer mundo que puede alcanzarse a pie desde el tercer mundo” (en referencia a Egipto, Palestina, Líbano y Siria, los territorios a través de los cuales entran los inmigrantes africanos).

La mayoría de los inmigrantes africanos sin papeles en Israel se concentran en el sur de Tel Aviv, en los barrios más pobres de la ciudad, ocupando infraestructuras precarias. No reciben ayudas del Gobierno y, según recogía la BBC en un reportaje publicado en 2012, muchos de ellos duermen a la intemperie, en calles y parques.

Israel ha suscrito la Convención de las Naciones Unidas para los Refugiados, que prohíbe expresamente la repatriación de aquellos refugiados que procedan de países en los que correrían el riesgo de morir si regresasen. Tal vez por eso, como denuncian algunas ONG de defensa de los derechos humanos, el Gobierno opta en muchos casos por “evadir” el proceso de calificación que determina cuáles de los inmigrantes africanos tienen derecho a asilo político.

A finales del pasado mes de agosto, Israel anunció un acuerdo con Uganda por el que el país africano habría aceptado recibir a decenas de miles de inmigrantes eritreos y sudaneses, inmigrantes que serán perseguidos si no se marchan. Según el Ministerio israelí, Uganda se comprometió a acoger a los eritreos y a servir como punto de tránsito para los sudaneses hacía su país natal. Las autoridades ugandesas, sin embargo, negaron que se hubiese cerrado acuerdo alguno.

En su informe anual correspondiente a 2012, una de las mayores ONG israelíes de derechos humanos, ACRI, denunció la “actitud agresiva” del Gobierno hacia la inmigración no judía, con una “actitud racista y xenófoba prevalente hacia los peticionarios de asilo africanos” y un “nuevo cénit de declaraciones racistas” por parte de diputados, dirigentes políticos y de seguridad, rabinos y líderes vecinales.

El anterior ministro de Interior, Eli Yishai, calificó en su momento la inmigración ilegal de una “amenaza” para su país igual o mayor que el programa nuclear iraní, y declaró que su política consistía en encarcelar a sin papeles para “amargarles la vida” hasta que pudiese deportarlos.


Más información y fuentes:
» Israel sends 150 protesting African runaways back to jail (Reuters)
» Illegal African immigrants protest Israel detention (AFP)
» Marcha-protesta de inmigrantes hacia Jerusalén contra la nueva ley israelí (Europa Press)
» Uganda will take in thousands of Israel’s African migrants (Haaretz)
» Los riesgos de ser inmigrante ilegal en Israel (BBC)
» Inmigrantes africanos atrapados en el limbo israelí (El País)
» El ministro israelí de Interior encarcela inmigrantes para “amargarles la vida” (Efe)
» Declaración del Diálogo de Alto Nivel sobre la Migración Internacional y el Desarrollo (Asamblea General de las Naciones Unidas)
» Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (Naciones Unidas)
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