UNHCR

Refugiados sirios
Miles de refugiados sirios cruzan hacia Irak en Peshkhabour. Foto: G. Gubaeva / UNHCR

El foco de atención en Oriente Medio se ha desplazado en estas últimas semanas a Egipto, pero en Siria la guerra sigue sin dar tregua, como demuestra el número cada vez mayor de personas que tratan de huir desesperadamente del país. La última oleada se está produciendo en el extremo noreste, donde hace unos días se abrió una nueva vía de escape, esta vez hacia el Kurdistán iraquí. Según informa el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), desde el pasado jueves, más de 20.000 refugiados sirios han cruzado la frontera en esta zona a través de un puente recién construido junto a la localidad de Peshjabur.

La agencia de la ONU todavía no sabe con exactitud los factores concretos que han desencadenado este éxodo masivo, pero parece claro que los refugiados, muchos de los cuales llevaban semanas esperando en las inmediaciones, están aprovechando la apertura de un paso fronterizo que había estado prácticamente cerrado desde el pasado 19 de mayo. La mayoría de los nuevos desplazados son familias compuestas por mujeres, niños y personas mayores, prodecentes principalmente de las ciudades de Alepo, Efrin, Hasaka y Qamishli.

Según informa el corresponsal de la BBC en Beirut James Muir, tanto el ACNUR como el gobierno regional del Kurdistán iraquí están trabajando a marchas forzadas para poder dar respuesta a este flujo repentino de refugiados. Los planes incluyen la construcción de un campo de emergencia.

Muir explica asimismo que, pese a que la frontera con Turquía está mucho más cerca de las zonas de conflicto que esta región del norte iraquí, las autoridades turcas se han mostrado últimamente menos receptivas a la llegada de refugiados. Por contra, el gobierno kurdo iraquí parece haber optado por desempeñar un papel más activo con respecto a la crisis siria.

El número total de refugiados a causa de la guerra se acerca ya a los dos millones. De ellos, dos tercios han salido del país este año. Actualmente, y según los datos que maneja el ACNUR, hay más de 684.000 refugiados sirios en Líbano, 516.000 en Jordania, 434.000 en Turquía, 154.000 en Irak y 107.000 en Egipto.

Éxodo sirio hacia el Kurdistán iraquí

Refugiados sirios

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Después de dos semanas de intensos combates, y gracias en parte a la ayuda de los milicianos de Hizbulá, el ejército sirio logró al fin este miércoles tomar la estratégica ciudad de Qusair, un bastión rebelde desde hacía cerca de un año, situado junto a la frontera del Líbano y clave tanto para controlar el centro del país como en la ruta de suministro de armas a la oposición.

Las imágenes mostradas por la televisión siria muestran, junto a los tanques del régimen entrando en la ciudad, el tremendo alcance de la destrucción causada por los duros enfrentamientos de estos últimos días, con edificios reducidos a ruinas y calles destrozadas y desiertas. La Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas (ACNUR) describía este martes el lugar como «una ciudad fantasma». La población permanecía escondida o trataba de huir, en medio aún de los combates.

ACNUR señala que de las pocas entrevistas que ha podido realizar hasta ahora se desprende que se ha abierto una nueva ruta para los desplazados desde la región de Qusair hacia la localidad libanesa de Aarsal, a unos 100 kilómetros de distancia. Así, algunas de las personas que se han visto forzadas a huir se están dirigiendo al Líbano como refugiados, lo que no les será fácil, dado que la frontera está muy controlada por los milicianos de Hizbulá. Otros habrían optado por desplazarse hacia el interior de Siria.

Los refugiados que han llegado al Líbano han descrito a ACNUR las condiciones «extremadamente difíciles» de su viaje, que han realizado a pie. Al parecer, los combatientes habrían estado atacando a quienes trataban de huir: «Ninguna ruta para salir de Qusair se considera segura, y según diferentes informes coincidentes, habría entre 700 y 1.500 civiles heridos que permanecen atrapados en la ciudad», señala la agencia de la ONU.

La mayoría de las personas que han huido hasta ahora son mujeres y niños. Los desplazados que han hablado con ACNUR explican que no es seguro viajar con hombres, porque corren un riesgo mucho más elevado de ser arrestados o de que les asesinen en los puestos de control establecidos a lo largo del camino. Una mujer contó al personal de la ONU que la población de Qusair se enfrenta a una dura elección: «marcharte y arriesgarte a que te mate una bomba, o quedarte y enfrentarte a la certeza de que te van a matar».

Mientras, en Qusair, una ciudad de unos 20.000 habitantes, la población ha soportado los combates escondida en bunkers o en agujeros excavados a modo de refugios, sin apenas alimentos ni medicinas. Una mujer explicaba a ACNUR que «no pudimos salir del agujero durante una semana. Nos comimos la poca comida que pudimos traer con nosotros. Mis hijos lloraban constantemente». Todas las personas con las que pudo hablar ACNUR relataban el «enorme miedo» que sentían al acercarse a cualquier puesto de control.

El domingo, el Gobierno sirio dijo que no permitiría la llegada de ayuda humanitaria a la ciudad hasta que finalizasen los combates, en respuesta a una petición de la ONU en este sentido. Una fuente cercana al presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, líder del partido chií Amal, dijo a la web libanesa Now que «los rebeldes se retiraron de Qusair a cambio de levantar el asedio a la ciudad para la evacuación de civiles y heridos». Activistas sirios y médicos locales han hecho un llamamiento a las autoridades sirias para permitir la entrada a la Cruz Roja.

Uno de los pocos hombres que ha conseguido llegar al Líbano contó a ACNUR que huyó después de que su casa fuera bombardeada, y de que muriera su hijo, de veinte años de edad. No había podido llevar consigo ninguna pertenencia.


Más información y fuentes:
» Informe de ACNUR sobre los huidos de Qusair
» El ejército sirio recupera la localidad estratégica de Qusair (Reuters)
» El régimen sirio recupera el control de la estratégica ciudad de Al Qusair (Efe)
» The Fall of al-Qusayr: Capture of Strategic Syrian Town Marks a New Phase in the War (Time)
» Syrian town of Qusair falls to Hezbollah in breakthrough for Assad (The Guardian)
» Syrian Forces Claim Victory in Battle for Strategic Town (The New York Times)
» Rebel withdrawal from Al-Qusayr result of deal with Hezbollah (Now)
» Syria: a town falls, talks falter (The Guardian, editorial)
» Hizbulá ayuda a Asad a lograr su primera gran victoria con la toma de Quseir (El Mundo)

La ratonera de Qusair

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Los líderes mundiales de las principales agencias de la ONU grabaron hace unos días este vídeo con un llamamiento desesperado a detener la guerra en Siria. Sus palabras están dirigidas tanto a las partes implicadas en el conflicto como a la comunidad internacional y, en concreto, a cualquier gobierno que pueda tener alguna influencia en la crisis. Es un mensaje firme, contundente y emotivo. Lo más probable es que sirva de poco, o de nada, pero es moralmente necesario.

En el vídeo, Anthony Lake (UNICEF –infancia–), António Guterres (ACNUR –refugiados–), Valerie Amos (OCHA –asuntos humanitarios–), Ertharin Cousin (PMA –alimentos–) y Margaret Chan (OMS –salud–) hablan alto, claro y con una sola voz: «Basta, ya basta», repiten. Y una advertencia: si el número de niños y familias que necesitan ayuda humanitaria sigue creciendo cada semana al vertiginoso ritmo actual, las agencias de la ONU no podrán seguir garantizando el mantenimiento de sus operaciones con los fondos de que disponen.

Por primera vez, Naciones Unidas tendrá que plantearse el cierre de programas dentro de Siria, en áreas tan esenciales como la salud, la protección de la infancia o la educación. Y si eso ocurre, la situación, que ya es dramática, puede volverse un auténtico infierno. La interrupción de estos programas afectaría a decenas de miles de refugiados en Jordania, Irak, Líbano y Turquía, y también a programas de vacunación, al funcionamiento de centros de salud, a la escolarización… Según UNICEF, solo un 6% de los niños de Alepo están escolarizados ahora. Hace dos años eran el 85%.

La novedad del llamamiento es que no se centra en una petición de fondos a gran escala, por más que estos sea necesarios. Esta vez, los líderes de la ONU van directos a las causas de la tragedia, y no solo a sus consecuencias. Los fondos para hacer frente a los efectos del conflicto son importantes, pero lo esencial es parar la guerra, y hacerlo cuanto antes:

Tras más de dos años de conflicto y más de 70.000 muertes, incluidas las de miles de niños; a pesar de que más de 5 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, incluidos más de un millón de refugiados que viven en los países vecinos, sometidos a una intensa presión; a pesar de que tantas familias han sido separadas, y tantas comunidades, destruidas; a pesar de que escuelas y hospitales han sido destrozados, y los sistemas de agua desmantelados; a pesar de todo eso, parece que todavía no existe un sentimiento de urgencia lo bastante grande entre los gobiernos y las partes que podrían poner fin a la crueldad y a la carnicería en Siria.

Llamamiento desesperado de la ONU sobre Siria

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Iman, de 25 años, en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. Cuando huyó de Alepo lo único que llevó consigo fueron sus hijos, Ahmed y Aisha, y un Corán: "Mientras lo tenga junto a mí, me sentiré conectada con Dios". Foto: Brian Sokol / UNHCR
Iman, de 25 años, en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. Cuando huyó de Alepo lo único que llevó consigo fueron sus hijos, Ahmed y Aisha, y un Corán: «Mientras lo tenga junto a mí, me sentiré conectada con Dios». Foto: Brian Sokol / UNHCR

¿Qué única cosa llevarías contigo si tuvieras que abandonar de pronto tu hogar, tu país, sin saber cuándo o cómo podrás regresar? La pregunta, que para la mayoría de nosotros no es más que un modo de reflexionar sobre las cosas que realmente importan, sobre nuestros valores, refleja sin embargo la experiencia real de cientos de miles de personas que se ven empujadas al desarraigo absoluto como consecuencia de la guerra o la persecución.

El fotógrafo estadounidense Brian Sokol ha planteado la cuestión, primero a refugiados sudaneses, y después a refugiados sirios, como parte del proyecto The Most Important Thing (la cosa más importante), auspiciado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). El resultado es una serie de retratos conmovedores y llenos de fuerza, en los que los refugiados posan con la única cosa de la que jamás habrían podido desprenderse; unas imágenes austeras y desprovistas de color que, sin embargo, ayudan a hacer más próximo un drama humano que muchas veces queda solapado por las abrumadoras, y a la vez frías, estadísticas.

En la presentación del proyecto, ACNUR destaca las diferencias encontradas entre los refugiados sudaneses y los sirios: Los primeros, que huían de Sudán a Sudán del Sur, llevan sartenes y cacerolas, contenedores para el agua y otros objetos útiles de cara a un trayecto largo. Los sirios, sin embargo, parecen ocultar el verdadero objetivo de su viaje, «como si fueran de excursión, camino de la frontera». «Llevan pocas cosas, unas llaves, algunos papeles, teléfonos, pulseras, cosas que pueden ser guardadas en los bolsillos… Otros muestran símbolos de su fe religiosa o recuerdos de sus hogares y de tiempos más felices».

Las fotos de esta entrada son una selección de la segunda parte del proyecto, la centrada en los refugiados sirios. Todas las imágenes, incluyendo las de los refugiados sudaneses, así como las historias personales de sus protagonistas, pueden verse en la página de UNHCR (ACNUR, en inglés) en Flickr.

Waleed, de 37 años, es médico y trabaja en la clínica de Médicos Sin Fronteras del campo de refugiados de Domiz, en el Kurdistán iraquí. Salió de Siria tan solo 20 días después del nacimiento de su hijo. Su posesión más importante es la foto de su esposa. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Waleed, de 37 años, es médico y trabaja en la clínica de Médicos Sin Fronteras del campo de refugiados de Domiz, en el Kurdistán iraquí. Salió de Siria tan solo 20 días después del nacimiento de su hijo. Su posesión más importante es la foto de su esposa. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Tamara (20 años) trajo sus diplomas, y espera poder utilizarlos para continuar su educación en Turquía. Ahora está en el campo de refugiados de Adiyaman, en este país, a donde llegó después de que su casa en Idlib fuese destruida. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Tamara (20 años) trajo sus diplomas, y espera poder utilizarlos para continuar su educación en Turquía. Ahora está en el campo de refugiados de Adiyaman, en este país, a donde llegó después de que su casa en Idlib fuese destruida. Foto: Brian Sokol / UNHCR
May, una niña de ocho años que vive en el campo de refugiados de Domiz, echa de menos a su muñeca. Cuando su familia salió de Damasco no pudo llevársela. Su cosa más preciada ahora son estas pulseras. Foto: Brian Sokol / UNHCR
May, una niña de ocho años que vive en el campo de refugiados de Domiz, echa de menos a su muñeca. Cuando su familia salió de Damasco no pudo llevársela. Su cosa más preciada ahora son estas pulseras. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Omar, de 37 años, decidió escapar de Siria la noche en que mataron a sus vecinos. Su buzuq (un tipo de laúd) le trae recuerdos de su vida en Damasco: "Por un rato me alivia un poco las penas". Foto: Brian Sokol / UNHCR
Omar, de 37 años, decidió escapar de Siria la noche en que mataron a sus vecinos. Su buzuq (un tipo de laúd) le trae recuerdos de su vida en Damasco: «Por un rato me alivia un poco las penas». Foto: Brian Sokol / UNHCR
Sin la ayuda de su bastón, Ahmed no habría podido cruzar la frontera entre Siria e Irak, un trayecto a pie de dos horas. Dejó Damasco junto a su familia, y ahora vive en el campo de refugiados de Domiz. A uno de sus hijos, que se quedó en Siria, lo mataron el pasado mes de octubre. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Sin la ayuda de su bastón, Ahmed no habría podido cruzar la frontera entre Siria e Irak, un trayecto a pie de dos horas. Dejó Damasco junto a su familia, y ahora vive en el campo de refugiados de Domiz. A uno de sus hijos, que se quedó en Siria, lo mataron el pasado mes de octubre. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Yusuf, de Damasco, está ahora en el valle de la Bekaa, en el Líbano. Su objeto más preciado es su teléfono móvil. Con él llama a su padre y en él mira las fotos de sus seres queridos. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Yusuf, de Damasco, está ahora en el valle de la Bekaa, en el Líbano. Su objeto más preciado es su teléfono móvil. Con él llama a su padre y en él mira las fotos de sus seres queridos. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Leila
Leila tiene nueve años. Los pantalones vaqueros que enseña a la cámara los trajo desde Siria hasta Erbil, en el Kurdistán iraquí, donde vive como refugiada junto a su familia. «Un día fui a comprar con mis padres y estuve mirando durante horas sin encontrar lo que buscaba. Cuando al fin vi éstos supe que eran perfectos porque tienen el dibujo de una flor, y me encantan las flores». Solo se los ha puesto tres veces, para ir a dos bodas y para visitar a su abuelo. Leila asegura que no quiere volver a usarlos hasta que pueda ir a otra boda, y que espera que sea en Siria. Foto: Brian Sokol / UNHCR
Iman, de 25 años, en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. Cuando huyó de Alepo lo único que llevó consigo fueron sus hijos, Ahmed y Aisha, y un Corán: "Mientras lo tenga junto a mí, me sentiré conectada con Dios". Foto: Brian Sokol / UNHCR
Iman, de 25 años, en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. Cuando huyó de Alepo lo único que llevó consigo fueron sus hijos, Ahmed y Aisha, y un Corán: «Mientras lo tenga junto a mí, me sentiré conectada con Dios». Foto: Brian Sokol / UNHCR

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Lo más importante

Iman, de 25 años, en el campo de refugiados de Nizip, en Turquía. Cuando huyó de Alepo lo único que llevó consigo fueron sus hijos, Ahmed y Aisha, y un Corán: "Mientras lo tenga junto a mí, me sentiré conectada con Dios". Foto: Brian Sokol / UNHCR

¿Qué única cosa llevarías contigo si tuvieras que abandonar de pronto tu hogar, tu país, sin saber cuándo o cómo podrás regresar? La pregunta, que para la mayoría de nosotros no es más que un modo de reflexionar sobre las… Leer

Refugiados sirios en una ciudad jordana. Imagen: UNHCR

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ya ha registrado o está en proceso de registrar a casi un millón de refugiados sirios (940.000) en los países vecinos o del norte de África, según informó esta semana el máximo responsable de la agencia, quien insistió en que el conflicto puede extenderse al resto de la región y convertirse en «un desastre que sobrepasaría la capacidad de respuesta de la comunidad internacional». Solo en Jordania hay ya cerca de 414.000 desplazados, 54.000 de los cuales entraron en el país en el mes de febrero. Muchos (cada vez más) han sido acogidos en el campo de Za’atari, un enorme mar de tiendas situado cerca de la frontera con Siria. Allí se encuentran ya, en condiciones de una gran dureza, más de 103.200 personas. Pero la mayoría de los refugiados sirios en Jordania viven fuera de los campos, en centros urbanos. Y su situación tampoco es fácil.

El Gobierno jordano calcula que más de 250.000 refugiados sirios viven actualmente en distintas ciudades del país, sobre todo en el norte y en torno a la capital, Ammán. No hay cifras exactas, porque no todos están registrados, pero algunas estimaciones señalan que por cada refugiado viviendo en el campo de Za’atari hay tres viviendo en ciudades.

Muchos de estos refugiados urbanos carecen de trabajo o cobran sueldos miserables, ya que resulta prácticamente imposible encontrar un empleo legal, o decente, sin los necesarios permisos laborales, y en un país donde el paro alcanza al 30% de la población. La mayoría no dispone, por tanto, de recursos con los que ganarse la vida, y es habitual que familias enteras tengan que hacinarse en minúsculas viviendas sin las comodidades mínimas, o que los menores estén sin escolarizar. A su ya de por sí difícil condición de desplazados se suman los problemas de habitar en entornos urbanos donde es necesario pagar por la comida, por el alquiler, por la ropa, por el combustible para calentarse… Y las ayudas que, después de hacer interminables colas, reciben del Gobierno o de las instituciones internacionales son esenciales pero, a menudo, insuficientes. Eso, si es que las consiguen, ya que un gran número de estos refugiados carece de los documentos identificativos necesarios.

Algunos datos e historias personales los ha recogido el ACNUR en el siguiente vídeo. En él, uno de los desplazados entrevistados, Hassan Madi, asegura que incluso la precaria habitación en la que vive con su familia es mejor que el campo de refugiados. Otra entrevistada, Jolud Jumaa Al Hassan, resume el sentir de muchas de estas víctimas de la guerra: «Hemos dejado nuestras casas y nuestra tierra, así que la vida es difícil, pero la verdad es que no estaríamos bien ni aunque viviésemos en un palacio, porque estamos en el exilio».

La difícil situación de los refugiados urbanos en Jordania la contó también hace un par de meses el corresponsal del Christian Science Monitor Nicholas Seeley, en un recomendable reportaje. El artículo comienza con el testimonio de una mujer que escapó del campo de Za’atari (para salir legalmente, a menos que sea de vuelta a Siria, hay que conseguir el patrocinio de un ciudadano jordano) y vive ahora en una zona marginal de una ciudad. Su visión está lejos del optimismo de Hassan:

Sentada con las piernas cruzadas en el suelo de su helada vivienda sin amueblar, una viuda siria explica cómo se escabulló del campo de refugiados de Za’atari. Tuvo que pagar 50.000 libras sirias, unos 700 dólares, a alguien del exterior para que la ayudara a burlar la seguridad del campo. Le permitieron pagar la mitad por adelantado, y un familiar que tiene en Jordania le prestó el dinero. Después encontró un apartamento en un barrio pobre de una ciudad: dos habitaciones oscuras de cemento desnudo, llenas de humedad. Asegura que sobrevive, principalmente, gracias a sus vecinos, también refugiados sirios. Uno de ellos encontró un televisor en la basura y se lo dio. La mujer se sienta en una esquina y sintoniza un canal de la oposición siria que emite horribles imágenes de su país, de la guerra contra el régimen de Bashar al Asad. Un jeque pasó por el barrio haciendo donaciones caritativas a los refugiados, y con el dinero pagó sus deuda. Cuando se le pregunta si está contenta de haberse ido de Za’atari, la mujer señala a su alrededor : «¿Vivir así? No vale la pena. Mejor volver donde Bashar y morir como una mártir. Mucho mejor eso que morir en esta situación».


Más información y fuentes:
» El Alto Comisionado alerta del riesgo de que la crisis en Siria se vuelva incontrolable (ACNUR)
» ACNUR ya ha registrado casi un millón de refugiados sirios en los países vecinos y el norte de África (Europa Press)
» Los refugiados sirios en Jordania superarán en marzo los 400.000 (Efe)
» Syrian refugees decamp for tough life in Jordan’s cities (Christian Science Monitor)
» Za’atari, la miserable ‘capital’ del exilio sirio en Jordania (Cuarto Poder)

Refugiados urbanos

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ya ha registrado o está en proceso de registrar a casi un millón de refugiados sirios (940.000) en los países vecinos o del norte de África, según informó esta semana… Leer

Niños sirios en el campo de refugiados de Al Zaatri, Jordania, en agosto de 2013. Foto: Foreign and Commonwealth Office / Flickr 1

«A lo largo de la última semana han empezado a llegar cada vez más niños solos. Nos cuentan que sus padres han muerto, o que se han quedado en Siria para cuidar de familiares, o que están trabajando en otros países. Algunos niños que no tenían pasaportes dicen que les han enviado por delante, y que sus padres llegarán más tarde».

Es parte de un comunicado hecho público este martes por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) sobre el dramático aumento del número de refugiados sirios que, huyendo de la guerra, están llegando a los campamentos de Jordania, un número que se ha multiplicado por dos en la última semana. Según los datos proporcionados por la agencia de la ONU, entre el 21 y el 27 de agosto cruzaron la frontera sirio-jordana unas 10.200 personas, mientras que la semana anterior el número había sido de 4.500. Solo en la jornada de este lunes, más de 2.500 refugiados sirios abandonaron su país y entraron en Jordania. «Los refugiados afirman que miles más están esperando para cruzar la frontera, y aseguran que habían sido bombardeados por aviones», señaló la portavoz de ACNUR, Melissa Fleming.

Las cifras están aumentando de forma especial no solo en Jordania, sino también en Turquía, donde la agencia prevé la presencia de hasta 200.000 sirios si continúa el ritmo actual. El número de refugiados sirios registrados en los cuatro países vecinos de Siria -Turquía, Irak, Jordania y Líbano- ha aumentado a 214.120, muy por encima de las previsiones.

Con respecto a los niños, ACNUR no pudo concretar el número exacto de menores que llegan solos, pero, según Unicef, la cifra se situaría «en torno a unos cuantos cientos, sin llegar a miles». No obstante, ambas agencias aseguran que esperan un aumento considerable en el número de estos menores. De momento, Unicef ha establecido espacios especiales para niños en los campos de refugiados, en los que se les proporciona asistencia psicológica y actividades lúdicas. También trabaja para establecer un programa regular de vacunación.

En el campo jordano de Al Zaatri, por ejemplo, la mitad de los refugiados acogidos son niños.

Unicef ha lanzado un llamamiento para captar 54 millones de dólares con el objetivo de cubrir las necesidades de emergencia de los refugiados en Al Zaatri (transcrito también como Zaatari) y las comunidades aledañas. Las condiciones en el campo de Al Zaatri, situado en una zona desértica, son muy duras, debido a las altas temperaturas y las frecuentes tormentas de arena.

Gráfico: The Strategic Research and Communication Centre. Ampliar

La responsable de Unicef en Jordania, Dominique Hyde, insiste en que es urgente recibir ayuda, porque en Al Zaatri los espacios habilitados para niños tienen capacidad para unos 2.500 y en solo unos meses se espera que alrededor de 35.000 niños estén en el campo.

Desplazados y refugiados por la guerra en Siria, en junio de 2012. Mapa: US Department of State / Wikimedia Commons. Ampliar

(1) Imagen añadida posteriormente a la publicación original de la entrada.

Los niños del éxodo sirio

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