Refugiados urbanos

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Refugiados sirios en una ciudad jornada. Imagen: UNHCR

Refugiados sirios en una ciudad jornada. Imagen: UNHCR

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ya ha registrado o está en proceso de registrar a casi un millón de refugiados sirios (940.000) en los países vecinos o del norte de África, según informó esta semana el máximo responsable de la agencia, quien insistió en que el conflicto puede extenderse al resto de la región y convertirse en “un desastre que sobrepasaría la capacidad de respuesta de la comunidad internacional”. Solo en Jordania hay ya cerca de 414.000 desplazados, 54.000 de los cuales entraron en el país en el mes de febrero. Muchos (cada vez más) han sido acogidos en el campo de Za’atari, un enorme mar de tiendas situado cerca de la frontera con Siria. Allí se encuentran ya, en condiciones de una gran dureza, más de 103.200 personas. Pero la mayoría de los refugiados sirios en Jordania viven fuera de los campos, en centros urbanos. Y su situación tampoco es fácil.

El Gobiero jordano calcula que más de 250.000 refugiados sirios viven actualmente en distintas ciudades del país, sobre todo en el norte y en torno a la capital, Ammán. No hay cifras exactas, porque no todos están registrados, pero algunas estimaciones señalan que por cada refugiado viviendo en el campo de Za’atari hay tres viviendo en ciudades.

Muchos de estos refugiados urbanos carecen de trabajo o cobran sueldos miserables, ya que resulta prácticamente imposible encontrar un empleo legal, o decente, sin los necesarios permisos laborales, y en un país donde el paro alcanza al 30% de la población. La mayoría no dispone, por tanto, de recursos con los que ganarse la vida, y es habitual que familias enteras tengan que hacinarse en minúsculas viviendas sin las comodidades mínimas, o que los menores estén sin escolarizar. A su ya de por sí difícil condición de desplazados se suman los problemas de habitar en entornos urbanos donde es necesario pagar por la comida, por el alquiler, por la ropa, por el combustible para calentarse… Y las ayudas que, después de hacer interminables colas, reciben del Gobierno o de las instituciones internacionales son esenciales pero, a menudo, insuficientes. Eso, si es que las consiguen, ya que un gran número de estos refugiados carece de los documentos identificativos necesarios.

Algunos datos e historias personales los ha recogido el ACNUR en el siguiente vídeo. En él, uno de los desplazados entrevistados, Hassan Madi, asegura que incluso la precaria habitación en la que vive con su familia es mejor que el campo de refugiados. Otra entrevistada, Jolud Jumaa Al Hassan, resume el sentir de muchas de estas víctimas de la guerra: “Hemos dejado nuestras casas y nuestra tierra, así que la vida es difícil, pero la verdad es que no estaríamos bien ni aunque viviésemos en un palacio, porque estamos en el exilio”.

La difícil situación de los refugiados urbanos en Jordania la contó también hace un par de meses el corresponsal del Christian Science Monitor Nicholas Seeley, en un recomendable reportaje. El artículo comienza con el testimonio de una mujer que escapó del campo de Za’atari (para salir legalmente, a menos que sea de vuelta a Siria, hay que conseguir el patrocinio de un ciudadano jordano) y vive ahora en una zona marginal de una ciudad. Su visión está lejos del optimismo de Hassan:

Sentada con las piernas cruzadas en el suelo de su helada vivienda sin amueblar, una viuda siria explica cómo se escabulló del campo de refugiados de Za’atari. Tuvo que pagar 50.000 libras sirias, unos 700 dólares, a alguien del exterior para que la ayudara a burlar la seguridad del campo. Le permitieron pagar la mitad por adelantado, y un familiar que tiene en Jordania le prestó el dinero. Después encontró un apartamento en un barrio pobre de una ciudad: dos habitaciones oscuras de cemento desnudo, llenas de humedad. Asegura que sobrevive, principalmente, gracias a sus vecinos, también refugiados sirios. Uno de ellos encontró un televisor en la basura y se lo dio. La mujer se sienta en una esquina y sintoniza un canal de la oposición siria que emite horribles imágenes de su país, de la guerra contra el régimen de Bashar al Asad. Un jeque pasó por el barrio haciendo donaciones caritativas a los refugiados, y con el dinero pagó sus deuda. Cuando se le pregunta si está contenta de haberse ido de Za’atari, la mujer señala a su alrededor : “¿Vivir así? No vale la pena. Mejor volver donde Bashar y morir como una mártir. Mucho mejor eso que morir en esta situación”.


Más información y fuentes:
» El Alto Comisionado alerta del riesgo de que la crisis en Siria se vuelva incontrolable (ACNUR)
» ACNUR ya ha registrado casi un millón de refugiados sirios en los países vecinos y el norte de África (Europa Press)
» Los refugiados sirios en Jordania superarán en marzo los 400.000 (Efe)
» Syrian refugees decamp for tough life in Jordan’s cities (Christian Science Monitor)
» Za’atari, la miserable ‘capital’ del exilio sirio en Jordania (Cuarto Poder)

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