El incierto futuro de Al Qaeda

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Primera página de un periódico de Nueva Delhi, India, con información sobre la muerte de Bin Laden. Foto: Annidito Mukherjee / Efe

Primera página de un periódico de Nueva Delhi, India, con información sobre la muerte de Bin Laden. Foto: Annidito Mukherjee / Efe

Escrito para 20minutos.es

¿Qué va a ser de Al Qaeda tras la muerte de Bin Laden? ¿Quién va a sucederle? ¿Siguen constituyendo la organización terrorista y sus grupos afiliados y satélites una amenaza, o se irá diluyendo poco a poco su capacidad de agresión? ¿Cómo está estructurada y dónde opera? ¿Cómo le han afectado las revueltas populares en el mundo árabe?

Al Qaeda se convirtió en el gran enemigo de Occidente tras matar a cerca de 3.000 personas en Nueva York y Washington el 11-S, afianzó su influencia organizando e inspirando brutales atentados como los de Madrid, Londres, Bali y tantos otros; apoyó a los talibanes en Afganistán y ayudó a avivar el infierno de la violencia tras la invasión de Irak.

Ahora, sin su líder, amenazada por el impacto de las revoluciones en Oriente Medio y el Magreb, y fraccionada, la red terrorista podría estar ante el principio de su ocaso.

Osama: de líder a icono

Cuando los comandos de élite de la Marina de EE UU ejecutaron a Osama bin Laden la noche del pasado domingo en Pakistán, eliminaron más un símbolo que a un líder real.

Bin Laden seguía siendo el jefe de Al Qaeda, pero su papel como dirigente activo de la organización terrorista había ido disminuyendo considerablemente en los últimos años. Y una de las principales razones es la evolución que ha experimentado la propia organización: A lo largo de la última década, Al Qaeda ha dejado de ser una estructura centralizada para convertirse en un movimiento de referencia, una especie de franquicia, bajo cuyo paraguas operan diversos grupos yihadistas que, a menudo, tienen poca o ninguna conexión con “la base” y no responden a una estrategia dirigida desde la cúpula. La mayoría de los movimientos integristas relacionados con Al Qaeda circunscriben su ámbito de acción a sus propios países.

Y, sin embargo, la mera existencia de Bin Laden (los mensajes en vídeo o audio que lanzaba de vez en cuando, su valor como icono) aún lograba tener un cierto efecto aglutinador, capaz de anteponer un discurso de unidad (Occidente como enemigo común, apropiación de la causa palestina) a las muchas diferencias, ideológicas y de objetivos, existentes entre las distintas facciones del fanatismo islamista.

Ahora que Bin Laden no está, es fácil pensar que volverá a imponerse la dispersión que caracteriza el mundo del yihadismo. A fin de cuentas, fue el propio Bin Laden quien defendió siempre un terrorismo con “muchos focos”.

Relegada: el efecto de las revueltas árabes

Pero el mayor golpe para Al Qaeda puede que no haya sido la muerte de su líder, sino algo con lo que no contaba la organización terrorista: Las revueltas populares en el mundo árabe.

Al Qaeda nació con un gran objetivo a largo plazo (la instauración de un nuevo y “puro” califato islámico) y varios a corto plazo. Entre estos últimos, además de la expulsión de “los cruzados” de las tierras musulmanas, de la eliminación de la “entidad sionista” y de derrocar a la Casa de Saud (la monarquía saudí), había uno fundamental: Acabar con los regímenes “inaceptables” existentes en el mundo árabe. Y estos regímenes son las mismas dictaduras (Egipto, principalmente) a las que se están enfrentando ahora o se han enfrentado ya unos levantamientos populares que nada tienen que ver con Al Qaeda, y que han dejado a la organización relegada a un segundo plano, en un papel de mero espectador.

En este sentido, Al Qaeda podría estar perdiendo la partida incluso en el caso de que las protestas acaben favoreciendo a grupos islamistas más radicales, pero no yihadistas (como los Hermanos Musulmanes), y especialmente si quienes al final ganan más fuerza son, como en Turquía, los islamistas más moderados.

Porque, si bien es cierto que el yihadismo está intentando sacar partido y tomar posiciones de cara al futuro, también lo es que, por un lado, se trata de un movimiento muy desunido, y que, por otro, esta supuesta “oportunidad de oro” no cuenta, de momento, con el suficiente respaldo entre la población, pese a los temores de algunos en Occidente.

La agenda: del objetivo global a la realidad local

Con todo, la organización fundada por Bin Laden en 1988 sigue teniendo una gran influencia, y sus tentáculos mantienen una importante estructura operativa en lugares como el Magreb (el reciente atentado de Marrakech, los secuestros de extranjeros), Irak (el pasado jueves, un coche bomba conducido por un suicida causó más de una veintena de muertos en la ciudad de Hila), y el Cuerno de África (Somalia, especialmente). Pero, con la excepción de Yemen, uno de los principales santuarios de la organización, los objetivos en la mayoría de estos casos son esencialmente locales y con poco interés en la agenda mundial diseñada por Bin Laden.

Es posible que la figura de un Osama convertido en “mártir” y las temidas represalias por su muerte devuelvan notoriedad a Al Qaeda durante un tiempo, pero está por ver si el efecto será suficiente como para que la organización recupere el papel que tenía hace años.

Al Qaeda ha ido perdiendo apoyo popular en los países musulmanes y muchos expertos ponen también en cuestión su actual capacidad operativa a gran escala: Aunque ha habido varios intentos frustrados, desde los ataques de 2005 en Londres Al Qaeda no ha logrado perpetrar con éxito ningún otro gran atentado en Occidente.

La cúpula: quién es quién

  • El (probable) sucesor. La muerte de Bin Laden coloca a su lugarteniente, Ayman al Zawahiri, como primer candidato para liderar Al Qaeda. Al Zawahiri, un cirujano egipcio de 60 años de edad, es considerado la mano derecha de Bin Laden, y uno de los principales responsables de las peores masacres de la organización terrorista. Tras la muerte en 1997 de Abdulah Azzam, mentor religioso de Bin Laden, Al Zawahiri se convirtió en el ideólogo del grupo y se trasladó a los campamentos de adiestramiento de Al Qaeda en Afganistán. Un año después, fue uno de los firmantes de la fatua (edicto) de Bin Laden, en la que se ordenaba atacar los intereses de EE UU en todo el mundo. Tras múltiples especulaciones sobre su muerte o su precario estado de salud, Al Zawahiri reapareció en una serie de vídeos y grabaciones sonoras, a menudo junto al propio Bin Laden, y con mayor frecuencia desde 2004. El gobierno de EE UU ofrece una recompensa de 25 millones de dólares por su captura.
  • Los instructores. El ex coronel del ejército egipcio Saif al Adel (nacido en 1963) fue jefe de seguridad de Bin Laden y ha impartido entrenamiento en campos de Al Qaeda en Afganistán, al igual que el también egipcio, y de la misma edad, Abu Mohamed al Masri (alias Abdullah Ahmed Abdullah). EE UU vincula a ambos con los atentados contra dos embajadas estadounidenses en África en 1998 y ofrece por la captura de cada uno de ellos 5 millones de dólares.
  • El ‘químico’. El egipcio Abdel Aziz al Masri (alias de Ali Sayyid Muhamed Mustafa al Bakri, nacido en 1966), es miembro de la shura (consejo dirigente) de Al Qaeda y un estrecho colaborador de Al Zawahiri. Es un experto en explosivos y armas químicas. EE UU ofrece 5 millones de dólares por él.
  • El teólogo. Se cree que Abu Yahya al Libi, también conocido como Hasan Qayid y como Yunis al Sahrawi, fue miembro del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL) antes de aliarse con Bin Laden. Desde entonces, se ha convertido en el principal teólogo de Al Qaeda y, en los últimos años, ha superado a Al Zawahri en su aparición en los vídeos de la organización, donde suele mostrar una imagen de erudito. Fue nombrado comandante de Al Qaeda en Afganistán.

Los militantes: cada vez menos

Según expertos consultados recientemente por la BBC, el núcleo central de Al Qaeda en este momento no dispondría de más de un millarde militantes propios, o ‘fijos’. En la Península Arábiga la organización tendría “unos centenares” de miembros, los mismos que en el Magreb.

Por otra parte, tras verse obligada a reubicarse en zonas tribales al noroeste de Pakistán, Al Qaeda ha visto bastante reducidas sus infraestructuras en esta zona.

No obstante, la estructura organizativa de la red, basada en células independientes de militantes y en redes de contactos clandestinos, hace difícil calcular el número real de sus integrantes.

Las ramas: tres grandes filiales

Actualmente, Al Qaeda, cuyo grupo principal (la central) se encuentra en las montañas del noroeste de Pakistán, cuenta con tres grandes filiales en el mundo, concretamente, en la Península Arábiga, Irak y el Norte de África:

  • Península Arábiga. Las células de Al Qaeda en Yemen y Arabia Saudí se reconvirtieron en 2009 con el nombre de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), con sede en Yemen, después de tres años de operaciones antiterroristas en Arabia Saudí. Su líder es el yemení Nasser al Wahayshi, un antiguo estrecho colaborador de Bin Laden. El Gobierno de Yemen calcula en 300 el número de milicianos de AQPA en este país. Un año antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Al Qaeda cometió, en octubre de 2000, el atentado contra el destructor estadounidense USS Cole en el puerto yemení de Adén, que causó la muerte de 17 marinos. AQPA cperpetró varios atentados en Yemen a lo largo de 2010, y el pasado mes de noviembre anunció su intención de atentar a pequeña escala contra intereses estadounidenses.
  • Magreb. Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), liderada por el argelino Abdelmalek Droukdel, surgió en enero de 2007 por iniciativa de los combatientes del desaparecido Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), que habían luchado contra las autoridades argelinas hasta que a finales de 2006 decidieron aliarse a Al Qaeda. AQMI logró notoriedad con una serie de atentados contra el Gobierno y las fuerzas de seguridad de Argelia y contra la oficina de Naciones Unidas en Argel, en 2007. Sus ataques han decaído desde 2008 gracias a las operaciones de las fuerzas de seguridad de Argelia. Los expertos creen que cuenta con unos pocos cientos de combatientes, que operan en la vasta región desértica del noreste de Mauritania y el norte de Malí y Níger. En la actualidad, se centra en secuestros de occidentales.
  • Irak. El grupo de Al Qaeda en Irak fue fundado en octubre de 2004 por iniciativa del jordano Abu Musab al Zarqawi. Tras su muerte en 2006, la dirección fue asumida por el egipcio Abu Ayyab al Masri. En octubre de ese año, el Consejo Muyahidin de la Shura, dependiente de Al Qaeda, estableció el Estado Islámico de Irak, una organización que abarca a los diversos grupos armados y a los líderes tribales suníes, bajo la dirección de Abu Omar al Baghdadi. Desde 2007, Al Qaeda ha reducido el número de atentados en Irak, pero sus acciones se han vuelto más mortales. El 18 de abril de 2010, Al Masri y Al Baghdadi murieron en el curso de un ataque conjunto de las fuerzas estadounidenses e iraquíes al noreste de Bagdad. Un mes más tarde, Al Qaeda de Irak designó como o “califa”, o “emir”, en este país a Abu Baker al Baghdadi.

Los ‘afiliados’: un mosaico integrista

Entre los movimientos integristas que, en mayor o menor medida, se consideran vinculados a Al Qaeda se encuentran el grupo filipino Abu Sayyaf, Jemaah Islamiya (Indonesia), organizaciones como Asbat Al Ansar y Ansar Al Islam, el Grupo Combatiente Tunecino, el GIA argelino, el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), el Ejército Islámico de Adén, las Brigadas Islámicas Internacionales, el Movimiento Islámico de Uzbekistán, y Lashkar i Jhangvi (Pakistán).

El dinero: ¿se cierra el grifo?

La muerte de Bin Laden puede reducir drásticamente el flujo de donaciones que realizaban hasta ahora a Al Qaeda los contactos personales del líder terrorista. Este dinero es una de las principales fuentes de financiación de la organización, junto con los robos de tarjetas de crédito, los secuestros de occidentales (sobre todo en el Magreb) y la ‘microfinanciación’ que consigue, generalmente mediante extorsión, a través de contribuciones de la población en las zonas donde opera.

Las armas: un arsenal ideológico

Al Qaeda dispone de un importante arsenal, incluyendo explosivos, armas cortas y largas, y misiles tierra-aire, y posee campos de entrenamiento en Pakistán, Yemen, Somalia y el norte de África. Pero su punto fuerte no son las armas. Al Qaeda no puede considerarse una fuerza armada covencional, a la altura de un ejército. Su fuerza es ideológica, y, en este sentido, depende de la captación de voluntarios que lleven a cabo los atentados, a menudo de carácter suicida, y de la capacidad, muy mermada en los últimos años, para sortear los sistemas de seguridad de sus objetivos.

La historia: algunas fechas clave

  • 1988. Osama bin Laden funda Al Qaeda tras la invasión soviética de Afganistán. Bin Laden había contruido una “casa de huéspedes” para sus reclutas en Peshawar (Pakistán) y, tras la retirada soviética, conservó los registros de quienes pasaban por su “casa” y por sus campos militares, con el fin de seguir la pista de los combatientes y dar respuesta a sus familias. Esta red, el origen de Al Qaeda, se conoció como “La Base” (Al Qaeda, en árabe), en referencia al registro de los datos de los muyahidines.
  • 1990. Al Qaeda aflora en el contexto internacional tras el despliegue estadounidense en Arabia Saudí por la Guerra del Golfo. Más adelante, participará en la lucha de los talibanes en Afganistán y en la expansión de las guerrillas islámicas en las ex repúblicas soviéticas.
  • Años noventa. EE UU atribuye a Al Qaeda un primer atentado contra las Torres Gemelas (6 muertos) en febrero de 1993. Después, el derribo de dos helicópteros estadounidenses en Somalia en octubre de ese mismo año, y, más adelante , el ataque en 1995 contra el edificio de la Guardia Nacional saudí en Riad (7 muertos), y el de 1996, con 19 soldados estadounidenses muertos en Dahrán. Tras ser expulsado Bin Laden de Arabia Saudí, la red traslada su sede a Jartum (Sudán) hasta 1996. EE UU ataca por primera vez las bases de Al Qaeda en Sudán y en Afganistán en agosto de 1998, en represalia por los atentados del 7 de agosto anterior contra sus embajadas en Kenia y Tanzania (241 muertos).
  • 2001. Tras los ataques del 11-S en EE UU, con casi 3.000 muertos, se bloquean cuentas bancarias vinculadas a Al Qaeda (más de 112 millones de dólares) y se practican más de 2.000 detenciones en varios países europeos (España, Francia, Alemania), árabes y asiáticos, especialmente en Pakistán, donde se refugiaron líderes huidos de Afganistán. En octubre, EE UU inicia la “Operación Libertad Duradera“, que destruye las bases afganas de Al Qaeda y acaba con el régimen talibán que las cobijaba.
  • 2002. El 12 de octubre, un atentado de Yemah Islamiya (brazo de Al Qaeda en el sureste asiático) causa 202 muertos, la mayoría turistas, en Bali (Indonesia).
  • 2004. El 11 de marzo, diez explosiones en cuatro trenes de cercanías de Madrid causan 191 muertos y 1.841 heridos. Un informe del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos asegura que la invasión de Irak (2003) ha impulsado el reclutamiento por parte de Al Qaeda, que cuenta entonces con unos 18.000 militantes. Bin Laden irrumpe en la campaña electoral de EE UU con una carta al pueblo estadounidense, en la que asume los atentados del 11-S.
  • 2005. Cuatro explosiones -tres en el metro y una en un autobús- causan 56 muertos (incluidos los cuatro terroristas) y 700 heridos en Londres. Días después, el 23 de julio, una serie de atentados en la ciudad turística egipcia de Sharm el Sheij causan 64 muertos y cien heridos.

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