Marcados aún por la pena de muerte

pena de muerte 2009
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En 2009 hubo al menos 629 ejecuciones en siete países de Oriente Medio. Con motivo del Dí­a Mundial contra la Pena de Muerte, Leila Nachawati hace en Periodismo Humano un minucioso repaso al problema:

El domingo 10 de octubre se celebró el Dí­a Mundial contra la Pena de Muerte. La lucha por la abolición de la pena capital se enmarca en la defensa de los derechos humanos y ha avanzado hasta lograr que se suspenda en dos terceras partes del mundo. En el contexto árabe-islámico, donde las polí­ticas de represión de las libertades se mantienen, esta pena sigue formando parte de la legislación de la mayorí­a de paí­ses.

En 2009 fueron ejecutadas en todo el mundo 714 personas, una cifra que no incluye las miles de ejecuciones que pueden haberse producido en China, que no facilita datos sobre su aplicación de la pena de muerte. Las ejecuciones se dan principalmente en paí­ses con gobiernos autoritarios, pero no son los únicos. En Estados Unidos fueron ejecutadas 52 personas en 2009, y se firmaron 106 sentencias de muerte. Según Amnistí­a Internacional, estos son los paí­ses con el mayor número de ejecuciones.

En el mundo árabe la situación ha mejorado en cuanto al número de paí­ses que la aplican, pero el total de ejecuciones ha aumentado respecto a 2008 y es significativo que de los diez paí­ses de la lista seis pertenezcan a la zona de Oriente Medio y Norte de África. Estos son algunos de los datos extraí­dos de los informes de Amnistí­a Internacional, Human Rights Watch. y de Luchando contra la Pena de Muerte en el Mundo Árabe [pdf], publicado por la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte.

  • En 2009 hubo al menos 624 ejecuciones en siete paí­ses de la región: Egipto (5) , Irán (388), Irak (120), Libia (4), Arabia Saudí­ (69), Siria (8) y Yemen (30).
  • En 2008 hubo al menos 508 ejecuciones en nueve paí­ses de la región: Irán (346), Arabia Saudí­ (102), Irak (34), Yemen (13), Libia (8), Egipto (2), Bahrein (1), Siria (1) y Emiratos Árabes Unidos (1).
  • De todos los paí­ses árabes, sólo Djibuti ha abolido la pena capital.
  • Lí­bano reintrodujo las ejecuciones en 2004 y Bahrain en 2006, después de 10 años de suspensión, en una tendencia que se enmarca en el recrudecimiento del autoritarismo en los paí­ses del Golfo.
  • Los paí­ses donde pueden verse ciertos progresos son Argelia, Marruecos, Túnez, las Islas Comores y Mauritania, que respetan desde hace más de 12 años una moratoria en las ejecuciones. Jordania respeta la moratoria desde 2006.
  • Cobran fuerza movimientos que reclaman un cambio legislativo en paí­ses donde no se aplica la pena desde hace años. En Mauritania (en árabe) se ha formado una coalición nacional contra la pena de muerte que promueve que se elimine esta práctica de la legislación, a pesar de que no se aplica desde hace 20 años
  • La pena a menores, una institucionalización de la muerte todaví­a más grave, ha descendido en los últimos años, pero se sigue practicando. Concretamente en tres paí­ses en 2009: Irán, Arabia Saudí­ y Sudán. La pena de muerte a menores es una violación flagrante de la legalidad internacional, que la prohibe sin excepciones, y de la Convención de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas.

Taghreed Jaber, el Director del PRI (Penal Reform International), organización que promueve la reforma penal mundial, decí­a en una Conferencia organizada recientemente contra la pena capital en Egipto: “Debemos preguntarnos por qué, a pesar del desarrollo en la región, no hay progresos respecto a 2008”,

El Informe de la Coalición Mundial contra la Pena de Muerte responde a esta pregunta basándose en criterios polí­ticos, religiosos y sociales. El hecho de que no exista un derecho penal islámico homogéneo facilita la instrumentalización de la religión para fines polí­ticos. La tradición islámica se basa en distintas fuentes, que sumadas a las Fatwas, nuevas leyes dictadas por las autoridades religiosas, dejan un gran margen a la interpretación y arbitrariedad de los poderes dominantes.

Brian Whitaker, periodista de The Guardian, tiene una perspectiva más optimista respecto a la pena de muerte en la región: En su último artí­culo, Death Penalty is not the norm in the Middle East, apunta a un descenso en la aplicación de la pena capital “a pesar de lo grotescto de las ejecuciones en Arabia Saudí­ o Irán”.

Whitaker se basa en la diferencia entre 2008 y 2009 y ofrece algunos datos que contradicen los informes de Amnistí­a Internacional, como la ausencia de ejecuciones en Siria. Habrá que esperar para ver si la tendencia es el aumento o el descenso en un contexto en el que no parece que los derechos humanos sean una prioridad para los gobiernos autoritarios de la región ni un criterio para sus aliados occidentales en lo que a las relaciones polí­ticas y económicas con estos paí­ses se refiere.

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