La decisión de la ONU sobre Palestina, en 7 claves

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El embajador palestino ante la ONU, Riyad Mansour (centro), con un asiento simbólico de Palestina, antes de una reunión con el presidente de la Asamblea General, Nassir Abdulaziz Al-Nasser, en septiembre de 2011. Foto: Stan Honda / AFP

El embajador palestino ante la ONU, Riyad Mansour, con un asiento simbólico de Palestina, antes de una reunión con el presidente de la Asamblea General, en septiembre de 2011. Foto: Stan Honda / AFP

La Asamblea General de la ONU tiene previsto votar este jueves la resolución que pide el reconocimiento de Palestina como Estado observador no miembro de Naciones Unidas, un estatus que actualmente solo tiene el Vaticano. La solicitud fue realizada por las autoridades palestinas ante el parón de las negociaciones de paz con Israel (las últimas conversaciones directas tuvieron lugar en 2010), y tras el fracaso de su anterior intento de convertirse en Estado de pleno derecho en la ONU.

Aquella iniciativa, llevada a cabo hace aproximadamente un año, no logró la necesaria aprobación del Consejo de Seguridad, al ser rechazada por al menos 9 de los 15 miembros de este organismo, después de que Estados Unidos, uno de los cinco países con derecho a veto, anunciase su oposición.

En la Asamblea General, sin embargo, no hay vetos, y todo hace pensar que los palestinos lograrán el reconocimiento de una amplia mayoría. Si, como es previsible, la resolución es aprobada, Palestina dejará de ser una “entidad” y se convertirá en un “Estado”.

En principio, los palestinos tienen asegurados los votos de la mayor parte de los países de África, Asia y Latinoamérica. Se espera que China, Rusia y, por supuesto, los países árabes, voten a favor. En total, al menos 130. La Unión Europea llega, una vez más, dividida, sin un voto común. España y Francia han anunciado que votarán ‘sí’. El Reino Unido y Alemania se abstendrán. En el otro bando, con casi total seguridad, Estados Unidos volverá a hacer frente común con Israel y votará en contra, al igual que Canadá. Washington no se opone a la creación de un Estado palestino, pero argumenta que solo podrá conseguirse mediante negociaciones directas. “El camino hacia una solución de dos Estados que contemple las aspiraciones del pueblo palestino pasa por Jerusalén y Ramala, no por Nueva York”, dijo este miércoles la secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton.

1. 65 años después. La fecha de la votación tiene una gran carga simbólica. Este jueves se cumplen 65 años justos de la aprobación de la famosa resolucion 181, en la que la ONU se pronunció a favor de poner fin al mandato británico y decidió la partición de Palestina en un Estado judío y otro Estado árabe. En aquella ocasión los países árabes se negaron a aceptar lo acordado por Naciones Unidas y optaron por la guerra, algo que, como ha reconocido hace no mucho el propio presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, fue “un gran error”. El fallecido líder palestino Yasir Arafat ya declaró unilateralmente el Estado palestino en 1988. Entonces fue reconocido por cerca de 100 países, la mayoría pertenecientes al mundo árabe, al bloque comunista o al movimiento de los países no alineados (muchos de ellos, latinoamericanos).

2. Estado de segunda, pero Estado al fin y al cabo. El voto de la Asamblea General no convertirá a Palestina en Estado de pleno derecho de la ONU, pero sí supondrá para la comunidad internacional un reconocimiento amplio de que el Estado palestino existe. La resolución define los límites del territorio palestino en las fronteras anteriores al alto el fuego de junio de 1967. También incluye un punto en el que se expresa “la esperanza de que el Consejo de Seguridad considere favorablemente la solicitud de admisión del Estado de Palestina como Miembro de las Naciones Unidas”. Actualmente, la Autoridad Palestina tiene el estatus de “observador permanente”.

3. Una puerta entreabierta a la justicia internacional. El reconocimiento palestino, no obstante, puede tener cierta relevancia, más allá de la obtención de un mayor respaldo por parte de la comunidad internacional, o del simbolismo que conllevaría como victoria moral. De ser aprobada la resolución, los palestinos podrán participar en los debates de la Asamblea General y, lo que es más importante, tendrán más posibilidades (aunque no total garantía) de formar parte de determinadas agencias de la ONU. Entre ellas, significativamente, el Tribunal Penal Internacional o el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. Ello les permitiría, en principio, emprender acciones legales contra la ocupación israelí (de ahí, entre otros motivos, la oposición de Israel), aunque solo por hechos ocurridos a partir de ahora. En cualquier caso, también les obligaría a rendir cuentas sobre la situación de los derechos humanos en Palestina, y a comprometerse a hacer lo posible por evitar que se originen en su territorio aciones terroristas o de agresión, como los cohetes lanzados contra ciudades israelíes. Varios países europeos, así como Estados Unidos, han presionado a Abás para que renuncie expresamente a denunciar a Israel ante los tribunales internacionales, pero el dirigente palestino se ha negado.

4. Los colonos, en primer plano. La inclusión de Palestina en el Tribunal Penal Internacional podría tener también un efecto directo sobre los colonos israelíes establecidos en los territorios ocupados, así como sobre los teóricos responsables políticos de estos asentamientos, ya que la Corte establece claramente que la transferencia (directa o indirecta) de población desde un país ocupante a uno ocupado constituye un crimen de guerra. El tema de los colonos es fundamental, ya que es la base del rechazo del primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, a trabajar sobre las fronteras de 1967, unas fronteras que, teniendo en cuenta que actualmente hay aproximadamente medio millón de judíos israelíes viviendo en más de 200 asentamientos de Cisjordania (Jerusalén Oriental incluida), Netanyahu considera “inviables” y “no realistas”. Los asentamientos son ilegales, de acuerdo con la legislación internacional.

5. El cadáver de las negociaciones. En teoría, la resolución debería tener, de ser aprobada, el efecto de resucitar las conversaciones de paz. Así, en el borrador de la misma se expresa “la urgente necesidad de que se reanuden y aceleren las negociaciones en el proceso de paz en el Oriente Medio, basándose en las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, los principios de referencia de la Conferencia de Madrid, incluido el principio de territorio por paz, la Iniciativa de Paz Árabe y la hoja de ruta del Cuarteto para una solución permanente biestatal del conflicto israelo-palestino, a fin de lograr un acuerdo de paz general, justo y duradero entre las partes palestina e israelí que resuelva todas las cuestiones fundamentales pendientes, a saber, los refugiados de Palestina, Jerusalén, los asentamientos, las fronteras, la seguridad y el agua”. No es probable que esto ocurra, pero al menos la necesidad de retomar las negociaciones volvería a estar sobre la mesa. Con respecto a los Acuerdos de Oslo, la iniciativa palestina de solicitar su reconocimiento como Estado es una medida unilateral, algo que va en contra de lo estipulado en los propios Acuerdos, por lo que Israel podría declararlos no válidos. De hecho, el Gobierno de Netanyahu ha dicho que así lo hará, pero lo cierto es que los términos de los Acuerdos se han violado ya muchas veces, y ninguna de las dos partes los ha revocado hasta ahora.

6. La amenaza financiera. El paso dado por la Autoridad Palestina conlleva un importante riesgo financiero. La economía palestina depende por completo de la ayuda exterior. Si, al igual que ha sugerido EE UU, la UE acabase tomando represalias contra la ANP por esta iniciativa unilateral, y dejase de transferir dinero al Gobierno de Ramala, Palestina se quedaría sin el 50% de los fondos que le aporta la comunidad internacional. Al ‘castigo’ anunciado por EE UU se suma el del propio Israel, que ha amenazado con suspender la entrega de los impuestos que recauda en nombre de la ANP. El rescate tendría que venir desde los países árabes. Catar, de momento, ya ha prometido apoyo.

7. Salvavidas para Abás. Lo que sí es bastante seguro es que la aprobación de la resolución por parte de la Asamblea General será un balón de oxígeno para Mahmud Abás, quien necesita una remontada política por muchas razones: Su papel de cero a la izquierda durante la reciente crisis de Gaza, el robustecimiento de los radicales de Hamás (los líderes palestinos ya se han encargado de advertir a Europa y EE UU que un rechazo de la ONU fortalecerá a la organización islamista), las grandes dificultades que, pese a sus posiciones moderadas, tiene para ser aceptado como interlocutor por el Gobierno de Netanyahu, y, no menos importante, los efectos de la crisis económica en los territorios, que hace apenas unos meses hizo que miles de palestinos protestaran en la calle contra su gobierno.


Más información y análisis:
» Preguntas y respuestas sobre la solicitud palestina a la ONU (BBC)
» Preguntas y respuestas sobre los efectos de posibles denuncias a Israel ante la Corte Internacional (Association for Civil Rights in Israel)
» Palestina será un ‘estado observador’ y casi todo seguirá igual (Obamaworld)
» Palestina en la ONU: la hora de la política (Montserrat Radigales, en El Periódico)
» Palestina busca el reconocimiento global (El País)
» Quién apoya la solicitud palestina (Christian Science Monitor)
¿Qué haran los palestinos tras el voto de la ONU? (The Washington Post)
Contexto:
» Texto de la resolución que será sometida a votación en la Asamblea General
» Las Naciones Unidas y la cuestión de Palestina
» Resoluciones de la ONU sobre el conflicto palestino israelí

2 comentarios en “La decisión de la ONU sobre Palestina, en 7 claves

  1. Echo de menos el punto de vista de USA y de otros países que se oponen. Creo que es importante decir que no se oponen a que los palestinos tengan un Estado, sino a la oportunidad y eficacia de esta declaración. ¿No es cierto que después de la votación los palestinos serán un Estado, pero seguirán sin tener un territorio propio? ¿No es cierto que la declaración será algo simbólico que, en la práctica, puede obstaculizar un acuerdo definitivo con Israel? Y, finalmente, ¿cómo se puede estar en guerra y, sin ganarla, pretender trazar tus propias fronteras?

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  2. 1. Tienes razón. Añadido.

    2. Sí, es cierto, pero ahora no tienen ni una cosa ni la otra (ni siquiera, por poner un ejemplo, el control del agua). Supongo que la idea es pensar que por algo se empieza. De todos modos, la resolución no es, al menos en teoría, un final, sino un principio.

    3. Sinceramente, no lo sé. Israel lleva ya bastante tiempo apostando por que las cosas se queden más o menos como están. Al menos ahora puede verse obligado a mover ficha, que es lo que han hecho los palestinos (acertada o equivocadamente). Mi opinión personal, de todos modos, es que, efectivamente, no parece una iniciativa muy práctica. Ni ésta ni, en general, la solución de dos Estados. Justo ayer leí un interesante artículo de Edward Said al respecto, escrito hace años, ante un momento semejante. Me parece una reflexión que sigue siendo necesaria. También hay otra reflexión posible: Práctica o no, ¿se trata de una reclamación justa? Y una más aún: ¿No es un poco significativo el número de países que la apoyan, frente a los que no, por mucho que EE UU sea uno de los que se oponen?

    4. Las fronteras ya están trazadas. Lo hizo la ONU hace ya muchos años, y lo ha reiterado en numerosas resoluciones. En todo caso, uno puede pretender lo que quiera. Otra cosa es que le dejen.

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