Refugiados sirios en Egipto: de mal en peor

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Una refugiada siria, durante una vigila en El Cairo en marzo de 2013, en el segundo aniversario del inicio de la guerra en su país. En el cartel que sostiene puede leerse, en árabe, "rescátame". Foto: Nasser Nasser / AP

Una refugiada siria, durante una vigila en El Cairo en marzo de 2013, en el segundo aniversario del inicio de la guerra en su país. En el cartel que sostiene puede leerse, en árabe, “rescátame”. Foto: Nasser Nasser / AP

Cerca de tres millones de sirios han huido de su país desde que comenzó la guerra. La mayoría se han refugiado en los países vecinos (Irak, Jordania, Líbano y Turquía), pero un número importante de ellos, cuya situación es menos conocida, ha buscado refugio en otras partes. En Egipto hay registrados alrededor de 135.000, aunque tanto la Agencia para los Refugiados de la ONU (ACNUR) como otras organizaciones humanitarias calculan que el número real es más del doble.

La mayor oleada de refugiados sirios llegó a Egipto en la segunda mitad de 2012. Para finales de ese año, las autoridades locales hicieron un llamamiento a la ONU solicitando ayuda. La ayuda ha ido llegando desde entonces, pero no es suficiente. Y la situación en el propio Egipto tampoco ha contribuido a mejorar las condiciones en que viven. Más bien todo lo contrario.

Según denuncia un informe de la organización Refugees International publicado hace solo unos días, los recortes en las ayudas económicas, unidos a las restricciones que las actuales autoridades egipcias imponen a las organizaciones no gubernamentales (tanto locales como internacionales), están provocando que los refugiados sirios tengan que luchar cada día por acceder a las necesidades más básicas, incluyendo comprar comida, pagar el alquiler de las casas donde viven o acceder a asistencia sanitaria.

El informe recuerda que, al principio, los refugiados sirios fueron recibidos en Egipto con los brazos abiertos: “Los lazos históricos entre ambos países habían creado un importante sentimiento de solidaridad. Las nuevas organizaciones asistenciales egipcias se esforzaron por ofrecer ayuda y, en general, había una gran preocupación por el bienestar de los recién llegados”. El informe cita a un egipcio de El Cairo que, con el recuerdo aún fresco de la reciente revolución en su país, indica, refiriéndose a los refugiados sirios, que “podríamos haber sido nosotros”.

Muchos sirios optaron por Egipto al considerar este país una opción más estable y segura que el Líbano (“demasiado parecido a Siria”), con un coste de la vida menos caro que Turquía y Jordania, y, a diferencia del norte de Irak, no “reservado” a los refugiados kurdos.

Pero, sobre todo, los sirios llegaron a Egipto atraídos por el hecho de que El Cairo no les exigía entonces un visado para poder entrar. El Gobierno islamista del ahora depuesto presidente Mohamed Mursi apoyaba expresamente a los rebeldes sirios (mayoritariamente suníes), y era considerado favorable a la llegada de estos refugiados. Según sus seguidores, por razones humanitarias; según sus detractores, para afianzar su poder gracias al apoyo que, en principio, obtendría de los sirios.

Todo cambió, sin embargo, en el verano de 2013. Tras las multitudinarias protestas contra el Gobierno de Mursi, los militares derrocaron al presidente en un golpe de Estado y lanzaron a continuación una brutal represión contra sus seguidores en general, y contra los Hermanos Musulmanes en particular. La nueva situación se tradujo en una creciente hostilidad hacia los ciudadanos sirios, vistos por una parte de la población egipcia como seguidores de los islamistas, e incluso como” agentes” al servicio de la Hermandad: “Los sirios –explica el informe– empezaron a ser demonizados en los medios de comunicación y algunos niños fueron incluso atacados cuando iban a la escuela. Las continuas noticias sobre detenciones y deportaciones les hacían sentirse cada vez más vulnerables”.

Refugiados sirios registrados en Egipto desde julio de 2012 hasta mayo de 2014. Gráfico: Syria Regional Refugee Response / UNHCR

Refugiados sirios registrados en Egipto desde julio de 2012 hasta mayo de 2014. Gráfico: Syria Regional Refugee Response / UNHCR

Las nuevas autoridades egipcias han hecho de los refugiados sirios un problema de seguridad nacional, y han comenzado a exigirles visados y antecedentes penales de todo tipo para poder entrar en el país. En la práctica, y según indica el informe, lo que han hecho es cerrar la puerta a la llegada de nuevos refugiados.

Y, entre tanto, el deterioro de la vida para los que ya están en Egipto ha hecho que cada vez sean más los que intentan abandonar el país, a menudo a bordo de precarias embarcaciones desde la costa mediterránea, en un intento desesperado por alcanzar Europa para reunirse allí con familiares o tratar de encontrar un trabajo.

Según indica el informe, “el hecho de que muchos de estos sirios hayan sido detenidos, o hayan muerto en el intento, no ha tenido mucha fuerza disuasoria. Los refugiados continúan sintiéndose inseguros, dudan de que sea posible regresar a Siria hasta que pasen varios años, y no ven un futuro ni digno ni productivo en Egipto”. Un funcionario de ACNUR citado en el informe señala que “solo el 50% de los refugiados que tratan de llegar a Europa lo consiguen, pero para los que siguen aquí, se trata de un porcentaje esperanzador”.

El problema, además, es que los que se echan al mar no son solo jóvenes con la suficiente energía como para emprender semejante viaje. En muchos casos se trata también de familias enteras con niños pequeños. “El horror de las historias vividas por los que les han precedido no parece afectarles”, indica el informe: “En Egipto, donde las condiciones políticas están en constante cambio, les resulta cada vez más difícil encontrar apoyo. Cruzar el Mediterráneo les sigue pareciendo la mejor opción”.

Egipto, concluye el informe, ha dejado de ser un lugar seguro de refugio, para convertirse en una estación de paso en el camino hacia Europa.

¿Y los que se quedan? Como para el resto de refugiados sirios en otros países, el paso del tiempo va haciendo el día a día más y más difícil. El poco dinero que trajeron consigo se va acabando, y encontrar un empleo, incluso en la economía sumergida, no es tarea fácil, especialmente en un país como Egipto, donde, aparte de ser necesario un permiso de trabajo si se es extranjero, la tasa de paro es enorme.

Otro desafío importante es, por último, la ayuda que está prestando la comunidad internacional, una ayuda que el informe califica de “decepcionante”: “En los cuatro meses que llevamos de año, la solicitud de ayuda realizada por la ONU para los refugiados sirios en Egipto apenas ha alcanzado el 9% del objetivo total. La consecuencia es que algunas organizaciones humanitarias se han visto obligadas a reducir sus programas de apoyo para poder centrarse en los casos más vulnerables, y que mucha gente que sigue necesitando ayuda no la está recibiendo”.


Más información y fuentes:
» Tough Times for Syrian Refugees in Egypt (Refugees International, pdf)
» Syrian refugees in Egypt swept up in turmoil (AP)
» “We cannot live here any more”: Refugees from Syria in Egypt (Amnistía Internacional)
» Egypt: Deplorable detention and deportation of refugees from Syria (Amnistía Internacional)
» Syria Regional Refugee Response: Egypt (UNHCR)
» Syrian Refuges: No work, no home (Daily News Egypt)
» Driven out of Egypt (Deutsche Welle / Qantara.de)
» Syrian refugees in Egypt: The long and hard road to safety (Al Ahram)
» Syrian refugees find hostility in Egypt (The Washington Post)

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