12/2/2011

Occidente pierde a su tirano favorito

Hosni Mubarak, durante una visita al Pentágono, en Washington, en marzo de 2000. Foto: R. D. Ward / Dept. de Defensa de EE UU

Florian Gathmann, Ulrike Putz y Severin Weiland, en Der Spiegel (11/2/2011):

Al final, el rechazo de los manifestantes democráticos a rendirse selló su destino. En las calles de Egipto, el pueblo insistí­a en que Mubarak se fuera. Occidente, sin embargo, se mantuvo al lado del lí­der hasta el final, a pesar de que el déspota habí­a convertido a su paí­s en un Estado policial y habí­a saqueado su economí­a.

Eran exactamente las seis de la tarde en El Cairo cuando la decisión se hizo pública. En una breve declaración, el vicepresidente egipcio, Omar Suleiman, anunciaba que el presidente Hosni Mubarak abandonaba su cargo, debido a la «difí­cil situación» del paí­s. El poder, añadió Suleiman, serí­a transferido inicialmente al Ejército.

La renuncia supone un triunfo para la oposición. Semanas de protestas cada vez mayores habí­an ido incrementando la presión sobre Mubarak. El presidente se dirigió a la nación en tres ocasiones, y en las tres dijo que no iba a dimitir. […]

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