Otro periodista asesinado, y el mundo, un poco más oscuro

Foley dest
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James Foley, en Siria. Foto: freejamesfoley.org

El periodista James Foley, en Siria, en 2012. Foto: freejamesfoley.org

El periodista estadounidense James Foley, que permanecía secuestrado en Siria desde noviembre de 2012, ha sido asesinado (decapitado) por terroristas del grupo fanático yihadista Estado Islámico. Los asesinos colgaron en Internet un espantoso vídeo mostrando la decapitación.

Durante unas horas existió la esperanza de que el vídeo fuese falso, pero un conmovedor comunicado hecho público por la madre del periodista, Diane Foley, confirmó, finalmente, la noticia:

Nos sentimos más orgullosos que nunca de nuestro hijo Jim. Ha dado su vida intentando exponer ante el mundo el sufrimiento del pueblo sirio.

Imploramos a los secuestradores que dejen con vida a los demás rehenes. Son, igual que Jim, inocentes. No tienen ningún control sobre la política estadounidense en Irak, en Siria, o en cualquier otra parte del mundo.

Agredecemos a Jim todas las alegrías que nos ha dado. Era un extraordinario hijo, hermano, periodista y ser humano. Por favor, respeten nuestra privacidad durante estos días, mientras lloramos y celebramos a Jim.

En el vídeo publicado por los terroristas, Foley, que tenía 40 años de edad, se despide de su familia y recita un mensaje en el que acusa al Gobierno de Estados Unidos de ser “el culpable” de su ejecución por su reciente intervención en Irak, antes de ser degollado ante la cámara por un encapuchado que habla en inglés con acento británico.

La grabación comienza con el discurso de Barack Obama del pasado 7 de agosto, en el que el presidente de EE UU anunció el comienzo de los bombardeos contra el grupo Estado Islámico en el norte de Irak, para frenar el avance de los yihadistas hacia el Kurdistán y permitir la asistencia humanitaria a miles de desplazados.

Posteriormente aparece Foley pidiendo a su familia y amigos que “se levanten” contra las autoridades estadounidenses: “Desearía tener más tiempo, desearía ver a mi familia de nuevo, pero ese barco ya ha zarpado. A fin de cuentas, supongo que desearía no ser estadounidense”, dice Foley, sereno, y vestido con un mono naranja en una localización desértica no especificada.

Tras la decapitación, el vídeo termina con el encapuchado amenazando de muerte a otro periodista estadounidense secuestrado, Steven Joel Sotloff, cuya vida “depende de la próxima decisión de Obama”.

Los familiares de Foley aseguraron en un comunicado en enero de 2013 que un grupo desconocido de hombres armados lo había secuestrado en una zona del noroeste de Siria, el pasado 22 de noviembre. Foley, quien en ese momento trabajaba para la web estadounidense GlobalPost y para la agencia France Press, había sido retenido anteriormente por el Ejército de Libia en 2011, mientras cubría el conflicto en el país tras la caída del régimen de Muamar al Gadafi.

Sandra Mims Rowe, directora del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), ha hecho pública una nota en la que afirma que “el bárbaro asesinato del periodista James Foley, secuestrado en Siria durante cerca de dos años, enferma a cualquier persona decente. Foley fue hasta Siria para mostrar la difícil situación del pueblo sirio, para ser testigo de su lucha y, al hacerlo, para luchar también por la libertad de prensa. Nuestro corazón está ahora con su familia, que ha hecho todo lo posible por encontrar y liberar a Jim”.

Siria lleva ya dos años siendo el lugar más peligroso del mundo para los periodistas. Según datos del propio CPJ, al menos 69 profesionales de la información han muerto allí ejerciendo su trabajo, incluyendo a los que perdieron la vida en las zonas fronterizas con Líbano y Turquía. Más de 80 periodistas han sido secuestrados en este país, aunque es difícil conocer el número exacto, ya que en muchos casos no se da publicidad a los secuestros.

El CPJ calcula que alrededor de 20 periodistas, tanto sirios como extranjeros, permanecen desaparecidos actualmente en Siria. Muchos de ellos están en manos del grupo Estado Islámico.

James Foley, en Alepo, Siria. Foto: Nicole Tung / AFP

James Foley, en Alepo, Siria. Foto: Nicole Tung / AFP

En ocasiones se ha criticado la importancia que dan los medios de comunicación a las muertes de periodistas, en contraste con las de otras personas (voluntarios de organizaciones humanitarias, médicos y personal sanitario, profesionales de todo tipo, simples civiles) que son también víctimas de las guerras o del terrorismo fundamentalista, y cuya identidad queda, al final, diluida en frías cifras.

Todas las muertes causadas por la violencia son igual de horribles. Pero, al margen de que es humano sentir especialmente la pérdida de un compañero, el asesinato de un periodista significa algo más que el final de una vida; significa, como dice Paul Conroy en el tuit que encabeza esta entrada, que el mundo es un poco más oscuro.


Más información y fuentes:
» On James Foley (Max Fisher, en Vox)
» EE UU investiga la posible muerte de un reportero a manos del Estado Islámico (El País)
» Los terroristas del IS decapitan a James Foley, periodista de EE UU secuestrado en Siria en 2012 (Agencias, 20minutos.es)
» Militant Group Says It Killed American Journalist in Syria (The New York Times)
» Mother mourns U.S. journalist purportedly beheaded by Sunni militants (Reuters)
» CPJ condemns killing of American journalist James Foley (CPJ)
» Foley video, photos being scrubbed from Twitter (The Washington Post)

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